La campaña de Marine Le Pen para las legislativas hace agua

Marine le Pen posa para un selfie.

Lucie Delaporte (Mediapart)

“Quienes asuman la responsabilidad de abstenerse el 12 de junio tendrán hasta el final de sus miserables días para deplorar su indiferencia cívica”. A pocos días de la primera vuelta de las elecciones legislativas que se celebran este domingo, Marine Le Pen, durante su único mitin en Hénin-Beaumont [Norte de Francia], tuvo una forma muy curiosa de movilizar a sus votantes. En la primera vuelta de las elecciones legislativas, la diputada, que se presenta a la reelección en su circunscripción, adoptó un tono amenazante para dirigirse a los posibles abstencionistas de su formación en la recta final. Mientras que la campaña legislativa del RN no ha conseguido despegar, el partido de extrema derecha parece estar buscando ya chivos expiatorios para su fallida campaña.

En un vídeo con Jordan Bardella publicado ese mismo día se les ve recordando a sus votantes: “Id a votar porque si no lo hacéis, otros decidirán por vosotros”; el alegato se repite cuatro veces en este vídeo de dos minutos.

En 2017, la participación en su electorado se desplomó entre las elecciones presidenciales y las legislativas y todo apunta a que el fenómeno volverá a repetirse. Pero lo menos que se puede decir es que el partido de extrema derecha no se ha tomado la molestia de motivar a sus tropas para estas elecciones.

Para el RN, todo salió mal en esta campaña iniciada muy tarde y con muy poca ambición. Al día siguiente de su derrota ante Emmanuel Macron, la excandidata del RN desapareció durante casi 15 días, dejando al joven presidente interino, Jordan Bardella, lanzar una campaña desnortada.

Cuando finalmente reapareció, Marine Le Pen daba la impresión, sobre todo, de que la batalla legislativa no merecía la pena para su partido. “La lógica de las instituciones dice que el presidente de la República tenga mayoría, todos los que dicen lo contrario están fabulando”, dijo en el plató de TF1, dejando a muchos en el RN atónitos por semejante escamoteo político.

Preocupada por aparecer como una candidata creíble, frente a los desplantes de Jean-Luc Mélenchon que ya se ve como primer ministro, Marine Le Pen explica que no quiere “mentir a los franceses”. Pero el daño está hecho: es imposible dar ningún impulso a la campaña después de eso.

El RN, que hoy sólo cuenta con ocho diputados en la Asamblea Nacional, anunció entonces que se había fijado el modestísimo objetivo de obtener un grupo en estas elecciones, es decir, 15 diputados. Al darse cuenta del error estratégico de poner el listón tan bajo, el partido eleva el objetivo con el paso de los días y evoca de repente la posibilidad de “un grupo potente de 60 diputados”, y luego “de 100 a 150 escaños”, como finalmente especificó Marine Le Pen el domingo.

Pillada por sorpresa por el acuerdo de los partidos de izquierda, que ha saturado el espacio mediático y sobre todo ocuparon el lugar de la fuerza de oposición más importante a Macron, el RN no tuvo finalmente más remedio que caer en la exageración frente a Mélenchon, a cuyo electorado había tratado sin embargo de seducir entre las dos vueltas de las presidenciales.

En Hénin-Beaumont, Marine Le Pen, como hizo en todas las televisiones y radios a las que fue invitada, blandió de nuevo el espantajo de “la coalición del burkini, el del “desarme de la Policía”, complaciente con el “islamismo”.

Un partido a la defensiva contra la unión de la izquierda

La estrategia del RN es sencilla, como detalla una nota interna revelada por Mediapart (socio editorial de infoLibre): había que “demonizar a esta extrema izquierda” a toda costa, pidiéndole a los candidatos que asumieran elementos de lenguaje bastante laboriosos: “Mélenchon es el desorden en Francia. La I de LFI significa ‘islamista’”...

Pero al apuntar a Nupes a lo largo de la campaña, el RN dio la imagen de un partido a la defensiva, incapaz de capitalizar el hecho de que su candidato lograra, no obstante, un resultado histórico para la extrema derecha en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, con un 42% de los votos.

