POLÉMICO CÓDIGO DE VESTUARIO

Pedro J. no podría trabajar en Cap Gemini

Pedro J. no podría trabajar en Cap Gemini

Pedro J. Ramírez no podría trabajar en Cap Gemini. A no ser que, ya liberado de sus obligaciones contractuales con la editora de El Mundo, decidiera cambiar también de forma de vestir. Sus camisas bicolores multirrayas con cuellos blancos incumplirían el código de vestimenta que la multinacional francesa de la consultoría y la informática aplica a sus 4.623 trabajadores en España, ahora ampliado y detallado. La sorpresa y el malestar de la plantilla la han expresado sus representantes sindicales, que se han apresurado a consultar con abogados la legalidad de la medida y de las posibles sanciones por no cumplirla.

Poco antes de las navidades, los empleados de Cap Gemini se encontraron en sus correos electrónicos una guía de vestimenta con nuevas indicaciones sobre la ropa que deben ponerse, dependiendo de si trabajan de cara al público o no, y con una lista de “prendas no permitidas”. También especifica lo que se considera un atuendo business –para quienes tienen relaciones con clientes– y business casual –para quienes no se relacionan con terceros–. El primero se compone de traje de vestir –con falda o pantalón–, camisa y corbata –para los hombres–. El segundo, camisa de “un solo color, sin letras ni dibujos”, metida “dentro del pantalón”, jersey “de vestir” y pantalón “de pinzas, tipo chino o similar”. Quedan prohibidos los vaqueros.

Tanto CCOO como CGT atribuyen la insistencia en el código de vestimenta al nuevo consejero delegado de la división española. El portugués Paulo Morgado fue nombrado el pasado mes de julio, tras 10 años al frente de la empresa en el país vecino. Un portavoz de Cap Gemini desvincula ambos hechos y asegura que no es un código nuevo, sino que existe desde hace una decena de años y la empresa se ha limitado ahora a “recordárselo” a los trabajadores. “Somos una compañía con mucha exposición ante los clientes”, justifica la necesidad de la guía, que sólo reproduce, añade, el “estándar del sector”.

infoLibre ha preguntado en otras multinacionales de consultoría. Un portavoz de Accenture niega que “la empresa tenga por escrito” cómo deben vestir sus empleados. Rige “el sentido común”: “Sí, vestimos de traje de chaqueta y corbata, y los viernes venimos más casual”. “Esto no es Google”, advierte, en referencia a la informalidad en el vestir de la que hace gala el buscador y que ya forma parte de la idiosincrasia de las empresas tecnológicas, no sólo en el Silicon Valley californiano. En parecidos términos se explica el portavoz de PricewaterhouseCoopers: el sentido común dicta traje y corbata de lunes a jueves, y sin corbata los viernes. Sin más detalle.

Prohibidas las mechas llamativas, ropa interior sintética

De todas maneras, no siempre es así. La filial de PricewaterhouseCoopers en México tiene dos códigos de vestimenta, uno para hombres y otro para mujeres, cada uno de ellos con 20 páginas y abundantes fotografías. Es muy exhaustivo. Especifica los colores que deben tener los trajes, las camisas –tonos pastel para las mujeres; blanca, o azul, para los hombres– los zapatos, los cinturones –a juego con el calzado–, los calcetines –hasta la mitad de la pantorrilla–… También dicta que la suela de los zapatos debe ser “de cuero, no de goma” y con un tacón para las mujeres de cinco centímetros. Éstas no pueden llevar más de tres joyas, si se tiñen el pelo debe ser “en tonos discretos de acuerdo con la tez, evitando las mechas llamativas”. Desaconseja llevar ropa de poliéster o de fibra sintética para no “transpirar”. A los hombres se les obliga a usar como ropa interior “una camiseta blanca de algodón con cuello redondo”. La guía dedica una página entera al uso correcto de la corbata: nunca debe llegar más abajo de la cintura, la parte estrecha no debe sobrepasar por detrás el extremo ancho, están prohibidos los nudos grandes, las camisas de rayas deben combinarse con corbatas lisas… Los alfileres de corbata están prohibidos. “Cuanto menos joyería use un hombre, más masculino y elegante se verá”.

