VIOLENCIA MACHISTA
Julio Iglesias o el trabajo doméstico como puerta de entrada a la explotación y la violencia sexual
Ella tenía 22 años cuando comenzaron las agresiones sexuales, las humillaciones y el abuso de poder. El presunto agresor, tenía 77 y un prestigio de alcance internacional. Ella era una de sus empleadas domésticas. Las mismas dinámicas han sido también denunciadas por otra de sus trabajadoras, esta vez una fisioterapeuta. Ambas señalan al cantante español Julio Iglesias como supuesto autor de una serie de abusos laborales y agresiones sexuales que dieron comienzo hace cinco años y que se produjeron en sus mansiones de República Dominicana y Bahamas, donde trabajaban como internas, según la investigación publicada este martes por elDiario.es.
"Yo era una chica de barrio, ignorante, por decirlo así", recuerda uno de los testimonios recogido por el periódico. "Él abusó de mi inocencia", añade. La investigación recalca que cuando las jóvenes entraban al servicio del cantante en República Dominicana, no contaban con un contrato laboral formalizado por escrito y algunas de ellas tenían que soportar jornadas maratonianas de hasta dieciséis horas diarias. La segunda de las víctimas, la fisioterapeuta personal del músico, pertenecía al grupo de empleadas a las que llamaban "señoritas" y que contaban con más estatus que las empleadas domésticas.
Los testimonios recogidos por la investigación periodística dibujan un clima de desigualdad y abuso una vez las trabajadoras cruzaban la puerta de las mansiones. El artista presentaba la oferta laboral como una suerte de gran oportunidad para las mujeres de las que luego abusaría. Nada más lejos de la realidad: ambas describen un ambiente hostil marcado por el control, las humillaciones y el abuso de poder por parte del artista español, una situación que derivaría en episodios de violencia sexual reiterados.
Puerta de entrada a la violencia
El Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) establece un marco de garantías y derechos dirigidos a las trabajadoras del hogar, mientras que el Convenio 190 sitúa la violencia y el acoso en el mundo del trabajo como una violación de los derechos humanos. República Dominicana ratificó en el año 2015 el Convenio 189, pero no se ha sumado al 190. En el caso de Bahamas sucede a la inversa: únicamente ha suscrito el compromiso relativo a la violencia en la esfera laboral. España ha firmado los dos.
La entidad internacional menciona cuestiones como la privacidad del hogar, los altos niveles de informalidad y la precariedad como elementos de riesgo para las trabajadoras domésticas. Las empleadas del hogar "constituyen uno de los grupos más vulnerables a la explotación, la violencia, el acoso y el trabajo forzoso", analiza la organización, debido a sus condiciones de trabajo, a tener que desempeñar sus labores en un "contexto aislado y sin presencia de terceros", lo que las convierte en personas "particularmente vulnerables a la violencia y al acoso en el trabajo".
Según la OIT, existen en torno a 75,6 millones de trabajadoras domésticas en todo el mundo, en su mayoría mujeres y migrantes. "Con frecuencia son víctimas de varias formas de violencia y acoso, explotación y coacción, en particular abuso verbal y violencia sexual", siendo aquellas que trabajan en régimen interno y viven con sus empleadores "especialmente vulnerables".
Un contexto que no resulta extraño para quienes ponen la lupa sobre las dinámicas del sector. En el año 2024, el informe Violencias sexuales en las mujeres migrantes trabajadoras del hogar y los cuidados, elaborado por la Asociación Por ti Mujer, ofrecía una aproximación al problema.
Según la encuesta, el 52,1% de las mujeres migrantes trabajadoras del hogar y los cuidados afirmaron haberse sentido víctimas de acoso o violencia sexual en el trabajo. Y del 6% que expresa dudas, la mitad terminó reconociendo situaciones violentas en las experiencias compartidas posteriormente en preguntas abiertas. En este último punto se detienen las autoras del informe: en muchos casos, las mujeres migrantes que sufren violencia sexual en contextos laborales no la identifican como tal cuando se trata de conductas como acoso verbal, insinuaciones o tocamientos, por lo que puede existir una infrarrepresentación de estas formas de violencia.
"Yo sabía que algo estaba mal, pero no sabía qué tanto era. Sabía que me estaban usando, que estaba cansada, que no dormía, que no quería. Yo sabía eso", comparte una de las víctimas de Julio Iglesias, quien decía sentirse como "una esclava en pleno siglo XXI". "Tu cuerpo sabe que eso no está bien, pero tu mente empieza a normalizarlo", añade una segunda.
