“No es turismo, lo disfrazan de expedición o de experiencia incluso, pero lo que realmente están haciendo es blanquear un régimen”, dice Raquel Martínez, responsable de una agencia de viajes. Habla de una tendencia creciente entre algunos influencers que nos animan a “visitar y vivir Afganistán”, un país bajo el yugo del régimen talibán que, como ocurrió en Arabia Saudí con el deporte, está viviendo su particular 'instawashing’. Un término que sirve para describir cómo, a través de sus publicaciones en redes sociales, los creadores de contenido con millones de seguidores lavan la imagen de una dictadura.
Se conoce como turismo de peligro y no es nuevo. "Se lleva viendo años en lugares como Irak, Siria, Israel, Sri Lanka, Fukushima e incluso algún país africano”, recuerda Martínez. Su agencia no ofrece viajes a zonas a las que Interior no recomienda viajar. "Es un seguro tanto para los turistas como para la empresa en caso de que suceda algo”, insiste. infoLibre ha preguntado a varias agencias que realizan estos viajes para conocer detalles sobre la gestión de los seguros y de organización de los turistas, pero no ha obtenido respuesta.
Afganistán hace mucho que dejó de ser un destino vacacional. La ocupación estadounidense tras los atentados de las Torres Gemelas para eliminar a Al Qaeda sumió al país en un colapso del que no se ha llegado a recuperar nunca. Tras la retirada de las tropas de la OTAN en 2021 y la vuelta al poder del régimen talibán, la situación sigue siendo muy delicada a la vista de los organismos internacionales. Eso, a pesar de lo que muchos creadores de contenido quieren transmitir desde sus redes sociales.
El grupo islamista se hizo con el poder tras la caída de Kabul el 15 de agosto de 2021 y desde entonces, el país está regido por una estricta interpretación de la ley islámica. Afganistán se ha convertido en el único lugar del mundo donde las mujeres tienen prohibido acceder a la educación secundaria y universitaria, además de sufrir severas restricciones en el trabajo y la vida pública.
infoLibre habla con Ahmed Abed. Vive en El Cairo, donde también trabaja como guía turístico. Ha visitado otras zonas de Oriente Próximo y por eso, lo tiene claro. Asegura que nunca iría a un país en el que una mujer es rehén de su marido. "No entiendo cómo hay occidentales que con un nivel de vida muy superior al nuestro, quieren visitar un lugar así", concluye.
“Bueno, sí. Llevan barbas largas y sombreros raros, pero nos reímos mucho, son muy majos y de mente abierta”, cuenta Tibi Jones, un youtuber con cerca de 560.000 suscriptores. En su canal, tiene cuatro vídeos de una hora de duración sobre su visita a Afganistán. En ellos, vende las 'bondades' de un país del que ahora dice que es seguro, tras superar la ocupación estadounidense. No es el único. Otras cuentas como Turispedia o Lethal Crysis siguen este mismo patrón.
Muchos de los vídeos que se pueden ver en Youtube o Instagram tienen un denominador común, un leit motiv que impregna todo: 'Esto solo lo puedes ver aquí'. Asadullah, compañero de Jones en su viaje por el país afgano, ofrece un recorrido al margen de los “clichés etnocéntricos de los occidentales”, un paseo por sus puestos de comida, sus tiendas, las escuelas o los restos arqueológicos. “Un lavado de cara en toda regla para atraer turismo”, asegura Abed.
La seguridad
De la situación de Afganistán también alerta el Ministerio del Interior español que, pese a reconocer que “es posible moverse por el país porque no se encuentra en una situación de guerra civil" alerta de que "son frecuentes los atentados en todo el territorio” por lo que su recomendación es “no viajar bajo ninguna circunstancia”. Y recuerda que “pese a que el aumento de ofertas de viajes organizados por agencias especializadas pudiera indicar lo contrario, el riesgo de secuestro o atentado es elevado”.
¿Qué piensan otros gobiernos internacionales? Para el Departamento de Estado de EEUU, Afganistán se encuentra en ‘Nivel 4: No viajar’ y cita “el terrorismo, el riesgo de detención ilegal, los disturbios civiles, los secuestros y la delincuencia” como razones para su calificación. Una recomendación a la que también se une Reino Unido.
Pese a la peligrosidad de la que alerta el Gobierno español, en 2024, tres turistas nacionales fueron asesinadas en la provincia de Bamiyán, cuando se encontraban de visita en uno de los principales lugares turísticos del país. Un hombre armado abrió fuego de forma indiscriminada contra el grupo de 13 turistas, que estaban comprando en un mercado. El ministro Albares lo calificó como un acto terrorista, el primero desde 2021 contra un grupo de ciudadanos extranjeros, días más tarde, el Estado Islámico lo reivindicó.