El rechazo a cualquier acuerdo electoral con la formación Reconquista, de Éric Zemmour, a pesar de una base ideológica común, también le ha costado caro al RN, empantanándose en una demagogia de pequeñas frases asesinas hacia su formación gemela, en claro contraste con la imagen de una izquierda unida. En las circunscripciones, los candidatos del RN a veces dedicaban más tiempo a denigrar a sus oponentes zemuristas, a menudo antiguos miembros del RN, que a luchar con los candidatos en condiciones de ganar.

Consciente de que su campaña hacía agua, la dirección del RN intentó finalmente, en la recta final, saltar oportunamente a la más mínima polémica para despertar a sus votantes. Una receta probada.

¿El nombramiento de Pap Ndiaye?  “Una decisión aterradora para los padres y los abuelos que somos”, juzgó Marine Le Pen, abucheando en un mitin a “este ministro wokista [...] que está ahí para ponerlo todo” en el sistema escolar.

¿Los incidentes en el Stade de France, donde cientos de hinchas fueron rodeados y a los que la Policía disparó gases lacrimógenos?  Un “caos de seguridad” ligado a una “inmigración fuera de control”, truena el RN, Marine Le Pen llega a comparar estos hechos con las agresiones a mujeres en Colonia en 2016 donde, según ella, “hubo que ocultar que esos ataques eran obra de migrantes”.

Se supone que estos hechos despiertan a los votantes de RN, pero es difícil medir su efecto movilizador para unas elecciones cuyos intereses no son evidentes para muchos.

El sistema de votación mayoritaria a dos vueltas es especialmente desfavorable para el RN y el partido se hace pocas ilusiones sobre su capacidad de influir en el hemiciclo.

En Hénin-Beaumont, Marine Le Pen volvió a lamentar, por adelantado, “la maldición de un sistema de votación injusto”. “Lo digo sin rodeos, este sistema electoral es una vergüenza y es porque es una vergüenza que ustedes deben movilizarse para corregir sus efectos nocivos”, clamó. Un argumento de doble filo, ya que consiste en explicar que el juego está bloqueado y, por tanto, perdido de antemano...

¿Por qué desarrollar de nuevo su programa sobre las pensiones, el poder adquisitivo o la prioridad nacional, teniendo en cuenta, de antemano, que con un pequeño grupo será totalmente imposible su presencia en la Asamblea Nacional?

Después de la demostración de fuerza en las elecciones presidenciales, estas legislativas han revelado todas las paradojas del partido de Marine Le Pen: la base electoral de un partido de masas, pero una estructura de partido reducida a un pequeño clan, sin presencia local, salvo un puñado de ayuntamientos, y sobre todo sin altos cargos.

Como en todas las elecciones, el partido de extrema derecha, que ahora cuenta con 13 millones de votantes, fue el que más dificultades tuvo para presentar 560 candidatos creíbles. Como de costumbre, recurrió a un grupo de partidarios que son completos novatos en política, y los envió a los medios de comunicación, ofreciendo el desastroso espectáculo de que los candidatos a veces tartamudean cuando se les hace la más mínima pregunta que sea remotamente técnica.

En este partido, que debe 24 millones de euros, pescar votos en cada circunscripción, aunque sea presentando candidatos títeres, es sin embargo imprescindible para intentar remontar el vuelo, ya que cada voto aporta 1,50 euros al año durante cinco años a las formaciones políticas. Y hasta aquí la imagen de un partido creíble, capaz de gobernar.

Tras su nueva derrota en las elecciones presidenciales, Marine Le Pen hizo una campaña en piloto automático, como si ya hubiera pasado página. Por eso las elecciones legislativas fueron tan difíciles para el partido. En principio, la diputada por Pas-de-Calais debería entregar definitivamente las llaves del RN a Jordan Bardella, de 26 años y dotado de un escaso currículum de apparatchik, durante el congreso del partido que se celebrará en otoño, reservándose el papel de líder en la Asamblea Nacional.

Incluso antes de conocerse los resultados de estas elecciones legislativas, todo el mundo en el RN sabe que se está pasando página.

Traducción: Mariola Moreno

Leer el texto en francés:

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