'Groypers', el supremacismo juvenil que crece en EEUU al calor de Trump
Un síntoma inequívoco de las crisis sucesivas que atraviesa EEUU bajo el último mandato de Trump y de la incapacidad del líder republicano para darles una respuesta satisfactoria ha sido la radicalización de las derechas. Según un estudio elaborado por el centro de datos económicos Funcas, desde principios de 2025 Estados Unidos ha ido acumulando indicios de un fuerte deterioro de la actividad y de los mercados financieros y el dólar ha caído notablemente tras el anuncio de los nuevos aranceles a principios de abril. Esta coyuntura, sumada a un progresivo y brutal recorte de los derechos sociales durante esta legislatura, ha agravado los miedos ya presentes en la sociedad estadounidense.
En medio de este clima de inestabilidad estructural y ausencia de horizontes de futuro nítidos han aflorado, especialmente en el ecosistema online, movimientos de derecha alternativa o alt-right que pugnan por modelos de Estado puramente autoritarios y combativos con la derecha tradicional. Esta es percibida por muchos como impotente, inhábil a la hora de lograr verdaderas transformaciones socioeconómicas. Uno de estos grupos que han sido capaces de capitalizar, desde el populismo nacionalista, estas frustraciones son los groypers. Se trata de un movimiento no organizado de jóvenes supremacistas y neonazis que hoy goza de una extraordinaria popularidad entre la generación Z de extrema derecha desde que Donald Trump llegó a la Casa Blanca.
Trump siempre ha visto con buenos ojos estos grupos de exaltados; de hecho, durante sus dos mandatos ha obtenido provecho de su radicalización hacia posturas cada vez más ultras. En muchos casos, tanto groypers como otros agitadores del internet subterráneo son quienes, a través de discursos de odio bien camuflados, captan futuros votantes trumpistas. Por ese motivo, cuando llevan a cabo acciones violentas apenas reciben represalias. En otras palabras, le hacen el trabajo sucio al Partido Republicano y abonan el terreno para que cada vez más jóvenes acepten políticas escoradas hacia el autoritarismo.
Este coqueteo tan poco disimulado con los movimientos neofascistas se hizo patente con la participación en 2022 de dos congresistas republicanos, Marjorie Taylor Greene (Georgia) y Paul Gosar (Arizona), en un evento organizado por el fundador y líder de los groypers, Nick Fuentes. El streamer nacionalista cristiano también había participado un año antes en el asalto al Capitolio, episodio del que hoy se cumplen cinco años y en el que estuvieron envueltos desde simpatizantes neonazis hasta trolls de internet. Fuentes se había dedicado a difundir la idea de un posible fraude electoral en los comicios de 2020 y contribuyó a sembrar un caos que careció de consecuencias penales.
Un año después del fallido golpe de Estado, Fuentes cenaba con Trump en su residencia vacacional de Mar-a-Lago, en Florida, y ambos parecían tener una buena sintonía, a pesar de que el agitador siempre se había desmarcado de la órbita MAGA (Make America Great Again) y afirmaba no sentirse conforme con las medidas “poco derechistas” del republicano: para Fuentes –un hombre abiertamente antisemita, nativista, xenófobo y pronazi–, el Gobierno de EEUU pecaba de ser demasiado tibio (sobre todo en relación a sus políticas migratorias) y sus normas legislativas, excesivamente moderadas. El magnate, por su parte, dijo no conocer a Fuentes después de que se hicieran públicas declaraciones suyas negando el Holocausto. Años después de aquel encuentro, en 2024, los groypers llegaron a boicotear la CPAC (Conservative Political Action Conference), la conferencia política anual de líderes conservadores más importante de Estados Unidos, junto con otros “activistas” de corte neonazi.
Charlie Kirk y la lucha por el relato reaccionario
Lo que les catapultó a la popularidad en 2019 fue su antagonismo y posterior campaña de acoso contra el difunto activista conservador Charlie Kirk. De hecho, durante meses se especuló con la idea de que el asesino de Kirk fuera un groyper, aunque es algo que no ha podido ser confirmado. Kirk fundó la organización Turning Point USA (TPUSA) y durante años había estado recorriendo universidades e institutos de EEUU para convencer a los jóvenes de las bondades de sus ideas reaccionarias y neoliberales. Para Fuentes y sus secuaces de internet, Kirk representaba un enemigo a batir en la lucha por el relato, un relato que a su juicio debía moverse todavía más hacia la derecha. Existía ante todo una batalla titánica por captar la atención de una inmensa masa de jóvenes desorientados y ávidos de líderes de opinión. De ahí que pronto los groypers iniciaran lo que ellos mismos acuñaron bajo el término de “guerras groyper”, campañas basadas en frecuentar eventos conservadores para escrachearlos o simplemente ridiculizar a Kirk en las redes sociales.