Raquel Martínez, recuerda que “España no tiene ahora mismo servicio consular ni de embajada” como también certifica la web de Exteriores que informa a la ciudadanía de que ese servicio se presta en Doha hasta que las condiciones permitan su reapertura en Kabul.
Uno de estos influencers, @jakeyoungblood, relata en un vídeo publicado en sus redes sociales que simuló ser rehén de los talibanes para, a renglón seguido, explicar que mintieron a todo el mundo para probar “lo equivocados que estáis con Afganistán”.
En una crónica para The New Yorker, el periodista Teddy Brown admite que la primera vez que vio esta broma se rio. Después cayó en la cuenta del alcance de esta narrativa, que la define como “cinismo preocupante”. La estrategia: ridiculizar el relato “dominante” sobre Afganistán, el que difunden los medios occidentales, utilizando para ello a jóvenes influencers “alternativos” ansiosos por ofrecer a su audiencia un contenido necesariamente disruptivo y “diferente” y todo con ese aura de “contar la verdad”.
Said Samir, guía turístico en Egipto pero que ha trabajado en Afganistán, es claro: “Los turistas son ajenos a la realidad del país” y los talibanes, para lavar su imagen, ”quieren turistas y están casi obligados a tratarte bien”.
Ben Herskowitz, creador de contenido, asegura en sus vídeos que Afganistán es “uno de los lugares más hermosos en los que he estado en mi vida”, habla de la hospitalidad de los talibanes y critica la masificación de otros países: “Vas a Roma o a Grecia a ver ruinas y hay miles de turistas bloqueándote el paso", afirma. "Aquí, en cambio, puedes sentarte en estos hermosos lugares que tienen tanta historia de tantas épocas, y estar solo”.
El viceministro de Turismo, Qudratullah Jamal, aseguró en Euronews que casi 9.000 turistas internacionales visitaron Afganistán en 2024, y que otros 3.000 lo hicieron durante los primeros tres meses de 2025. Algunos informes apuntan a que solo en agosto llegaron unos 5.000 visitantes. En lo que respecta a los turistas españoles, los datos no están disponibles y tampoco son accesibles. infoLibre ha preguntado tanto a Exteriores como a la Embajada de Afganistán y a la Sección Consular de Doha, sin recibir respuesta.
Una mentira
Para el periodista Mortaza Behboudi, nacido en Afganistán y refugiado en Francia desde 2015, coautor junto a Marine Courtade del documental 'Afghanistan: l’impossible voyage des femmes' (Arte), los vídeos de estos creadores de contenido como cuenta en Le Nouvel Obs no muestran la realidad: “Bajo sus contenidos pseudoinformativos se esconden puestas en escena elaboradas, un “blanqueamiento político” orquestado por los talibanes para normalizar el nuevo régimen”. Esta iniciativa no tiene “nada de inocente”: equivale a ofrecer “contenido patrocinado por una dictadura mientras miles de voces independientes son silenciadas”, explica el reportero, que fue detenido y encarcelado durante más de nueve meses mientras realizaba un reportaje en Afganistán, el 7 de enero de 2023.
Porque, tras el escaparate de un país “divertido”, “seguro” e 'instagrameable', la realidad del país es bien distinta. Cerca de dos tercios de la población vivían en la pobreza hace dos años, según Naciones Unidas. La economía ha caído un 25% desde 2020, según el Banco Mundial, y está sostenida artificialmente por la ayuda humanitaria.
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“Es evidente que todos soñamos con visitar lugares así para hacer fotos de paisajes o trabajar en proyectos audiovisuales o para ver los contrastes, pero también hay una realidad y es la ética”, asegura Eliana Fuentes, fotógrafa, “y es que no podría ir a un país en el que la sharia (ley islámica) rige todo”.
Porque las niñas y las mujeres han sido borradas de la vida pública: sin escuela, sin trabajo, sin posibilidad de cantar, ni siquiera con derecho a mostrar el rostro. Confinadas en casa “pero no les impedimos salir, pueden subir al tejado a tomar el aire”, dice uno de los talibanes en un vídeo.
Pero estos vídeos de un Afganistán fabuloso, con talibanes maravillosos, bromeando, bailando y pasándolo bien, tienen un denominador común, y no es casualidad, los protagonistas y viajeros de todos los vídeos siempre son hombres.
“No es turismo, lo disfrazan de expedición o de experiencia incluso, pero lo que realmente están haciendo es blanquear un régimen”, dice Raquel Martínez, responsable de una agencia de viajes. Habla de una tendencia creciente entre algunos influencers que nos animan a “visitar y vivir Afganistán”, un país bajo el yugo del régimen talibán que, como ocurrió en Arabia Saudí con el deporte, está viviendo su particular 'instawashing’. Un término que sirve para describir cómo, a través de sus publicaciones en redes sociales, los creadores de contenido con millones de seguidores lavan la imagen de una dictadura.