La senadora Tammy Duckworth, de 58 años, participó en la guerra de Irak como piloto de helicóptero, compromiso militar que pagó en su propia carne. Su helicóptero se estrelló tras ser alcanzado por un disparo y tuvieron que amputarle ambas piernas. Unos 20 años después, esta senadora demócrata por Illinois destaca por su oposición a la guerra desencadenada por Israel y Estados Unidos contra Irán. La denuncia como la “locura” de Trump.
“Estoy orgullosa de todas las misiones que he cumplido en Irak”, declaró el 15 de abril en el Senado. “Pero por nada del mundo desearía a nadie que viviera otra guerra interminable, inútil e injustificada como en la que participé. Ni siquiera se lo desearía a los héroes que están haciendo las maletas en este mismo momento, sabiendo que quizá nunca vuelvan a pisar suelo americano.”
Duckworth defendía una resolución para forzar la retirada de las tropas estadounidenses. También denunció la actitud del presidente quien, ridiculizándole, “ha intentado ocultar su incompetencia tras la valentía de nuestros militares”.
“Cuando se le pidió que justificara sus actos ilegales, Donald Trump intentó ocultar su cobardía tras el valor de nuestros héroes”, prosiguió la senadora, quien explicó que subía a la tribuna “para recordarle a Donald Trump que no tiene poderes para arrastrarlos unilateralmente a la guerra”.
“Puede que él nunca haya leído la Constitución, pero yo sí la he leído”, prosiguió. “Permítanme, pues, llamar su atención sobre el artículo primero, que estipula claramente que solo el Congreso, y únicamente el Congreso, tiene la facultad de declarar la guerra. Nos corresponde a nosotros decidir cuándo y cómo se envía a los estadounidenses a combatir.”
“Comandante en jefe”
A pesar de este apasionado discurso, no obtuvo el apoyo de la mayoría de los senadores: 47 votaron a favor de su resolución; 52 la rechazaron, entre ellos el demócrata John Fetterman.
La senadora resumió bien la situación. Según la Constitución y su artículo 1, sección 8, solo el Congreso puede decidir la entrada en guerra de Estados Unidos; pero los presidentes han esgrimido a menudo el artículo 2, sección 2, que les otorga el título de “comandante en jefe”. También han jugado con las palabras al explicar que el país no estaba en guerra para eludir esta obligación.
Desde la Segunda Guerra Mundial, el Congreso nunca ha decidido las guerras estadounidenses, mientras que el país ha librado muchas, ya sea en la península de Corea, en Vietnam, en Afganistán o en Oriente Próximo.
Pero la ley sobre los poderes de guerra (War Powers Resolution), aprobada en 1973, en plena guerra de Vietnam, reforzó las prerrogativas parlamentarias. Solo autoriza al presidente a involucrar a las fuerzas armadas en “hostilidades” o “potenciales hostilidades” sin el consentimiento del Congreso en circunstancias excepcionales de “amenaza inminente”.
Esta ley obliga al inquilino de la Casa Blanca que decida entrar en combate a informar a los congresistas en un plazo de 48 horas y, dos meses después, a obtener un voto para continuar con la intervención tras haber presentado sus argumentos. Pero ningún presidente ha cumplido estos requisitos.
En 1999, Bill Clinton prolongó la campaña de bombardeos en Kosovo más allá del plazo de sesenta días, argumentando que el Congreso había aprobado implícitamente la misión al aprobar su financiación.
Al igual que Trump hoy, Obama había explicado que no había desplegado tropas sobre el terreno
Tres años más tarde, tras lanzar una “guerra contra el terrorismo”, su sucesor, George W. Bush, sí que recurrió al Congreso para obtener la autorización de utilizar la fuerza militar contra Irak, pero subrayó que eso no significaba que aprobara la constitucionalidad de la ley.
“Como dejé claro a los líderes del Congreso desde el principio”, explicó Bush en aquel momento, mi solicitud de apoyo al Congreso no ha supuesto, y mi firma de esta resolución no supone, ningún cambio en las posiciones del poder ejecutivo que vienen de lejos, ya sea en lo que respecta a la facultad constitucional del presidente de recurrir a las fuerzas armadas para defender los intereses vitales de los Estados Unidos o en lo que respecta a la constitucionalidad de la resolución sobre los poderes de guerra.”
En 2011, al intervenir en Libia, Barack Obama también se libró de ello, tanto en virtud de los poderes constitucionales como de una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (1973), recuerda Lucie Delabie, profesora de Derecho Público en la Universidad de Picardía-Jules-Verne y especialista en política jurídica exterior de Estados Unidos. “Al igual que Trump hoy, Obama explicó que no había desplegado tropas sobre el terreno. La cuestión es la definición de las hostilidades. Con Irán, sin embargo, es más evidente, ya que la magnitud de los ataques es lo suficientemente importante como para hablar de guerra”, indica a Mediapart.
