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GUERRA EN EUROPA

Putin logra frenar el impacto de las sanciones europeas pero la situación podría cambiar a partir de ahora

Grafiti callejero con la figura de Vladímir Putin con el lema “Put-in in the trash”, cuya traducción sería literalmente “arrojar a la basura”.

La Unión Europea respondió a la agresión rusa contra Ucrania enviando armas a Kiev, sosteniendo las cuentas públicas ucranianas con transferencias y préstamos a interés casi 0% y sobre todo intentando dañar y aislar a la economía rusa a base de sanciones. Diez meses después del inicio de la guerra y tras ocho paquetes de sanciones, el impacto económico es menor del previsto en un principio por las instituciones europeas. El Alto Representante para la Política Exterior de la Unión Europea, Josep Borrell, pidió en alguna ocasión que gobiernos y ciudadanos tuvieran paciencia porque los efectos iban a llegar.

Un informe del centro de estudios de economía Bruegel, con sede en Bruselas y uno de los más prestigiosos de la capital europea, analiza cómo afectaron las sanciones económicas, cómo respondió a ellas Moscú para protegerse y cómo tendrán efectos mayores a medio y largo plazo.

¿Funcionan las sanciones en su objetivo de reducir los ingresos del Estado ruso para que tenga más problemas para financiar la guerra? La respuesta no es una opción binaria entre el sí y el no. Es una respuesta matizada, de grises. Resumiendo mucho se podría decir que el impacto a corto plazo es menor del esperado pero que a largo plazo podría ser incluso mayor. Es un efecto que necesita lo que Borrell definió como “paciencia estratégica”.

Las sanciones económicas prohíben a Rusia importar una larga serie de productos, principalmente de alta tecnología. También afectan a su sistema financiero porque se expulsó a la mayoría de sus bancos de Swift, la empresa belga que gestiona más del 94% de las transacciones financieras del planeta, una especie de mensajería universalmente reconocida, usada y respetada.

¿Son eficaces para lograr lo buscado? No a corto plazo si lo que se buscaba era, en palabras del ministro de Economía francés, Bruno Le Maire, “hundir la economía rusa”. Las primeras medidas pusieron la inflación rusa en el 17,8% anual el pasado abril, en parte debido al hundimiento del rublo. La respuesta del Banco Central ruso fue clásica: subir los tipos de interés.

El hundimiento del rublo redujo considerablemente las importaciones y algunos sectores industriales, como el automotriz, se vieron contra las cuerdas. Pero también se evitó que el rublo se hundiera sin control, principalmente a través de medidas clásicas de control de capitales. Días antes del inicio de la guerra un dólar se pagaba a más de 80 rublos. Esta semana rondaba el entorno de los 60 rublos. En la práctica la actuación de las autoridades económicas rusas apreció su moneda.

Pero el daño se contuvo. Fuentes comunitarias aseguran que en parte se debe a que las sanciones de 2014, tras el apoyo ruso en fondos, hombres y armas a los separatistas ucranianos del Dombás, ya prepararon a la economía rusa para resistir sanciones. Eso hace que este año, lejos del casi 10% de recesión que esperaba el FMI para Rusia el pasado abril, esta sea probablemente menos del 5%.

Otra de las razones es el encarecimiento de los hidrocarburos. Rusia exporta menos porque va reduciendo sus suministros de gas a Europa, que cada vez compra menos. Los europeos también dejaremos de comprar petróleo ruso definitivamente en diciembre. Pero esos productos se han encarecido tanto que Moscú apenas ha notado la pérdida de ingresos.

Los efectos a largo plazo pueden ser mucho más graves para Rusia. Si la guerra y las sanciones continúan, la industria rusa se quedará definitivamente sin suministros externos esenciales. Fuentes comunitarias hablan de “efecto acumulativo y gradual”, en parte porque todavía deben entrar en vigor algunas sanciones, como el embargo al petróleo.

El informe de Bruegel explica que la opinión de que las sanciones no afectarán a Rusia se basa en los buenos datos de su balanza por cuenta corriente, que este año ha mejorado sustancialmente hasta alcanzar sólo hasta septiembre los 200.000 millones de dólares, 120.000 millones más que en el mismo período de 2021. Los precios de la energía disparados y el hecho de que Rusia importe cada vez menos, en parte por las sanciones, explican ese dato. La balanza por cuenta corriente debería cerrar el año en el entorno de los 240.000 millones de dólares.

Las reservas rusas sí empezaron a sufrir con las sanciones. En febrero estaban por encima de los 650.000 millones de dólares y desde entonces perdieron casi 100.000 millones.

El informe de Bruegel concluye que a finales de este año los ingresos rusos no han sufrido lo esperado cuando se aprobaron las sanciones y que por eso Rusia ha sido capaz de seguir financiando la guerra, pero “esto podría cambiar pronto”.

El texto cuenta que la salida de decenas de empresas occidentales, el fin de las compras de hidrocarburos rusos unida a la imposibilidad de Moscú de encontrar clientes que compren las cantidades que compraban los europeos “provocarán daños severos a la economía rusa”.

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