La escena geopolítica, marcada por las constantes amenazas bélicas, también ha creado el caldo cultivo perfecto para que los groypers y otros grupos similares hayan podido infectar las conversaciones con recetas antisemitas, racistas y antiinmigración. Durante los dos años de genocidio israelí en la Franja de Gaza, que se ha saldado con más de 60.000 víctimas civiles, criticaron públicamente el apoyo militar al país hebreo, no por haber cometido atrocidades o por haber violado en incontables ocasiones el derecho internacional humanitario, sino por su antisemitismo intrínseco. Además, Fuentes se considera negacionista del Holocausto y admirador acérrimo de Hitler, como señala una reciente investigación del Network Contagion Research Institute. Quizás lo que explica su respaldo a las políticas nazis es lo mismo que le lleva a venerar a otros líderes totalitarios como Vladimir Putin o el régimen iraní: entre las filas groypers subsiste una profunda admiración hacia los autoritarismos, sea cual sea su ideología de base.
Los groypers han entendido a la perfección que la batalla cultural ya no se libra exclusivamente en los platós de televisión ni en los macroeventos. La nueva alt-righ no existiría si no existiera internet, un ecosistema en el que estos autodenominados ciberactivistas se sienten especialmente cómodos a la hora de esparcir descaradamente consignas reaccionarias y populistas con total impunidad. De hecho, el nombre del movimiento proviene del meme de una rana, una versión de Pepe the Frog que metaforiza el tipo de prácticas con las que el grupo consigue inocular su discurso entre la generación Z estadpunidense: difusión coordinada de tuits, hashtags, publicaciones y sobre todo memes disruptivos para disfrazar bajo un manto de humor e ironía auténticos discursos de odio, algo que se conoce como “irony poisoning”. En los últimos años han ganado músculo en redes muy desreguladas como X (en manos de tecnolíderes que comulgan con estos marcos supremacistas), YouTube, la aplicación de chat Discord y otras plataformas de conversación grupal.
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En una investigación llevada a cabo por el Institut for Strategic Dialogue se describe en buena parte el modus operandi de estos falsos ciberactivistas: “Las tácticas de Fuentes son burdas pero eficaces. Mientras el propietario de X, Elon Musk, y Trump hablaban en una entrevista en directo el mes pasado, el activista nacionalista blanco ordenó a miles de espectadores de una retransmisión simultánea en Rumble que publicaran frases específicas en X y alimentaran las publicaciones que él mismo hacía en su propio perfil. En otra ocasión, Fuentes señaló que estaba a punto de enviar una publicación contra la inmigración y proporcionó instrucciones explícitas a sus seguidores para que la inundaran con comentarios. Solo esa publicación recibió más de 52.000 interacciones”, destacan.
Otro ingrediente que explica su impunidad es la propia legislación estadounidense: a diferencia de Europa, donde los códigos penales acostumbran a ser mucho más estrictos en relación a los delitos de odio ya sea offline o a través de las redes sociales, en EEUU los agitadores suelen estar amparados por la libertad de expresión aunque sus discursos sean discriminatorios. Junto a ello, la propia naturaleza abierta de internet favorece el crecimiento de estos grupos, tal y como refiere el historiador e investigador postdoctoral sobre la alt-right en Estados Unidos Jaime Caro: “En internet todo el mundo puede opinar, puede escribir y ser escuchado. Antes, si tú querías ser escuchado, tenías que publicar en algún medio, es decir, necesitabas un intermediario, que si quería te podía censurar; ahora, con las redes sociales, tú puedes hacerlo directamente en Twitter, en Reddit, en 4chan, en cualquier foro, aunque lo que digas sea delictivo”, asegura a este medio. Sin este entorno propicio, la alt-right no habría logrado jamás el éxito del que goza actualmente.
El espacio digital ha propulsado estos años a otro gran exponente de la alt-right americana, NRX o Ilustración Oscura, que comparte numerosas similitudes con groypers. Entre ellas las posiciones contrarias a la igualdad de género, el apoyo a los regímenes totalitarios –cuando no directamente enaltecimiento del fascismo– o la pugna eterna contra la “agenda woke”. De hecho, los groypers se autoproclaman “orgullosamente incels [acrónimo de la expresión involuntary celibate]" y reivindican el supremacismo masculino bajo la consigna de que el avance en derechos feministas (que ellos denominan “neoderechos”) ha otorgado una ventaja a las mujeres, que ahora gozan de “demasiada libertad”. “La juventud ahora mismo está atravesada por la soledad, la precariedad, la inseguridad, lo que alimenta ideas antifeministas de que las mujeres les han robado el futuro puesto que el feminismo intenta deshacer las jerarquías de género”, concluye Caro.