De ChatGPT al robot de Musk: la IA sale de los despachos para lanzarse a los trabajos manuales

Elon Musk, director ejecutivo de SpaceX y xAI, habla en el Foro Económico Mundial, en Davos.

Si algo ha dejado patente la inteligencia artificial (IA) es la velocidad a la que puede transformar los procesos laborales. El 30 de noviembre de 2022 se lanzaba en abierto ChatGPT, un chatbot basado en IA que cualquiera podía usar gratuitamente en internet. Cuatro años después, el Informe sobre el futuro del empleo 2025, publicado por el World Economic Forum, ya señala que un 41% de las empresas planean reducir su plantilla a medida que incorporan nuevas funcionalidades con este tipo de herramientas IA. Los más expuestos a ella suelen ser los trabajadores junior y otros empleados dentro del ámbito white collar (cuello blanco), un anglicismo que hace referencia a las personas que desempeñan labores administrativas o de oficina. En cambio, los trabajos manuales como los que realizan operarios o quienes trabajan en logística o industria (denominados como blue collar o de cuello azul) parecían más a resguardo de la tormenta. ¿Hasta ahora?

En el Foro de Davos, que finalizó el pasado 23 de enero, Elon Musk, dueño de Tesla y de la red social X, anunció que su empresa comenzará a enfocarse más en la fabricación de robots humanoides y menos en producir vehículos eléctricos. El giro estratégico en su modelo de negocio pasa por dejar de producir dos tipos de automóvil que tenían bajos niveles de ventas (Model S y Model X) para invertir 16.700 millones de euros en la producción de un robot de nombre Optimus. La idea de Musk es, tal como explicó en Davos, “desarrollar y desplegar productos y servicios de IA en el mundo físico”. En la propia web de la compañía señalan que su intención es “crear un robot humanoide autónomo de uso general y bípedo, capaz de realizar tareas peligrosas, repetitivas o aburridas”. La idea, señalaba Musk en Davos, es que en unos años haya más robots que personas. Un avance que no es necesariamente negativo, pero que supone un desafío más para la organización del trabajo. 

No habrá un reemplazo de este tipo de trabajos a corto plazo porque, además, esa complejidad tecnológica es mucho más cara que pagar un salario.

“En mi opinión, el anuncio de Musk es un globo sonda, una forma de generar debate en torno a un tema y explorar posibilidades. Pero el nivel de tecnología que requiere replicar la motricidad fina que debe tener una máquina para sustituir a un camarero que sirve en un bar en hora punta es algo que aún está lejos”, explica Javier Lorente, economista y profesor de EAE Business School. “No habrá un reemplazo de este tipo de trabajos a corto plazo porque, además, esa complejidad tecnológica es mucho más cara que pagar un salario”, señala. Por otra parte, el experto señala que el robot anunciado por Tesla no es un producto terminado y aún requiere respaldo humano. 

Lorente, que es autor del libro Nosotros, digitales. Manual para sobrevivir a la hiperconectividad (Erasmus, 2026), afirma que habrá tareas que se automaticen, aunque por el momento están funcionando más como un complemento a la actividad humana que como un sustituto. 

El debate está en la IA, no en los robots

Un robot con forma humana alimenta cierto imaginario de ciencia ficción, pero impacta –bromea el profesor–, de la misma manera que lo pudo hacer una cosechadora de grano en su momento. Sin embargo, el debate de fondo sigue estando en la inteligencia artificial, más allá de la forma en que esta se manifieste y en los cambios estructurales que se deban introducir a la larga. 

“Lo más preocupante para un sistema donde la creación de valor ha sido históricamente humana (a través del trabajo) es que los cambios lleguen de golpe”, explica Lorente. De ahí que varios informes estén insistiendo en una regulación más estricta sobre procesos de IA en el trabajo y en la integración de los trabajadores en la gestión, sobre todo cuando intervienen algoritmos opacos.

Un análisis encargado por el Ministerio de Trabajo que repasa los procesos de gobernanza democrática en el ámbito laboral reserva un apartado para hablar sobre tecnologías de inteligencia artificial. Define la gestión algorítmica como un “punto ciego democrático” en la gobernanza empresarial y apunta a un “cambio estructural en el empleo” más allá de la mera automatización de tareas.

Si bien el impacto aún es difícil de ponderar, hay algunos indicios. La coletilla de “automatización de procesos” o “implantación de la inteligencia artificial” empieza a repetirse y a aparecer como una causa para algunos expedientes de regulación de empleo. Le pasó a Amazon, a la tecnológica estadounidense HP y también, más recientemente, a Telefónica, que apoyaba el ERE en justificaciones técnicas como la “automatización de procesos” o “implantación de la inteligencia artificial”. En países como Estados Unidos, con una mayor implantación de IA en las empresas, varios estudios señalan que la contratación de personal junior puede estar contrayéndose o frenándose por las expectativas que crea la aplicación de IA en ámbitos como la consultoría.  

"Automatización" o "integración de IA" como causa de despido: ¿está ya la IA recortando empleo?

"Automatización" o "integración de IA" como causa de despido: ¿está ya la IA recortando empleo?

En el informe del Ministerio de Trabajo explican que los temores a un desempleo generalizado son “infundados”, pero pone el foco en la necesidad de controlar la gestión que se hace de esta tecnología. “Las herramientas de gestión algorítmica vigilan a los trabajadores, recopilan datos íntimos a una escala sin precedentes y permiten un grado de control hasta ahora inimaginable. El taylorismo se ha convertido finalmente en algo técnicamente factible”, señala el documento.

También insiste en que, además del impacto en el número de empleos, el mayor desafío está en los mecanismos de control que requiere esta nueva realidad en el ámbito de los derechos laborales. “Desde esta perspectiva, la IA no solo supone un reto para la cantidad de puestos de trabajo, sino, lo que es más importante, para la calidad de los mismos”, recoge el documento. 

Explorar las posibilidades sociales que pueden dibujarse a futuro es, aún, un ejercicio prospectivo, pero cada vez más necesario. “El problema de fondo en esto, aunque ahora suene un poco distópico, es qué hacer con la gente que genera valor con su trabajo y cobra por ello, si dejan de tener una ocupación”, apunta el profesor. Aquí, explica, se abren posibilidades que supondrían “revisar nuestro contrato social”, como una renta básica universal o un sistema impositivo que grave la producción de estos robots.

Más sobre este tema
stats