Claro que aún queda lejos del código impuesto por el banco suizo UBS a sus empleados en 2010 y que llegó a ocupar titulares hasta en The Wall Street Journal por su minuciosidad… y extravagancia. La entidad es una de las habituales en las investigaciones por blanqueo de capitales, fraude fiscal y manipulación de índices y divisas. Además, tuvo que ser rescatada por el Gobierno suizo en 2008 por culpa de sus cuantiosas pérdidas en la crisis de las hipotecas subprime. Durante la crisis ha despedido a más de 10.000 trabajadores.

Pues bien, UBS decidió ocuparse hasta el último detalle –44 páginas– de cómo debían vestirse sus 60.000 empleados. Las mujeres estaban obligadas a utilizar “ropa interior de color carne”, y de fibras sintéticas, porque “el algodón se arruga”. “El superior jerárquico dirá al empleado si es mejor afeitarse en seco o al agua. Las empleadas no pueden ponerse faldas que se suban al caminar. Las americanas deben cubrir completamente el trasero de los hombres, a quienes sólo se permite llevar tres joyas. Las mujeres, un máximo de siete. Pocos días después de su publicación, UBS tuvo que revisar el código para hacer frente a las críticas.

Sanciones

Enrique Lillo, responsable del gabinete jurídico de CCOO, considera que estos códigos de vestuario pueden vulnerar el derecho a la propia imagen del trabajador. Y asegura que su incumplimiento sólo es sancionable si así lo recoge el convenio colectivo de la empresa. Lo que no ocurre en el caso de Cap Gemini, que se rige por el convenio estatal de consultorías. Éste sólo establece sanciones por “falta de aseo y limpieza personal”. Pero en los contratos que firman los empleados al entrar en la empresa sí que aceptan “cumplir las normas comunicadas en la intranet”, como es el caso de la guía de vestimenta. Fuentes de la sección sindical de CGT explican que han denunciado esas claúsulas: “Algunas vulneran la Ley de Protección de Datos”. También aseguran que los tribunales se han pronunciado tanto a favor como en contra de la legalidad de estos códigos. CCOO ha acudido a sus servicios jurídicos para que le asesoren al respecto.

En cualquier caso, el portavoz de Cap Gemini deja claro que, si no se cumplen las normas de vestuario, se iniciarán los “procedimientos” a que hubiere lugar. Según CGT, en algunas reuniones los superiores ya han anunciado que el incumplimiento del código acarreará “amonestaciones verbales” y “si se reincide, sanciones”. La guía especifica que podrán solicitarse “adaptaciones de la norma de vestimenta, de forma individual o colectiva” para “situaciones especiales”, pero éstas deberán ser aprobadas por el propio consejero delegado, Paulo Morgado. Sueldos congelados, cinco ERE, 63 millones de pérdidas

Las secciones sindicales han recibido numerosas consultas de los empleados. En qué consiste el concepto de business casual o si se pueden llevar forros polares los viernes. “Antes se podía vestir vaqueros y no pasaba nada”, explica un trabajador de Cap Gemini preguntado por este periódico, que durante sus 10 años en la empresa nunca ha recibido indicación alguna sobre cómo vestir ni conocía la existencia del código. Otra empleada confiesa que ya ha desempolvado vestidos y trajes que no usa para arreglárselos y recuperarlos este año. Porque con el sueldo congelado desde 2009, la nómina no le da para más.

Tanto CCOO como CGT coinciden en que la forma de vestir de la plantilla debería ser la última de las preocupaciones de una empresa que ha perdido 63,3 millones de euros desde 2009 y ha ejecutado cinco Expedientes de Regulación de Empleo (ERE) desde 2002 –más de 1.000 despidos–. El último, iniciado en abril de 2013 y cerrado para 231 trabajadores sin el acuerdo de los sindicatos, se encuentra pendiente del recurso de éstos ante el Tribunal Supremo. CGT teme que Morgado aplique en España la misma política que en Portugal, donde recortó en un tercio la plantilla. “En Cap Gemini llevan años despidiendo a cientos de trabajadores con antigüedad y sustituyéndolos por otros más baratos”, destacan fuentes de la sección sindical, en un proceso de “precarización” común a todo el sector de la consultoría informática. Mientras, protestan, “la empresa sigue repartiendo bonusbonus por cumplir objetivos, pese a las pérdidas, que superan los cuatro millones de euros”.

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