El mismo informe recoge experiencias de mujeres que narran comentarios humillantes, denigrantes e insultantes (55%), pero también comentarios vulgares (34%) y propuestas de naturaleza sexual (32%). "¿Vienes a mi habitación en la noche?", preguntó Julio Iglesias a otra de sus empleadas. Ella contestó afirmativamente, sin que se le pasara por la cabeza que acabaría siendo víctima de una agresión sexual. Aunque intentó evitar el encuentro, afirma que fue imposible. A partir de ese momento, su empleador la reclamaría prácticamente todas las noches.
Miedo, vergüenza y poder
Muchas de las situaciones descritas "no se cuentan por miedo y vergüenza", concluyen las autoras del informe. El mismo análisis pone de manifiesto otra circunstancia relevante: la inmensa mayoría de las víctimas no denuncia. "Los datos recopilados en el marco de este informe evidencian niveles altísimos de infradenuncia", reseñan, "con la impunidad relacionada que ello implica". El 91% de las mujeres que dijeron sufrir violencia sexual en el trabajo, no denunciaron los hechos. Los motivos que aducen van desde la inseguridad (45%), hasta el miedo (33%), pasando por el desconocimiento (19%).
El informe Expresiones de racismo y violencia contra las trabajadoras del hogar y de cuidados, publicado en noviembre de 2025 por Sos Racismo, comparte el grueso de las conclusiones trazadas. Los testimonios recogidos por la organización evidencian que algunas trabajadoras del hogar no sólo se enfrentan a situaciones de estrés laboral, sino también de acoso y violencia sexual que "vulneran gravemente su integridad física y emocional".
Estas experiencias, añade el estudio, dejan secuelas profundas como "insomnio, miedo constante, ansiedad prolongada, pesadillas, caída del cabello y desconfianza hacia potenciales empleadores". En muchos casos, la única salida que encuentran consiste en abandonar "forzosamente el empleo, ante la ausencia de mecanismos institucionales de protección o canales seguros de denuncia".
Los relatos expuestos por la organización evidencian cómo "las relaciones laborales se entrelazan con dinámicas de poder, género y dependencia económica, situándolas en una posición de vulnerabilidad frente a las personas empleadores –en su mayoría hombres– que traspasan los límites de lo laboral hacia lo personal".
Una de las empleadas de Julio Iglesias era obligada a llevar a cabo prácticas sexuales revestidas con fines terapéuticos, para supuestamente paliar el dolor producido por la ciática que el cantante español padece desde hace años. Los testimonios recabados reconocen que pese al desconcierto inicial, el desequilibrio de poder las llevaba a ceder ante él. "Te sientes obligada a hacerlo", sostiene la fisioterapeuta, quien matiza que no sintió temor por su situación laboral. "Era algo que él te forzaba a hacer. Generaba como un poder en ti, de que tú lo tenías que hacer sí o sí".
Si en el caso descrito la desigualdad de poder no se manifestaba en el miedo a la pérdida de empleo, lo cierto es que este fenómeno sí es mencionado como una constante entre las víctimas. "Las entrevistas muestran cómo la irregularidad administrativa y la necesidad de mantener un empleo actúan como mecanismos de sujeción que perpetúan el abuso y dificultan la denuncia o la ruptura con situaciones violentas", subraya Sos Racismo.
Trata de personas
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El pasado 5 de enero, según confirman fuentes jurídicas, las víctimas presentaron una denuncia ante la Fiscalía de la Audiencia Nacional. Tal y como publica elDiario.es, la defensa de las extrabajadoras aprecia la existencia de un posible "delito de trata de seres humanos con fines de imposición de trabajo o servicios forzados y servidumbre con agravantes de grupo criminal y de peligro para la integridad de las denunciantes”.
En España, según la última Memoria de la Fiscalía, el 73% de las investigaciones referidas a trata de personas encajaban en 2024 en la categoría de explotación sexual y el 22% laboral. En total, fueron registrados 150 expedientes de seguimiento de causas por delito de trata.
Uno de los principales compromisos del Gobierno es, precisamente, la aprobación de una ley integral de trata que permanece enquistada desde que fuera aprobada en primera vuelta en el Consejo de Ministros en forma de anteproyecto en marzo de hace casi dos años.