La presión de los demócratas
Donald Trump, al igual que sus predecesores, no quiere someterse a la ley. Según la web Axios, tenía previsto reunirse el lunes 27 de abril con sus principales asesores en materia de seguridad nacional y política exterior para tratar el tema de Irán. Las negociaciones con Teherán se encuentran actualmente en un punto muerto, ya que el presidente estadounidense no deja de prorrogar el alto el fuego que decidió a principios de abril.
Los demócratas han presentado en cinco ocasiones en el Senado resoluciones para presionar a Trump a que ponga fin a la guerra en Irán, entre ellas la de Tammy Duckworth, y en dos ocasiones en la Cámara de Representantes. Todas han sido rechazadas por las mayorías republicanas, que siguen apoyando a Donald Trump. Pero la oposición afirma que no se va a quedar ahí, con el fin de mantener la presión.
“Va a ser una cuestión de equilibrio de fuerzas políticas”, opina Lucie Delabie. “Seguramente habrá una nueva iniciativa demócrata, pero parece más complicado un éxito coronado por una votación. Dicho esto, también puede haber una propuesta para prolongar el plazo treinta días. Pero esos treinta días, normalmente, están previstos para dar tiempo a las fuerzas armadas a retirarse en condiciones de seguridad.”
Durante la presentación de la última resolución, el miércoles 22 de abril, Tammy Baldwin, senadora demócrata por Wisconsin, destacó que Trump se había comprometido, durante la campaña presidencial, a no iniciar nuevas guerras en el extranjero. Y volvió a establecer el paralelismo con la guerra de Irak, que duró de 2003 a 2011.
“No tenemos ningún plan”
“En estas dos guerras, no tenemos ningún plan para los próximos días y no hemos logrado definir nuestros objetivos específicos”, lamentó esta senadora. "En estas dos guerras, no hemos tenido ninguna estrategia de salida. Y en estas dos guerras, hemos tenido militares que han muerto en el extranjero por una causa que los estadounidenses no apoyaban.”
Una vez más, los argumentos no sirvieron de nada. Uno de los senadores republicanos, Roger Wicker, presidente del Comité Senatorial de las Fuerzas Armadas, consideró “peligrosa” una resolución de este tipo. “Eso ataría las manos del comandante en jefe en un momento en el que necesita la máxima flexibilidad para eliminar la amenaza de Irán”, afirmó.
De todos modos, Donald Trump podría vetar el texto si se aprobara, y se necesitaría una mayoría de dos tercios en ambas cámaras para anularlo. Algo impensable en estos momentos.
La próxima fecha clave es, por tanto, este viernes. Porque, aunque el conflicto comenzó el 28 de febrero, Donald Trump no informó al Congreso hasta el 2 de marzo, lo que hace que el 1 de mayo se cumplan 60 días. El presidente podría seguir los pasos de sus predecesores y hacer caso omiso de los representantes del pueblo.
Barack Obama, en 2011, al prolongar la intervención militar en Libia más allá del límite de los sesenta días, había detallado que la ley no era de aplicación, ya que las operaciones no implicaban, según él, “combates prolongados ni intercambios de disparos activos con fuerzas hostiles […] y tampoco [movilizaban] tropas sobre el terreno”. Un argumento que su sucesor podría hacer suyo.
Irán acusa a Washington de haber hecho fracasar las negociaciones
El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, nada más llegar el lunes a Rusia, nueva etapa de su gira diplomática, acusó a Estados Unidos de haber hecho fracasar las negociaciones de paz. Los intentos de reactivar las conversaciones sobre el alto el fuego y la reapertura del estrecho de Ormuz, esbozados a principios de abril en Islamabad, han fracasado hasta ahora ante la firmeza mostrada por Washington y Teherán.
“Los planteamientos americanos han hecho que el anterior ciclo de negociaciones, a pesar de los avances, no haya alcanzado sus objetivos, debido a exigencias excesivas”, denunció Abbas Araghchi a su llegada el lunes 27 de abril a San Petersburgo. El ministro, que busca recabar apoyos en la guerra contra Washington, se reunió allí con el presidente ruso Vladimir Putin, quien le aseguró que Rusia haría “todo” para ayudar a restablecer la paz en Oriente Medio.
Casi tres semanas después del alto el fuego alcanzado tras cuarenta días de hostilidades entre Irán e Israel, aliado de Estados Unidos, Moscú sigue siendo uno de los principales apoyos de la República Islámica.
Caja negra
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Lucie Delabie fue entrevistada el viernes 24 de abril por teléfono.
Traducción de Miguel López
La senadora Tammy Duckworth, de 58 años, participó en la guerra de Irak como piloto de helicóptero, compromiso militar que pagó en su propia carne. Su helicóptero se estrelló tras ser alcanzado por un disparo y tuvieron que amputarle ambas piernas. Unos 20 años después, esta senadora demócrata por Illinois destaca por su oposición a la guerra desencadenada por Israel y Estados Unidos contra Irán. La denuncia como la “locura” de Trump.