La otra herida de la guerra en Ucrania: el país se queda sin población

Las tumbas de Andryi, Dmytro y Hrehoryi en el cementerio militar nacional que acaba de abrir sus puertas al sur de Kiev, en febrero de 2026.

Pierre Alonso (Mediapart)

Kiev (Ucrania) —

Andryi murió el día de su cumpleaños, el 14 de septiembre de 2025. Tendrá para siempre 22 años. En la lápida de su tumba se ve su rostro sonriente bajo un casco antibalas. Un poco más lejos está Dmytro, que tendrá para siempre 21 años. Un dron lo mató el 10 de diciembre de 2025.

Anton, de 26 años y un mes, herido de muerte el 15 de septiembre, fue enterrado a mediados de noviembre, tras repatriar su cuerpo del campo de batalla e identificarlo. La vida de Edouard se detuvo cuatro meses antes de cumplir 50 años, el 14 de agosto de 2025. Vassyl llevaba el mismo nombre que su padre y un chub, el peinado típico de los cosacos. Nacido en junio de 1980, murió en octubre de 2025.

Estos son algunos de los primeros militares enterrados en el nuevo cementerio militar nacional, aún en construcción, a unos treinta kilómetros al sur de Kiev. La metrópoli aún no ha llegado a estas zonas boscosas, cubiertas por una gruesa capa de nieve en este gélido invierno. El recinto se inauguró en agosto, no sin polémica: por la calidad de estas praderas, consideradas pantanosas; por el impacto medioambiental del proyecto, en este rincón de naturaleza salvaje; por la regularidad de los contratos públicos; por la legalidad de la cesión del terreno...

Este mal comienzo no ha disuadido a las familias de enterrar aquí a sus seres queridos: son ellas las que eligen. “Había muchos rumores sobre este lugar, así que vinimos a verlo. En agosto es muy bonito”, cuenta Olha, cuyo marido fue el quinto en ser enterrado entre los pinos. “Está con sus compañeros de armas, no con desconocidos”. Su hija de 21 años elogia “el honor, el respeto y la dignidad” del lugar.

Un cementerio militar con 136.000 concesiones

Anastasia, de 35 años, quería que “la persona más querida para ella” también descansara aquí, a pesar de los caóticos comienzos, de los que ella era plenamente consciente. Considera que el lugar está a la altura del homenaje que se debe rendir a los combatientes, entre ellos Hrehoryi, su difunto marido. Vassyl, el inconsolable padre de Vassyl, lo compara con el cementerio de Arlington, en Virginia, capaz de “honrar y conservar la memoria” de los soldados.

Por el momento, solo se ha terminado una pequeña parte del futuro complejo. Con una superficie prevista de 266,7 hectáreas, incluirá un monumento conmemorativo y un museo, cuya construcción está prevista para después de la guerra. La sección del cementerio ya abierta puede albergar 5.670 tumbas, una fracción del total previsto de 136.000 concesiones a largo plazo, todas reservadas a quienes han servido bajo las armas durante la guerra. “Después, los veteranos podrán ser enterrados aquí si lo desean”, precisa el director adjunto de la institución, Yaroslav Starouchenko.

Esta guerra ya se ha cobrado tantas vidas... Nos están robando nuestro futuro

Un militar ucraniano

Estas cifras dan una idea de la magnitud de las necesidades. Los cementerios militares están desbordados en toda Ucrania. En Leópolis, en el oeste, el “campo de Marte” construido junto al cementerio histórico quedó ya completo en diciembre. No hay ciudad, ni siquiera en los rincones más recónditos, que no tenga una tumba engalanada con la bandera nacional, que señala el entierro de un militar.

Vitaly acaba de asistir a la ceremonia de despedida de uno de sus compañeros de armas. Al recuperar la compostura, este civil convertido en militar confiesa: “No hemos elegido esta guerra, hemos tenido que defendernos.” Este hombre de 36 años, que al día siguiente volverá al frente, añade: “Esta guerra ya se ha cobrado tantas vidas... Nos están robando nuestro futuro.”

Aún se desconoce la magnitud de la hecatombe. A diferencia de Rusia, que oculta sus muertos, Ucrania los honra, pero no revela su número. Solo el presidente Volodímir Zelensky da de vez en cuando una cifra: 55.000 muertos, según su última declaración a principios de febrero. Una estimación que todos consideran lejana a la realidad. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), un grupo de expertos con sede en Washington, propone un rango de entre 100.000 y 140.000 muertos en un estudio publicado en enero, frente a los 275.000 a 325.000 del ejército ruso.

Descenso de la natalidad

Estas cifras, aunque son impresionantes, solo reflejan una pequeña parte de una crisis más amplia en Ucrania: el país se está quedando sin habitantes. Cada año desde 2022, la población disminuye en aproximadamente 1,15 millones de personas, según Oleksander Gladun, director científico adjunto del Instituto Ptoukha de Demografía y Estudios Sociales.

El investigador advierte que las cifras son estimaciones y que las comparaciones están “un poco sesgadas” debido a la fluctuación del frente, es decir, al tamaño de los territorios controlados por Kiev desde 2022. Además, no se dispone de datos de las zonas ocupadas. Pero la crisis, que él califica de “profunda”, es muy real.

Es considerable el número de personas que han abandonado Ucrania a causa de la guerra: de media, 830.000 al año desde 2022

Desde la independencia de Ucrania, el crecimiento natural ya se había reducido, hasta estabilizarse en un nivel muy bajo desde 2022. “El número de muertes superó al de nacimientos por primera vez en 1991”, recuerda Oleksander Gladun. Desde el inicio de la invasión, la situación ha empeorado considerablemente: por cada tres personas fallecidas, nace un niño.

La mortalidad está aumentando, pero es sobre todo la natalidad la que está disminuyendo. “La guerra empuja a las parejas a retrasar el momento de tener un hijo”, afirma el demógrafo. Además, no todos los niños nacidos en el extranjero de padres ucranianos son declarados a las autoridades consulares. Sin embargo, es considerable el número de personas que han abandonado Ucrania a causa de la guerra: de media, 830.000 al año desde 2022.

Ucrania ya era antes una tierra de emigración. En la década de 1990, a quienes se marchaban a trabajar al extranjero se les llamaba zarobitchany, literalmente “los que ganan pasta”. Una vez más, son las fuerzas vivas del mañana las que se marchan: solo el 6% tiene más de 65 años.

Una sociedad menos numerosa pero más homogénea

Un episodio reciente ha ilustrado la profundidad de este fenómeno. A finales de agosto, el Gobierno autorizó a los jóvenes de entre 18 y 22 años a salir de Ucrania, cuando la ley marcial prohibía a todos los hombres de entre 18 y 60 años salir del territorio, salvo excepción especial. El objetivo era frenar el flujo de salidas de adolescentes que abandonaban el país antes de alcanzar la mayoría de edad.

Pero esta reforma provocó un exilio masivo: cada mes hay 96.000 jóvenes de entre 18 y 22 años menos en el país, según un informe del Centro de Estrategia Económica (CES) de enero. “Aproximadamente uno de cada siete jóvenes ucranianos de entre 18 y 22 años se ha ido del país tras la introducción de esta reforma”, resume el CES.

“Hay que ser conscientes de que Ucrania nunca volverá a tener 52 millones de habitantes [el máximo alcanzado en 1993, ndr]”, afirma Oleksander Gladun. Según sus investigaciones, la población ha disminuido en 10 millones entre 1991 y 2022. El periodo siguiente dificulta los cálculos, pero si se suman las pérdidas de territorios, el exilio y el saldo natural negativo, es probable que la población a principios de 2026 sea de unos 29 millones.

El Gobierno ha definido una estrategia de desarrollo demográfico de Ucrania hasta 2040

Se trata de una caída vertiginosa, de una magnitud sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. Con una diferencia importante, subraya Yaroslav Hrytsak: “Las personas que abandonaron el país siguen vivas.” Su ausencia no es irreversible, aunque el tiempo juega en contra de Ucrania: “Cuanto más dure la guerra, menor será el número de retornos”, opina el historiador. Según un estudio del CES publicado a finales de 2024, apenas una de cada dos personas que viven en el extranjero se plantea regresar a Ucrania.

En respuesta al problema, el Gobierno definió en 2024 una “estrategia de desarrollo demográfico de Ucrania hasta 2040”. Una ley aprobada a finales de 2025 tiene por objeto fomentar la natalidad, en particular aumentando el importe de las prestaciones familiares y creando una prima por nacimiento de 50.000 grivnas (1.000 euros). En un artículo reciente, el periódico Oukraïnska Pravda advierte contra los discursos reaccionarios y misóginos: aunque son minoritarios, están empezando a surgir en un contexto de natalismo.

El regreso de los exiliados dependerá sobre todo de la situación de Ucrania después de la guerra y de la retórica hacia aquellos que no estuvieron allí durante esos años oscuros, predice el historiador Yaroslav Hrytsak. Al mismo tiempo, observa un fenómeno concomitante al colapso demográfico: “la homogeneización” de la sociedad, con menos diferencias políticas entre las regiones y, en particular, la desaparición de un tropismo pro ruso favorecido por la pérdida de Crimea y “probablemente” del Donbás.

La pérdida de estos territorios va acompañada de su redescubrimiento. “Nos damos cuenta del valor de algo cuando lo perdemos”, coincide Yaroslav Hrytsak. El verano pasado, el museo Mystetskyi Arsenal presentó una exposición sobre la región de Jersón, concebida como un “homenaje” a esta región meridional, ocupada en un 70% desde 2022.

Concebido en torno al documental “Los sheriffs ucranianos”, uno de los recorridos trataba de la resolución pacífica de los conflictos en una comunidad aislada en el corazón de esas llanuras agrícolas, donde el Estado central parecía muy lejano. Otro revisitaba la capital regional gracias a los archivos, en particular fotográficos, de un periódico local.

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Desde su liberación en otoño de 2022, la ciudad portuaria de Jersón, de 300.000 habitantes, está sometida a bombardeos continuos. Un asedio que ahora se lleva a cabo mediante drones, probablemente el primero de este tipo, que convierte la vida cotidiana en un infierno y deja a la ciudad sin población.

 

Traducción de Miguel López

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