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El Estado Islámico cambia de estrategia

Un soldado camina junto a una bandera pintada del grupo terrorista Estado Islámico.

Era uno de los supuestos cerebros de los atentados de noviembre de 2015 de París y de muchos otros en Europa. Abou Mohammed al-Adnan, muerto el 31 de agosto de 2016, cerca de Al Bab, en la frontero sirio-turca, no sólo era el responsable de las operaciones terroristas del Estado Islámico, este exalbañil sirio también era el portavoz, el responsable de propaganda y uno de los teóricos de la organización terrorista. Se dio a conocer en septiembre de 2014 al instar a todo musulmán a matar a un “no creyente norteamericano o europeo, en especial a los malvados y sucios franceses, o a un australiano o a un canadiense o a cualquier [...] ciudadano de los países que luchan coaligados contra el Estado Islámico”. Incluso recomendó matarlos “de cualquier forma”. “Si no podéis encontrar artefactos explosivos o municiones, entonces aislad al norteamericano infiel, al francés infiel o a cualquiera de sus aliados. Aplastadle la cabeza a pedradas, matadlo con un cuchillo, atropelladlo con el coche, lanzadlo al vacío, ahogadlo o envenenadlo”.

En una grabación de audio difundida el 21 de mayo de 2016 en la web Furqan, el conocido como “ministro de los atentados” también había invitado a “los soldados del califato”, y a todos los partidarios de Daesh en los países occidentales, sobre todo a no centrarse en objetivos militares. “Hemos sido informados de que algunos de vosotros no pueden perpetrar ataques porque son incapaces de atacar objetivos militares y tienen problemas para atacar a supuestos civiles. Sabed que verter sangre en el país de las Cruzadas y de los combatientes no está prohibido. No hay inocentes [entre ellos]”. Entonces, Abou Mohammed al-Adnani parece que ya sabía que pronto empezaría el asedio de Mosul y anticipó que su organización saldría derrotada –los principales dirigentes de Daesh abandonaron la ciudad iraquí en la primavera de 2016–. De ahí la necesidad de continuar con la lucha, considerada como más importante que la victoria, sobre los territorios exteriores. “Vuestra política extranjera no es la razón de nuestro odio, os odiaremos hasta que abracéis el islam”, se podía leer en el número 10 de Daqib, la revista en inglés del Estado Islámico.

Pero Al-Adnani no es el único que aboga por atacar primero a los civiles; le precedieron numerosos teóricos. El que ahora logra captar la atención es un joven ideólogo (de 32 años) del EI, Turki al-Binali. Nacido en Bahréin, y ahora apátrida tras verse privado de nacionalidad, cuenta con un importante bagaje universitario. Pasó por el Instituto Islámico del imam al-Ouzai en Beirut, centro reconocido como universidad por el Ministerio de Educación Nacional y de Enseñanza Superior de Líbano, y frecuentó a varios grandes jeques saudíes. A día de hoy se ha convertido en el gran mufti del Estado Islámico.

Gestión de la crueldad

Les habían precedido el teórico Abou Bakr al-Naji, probablemente asesinado en Waziristán, una de las zonas tribales pakistaníes, en 2012. Su libro Idarat at-Tawahhush (Gestión de la crueldad), un manual de unas 400 páginas escrito después de la derrota de los talibanes afganos, en 2001, es un tratado de las reglas de supervivencia del yihadista y del aprendiz del miedo. La obra cobra mayor importancia por cuanto aborda el terrorismo desde un ángulo estratégico. En él recomienda a los activistas ser imprevisibles atacando objetivos variados –aeropuertos, escuelas, comisarías, centros comerciales– con el fin de dispersar a las fuerzas del orden por todo el territorio enemigo. Otro importante teórico es el sirio Abou Moussab al-Souri, apóstol de la “tercera yihad”, que en su Llamamiento a la resistencia islámica mundial, una obra de 600 paginas, desarrolla una estrategia diametralmente opuesta a la de Al Qaeda, que consiste en cometer ataques descentralizados, llevados a cabo por pequeñas células dispersas en Occidente, sin vínculos con un mando central. Tal y como subraya Bernard Rougier, especialista en el Oriente Medio árabe y profesor de la cátedra de Oriente Medio-Mediterráneo, en la Universidad de Ciencias Políticas de París, “todos han desarrollado la idea de aterrorizar al adversario en su dimensión civil. La especialidad de Al-Souri es que ha teorizado sobre Europa como si de su vientre flácido se tratase”, debido a las importantes comunidades musulmanas que viven en el continente.

En 2010, Al Qaeda había evolucionado en ese sentido. En la revista Inspire, la primera revista yihadista digital redactada íntegramente en inglés, se indicaba cómo encontrar instrucciones para fabricar bombas artesanales, encriptar sus comunicaciones o producir veneno. Ese manual parece el que animó a pasar a la acción a Umar Farouk Abdulmutallab, autor de la tentativa de atentado en el vuelo de Ámsterdam-Detroit en 2009.

Probablemente, la cercanía del ramadán pudo resultarle determinante al kamikaze de Mánchester, el lunes por la noche. Porque al-Adnani instó a actuar en particular en ese periodo. “He aquí [el mes de] ramadán. El mes de la yihad, de los combates y de las conquistas [...]. Haced de él un mes de enfado contra los kuffar [infieles] de todas partes”, decía en mayo de 2016.

Esta estrategia del yihadismo tiene cierto éxito pero no es, desde luego, lo que Daesh esperaba. Según las cifras del EI, publicadas en su revista en inglés Dabiq, en noviembre de 2015, se reivindicaron oficialmente 47 ataques fuera de Irak y de Siria. Los ataques golpearon a 14 países y causaron la muerte de 1.212 personas y provocaron miles de heridos.

A diferencia de Al Qaeda, el EI –que en un primer momento es un fenómeno específicamente iraquí y que pronto se convirtió en un modelo transnacional– siempre ha querido controlar un vasto espacio para proclamar el califato. Para tener una base militar, pero también para contar con un territorio que permita la hijrah, el regreso a la tierra del islam de los musulmanes que viven en “tierra de infieles”. Ése es el sentido de fórmulas como baqqiya (“permaneceremos”), sistemáticamente empleadas por los yihadistas. Si Mosul y Raqqa caen, con las ciudades se derrumbarán algunas de las ambiciones del EI. En ese momento, sólo les quedarán las “operaciones exteriores”, es decir, los atentados. Si bien es verdad que últimamente han muerto muchos supuestos cerebros de los atentados, como Samir Nouad o Boubakeur al-Hakim, parece evidente que eso no los evita. De hecho, los ataques sólo pueden llevarse a cabo si existen lo que los especialistas denominan “células durmientes”, es decir, asociaciones, lugares de culto o familias que no participan en los atentados, incluso que no quieren saber nada, pero que acogen a terroristas o a kamikazes y que se encuentran al límite de la legalidad. En Mánchester, dichas células madre no faltan. En esta línea, sin duda, trabajarán los investigadores. ___________

El Estado Islámico muestra los restos de la mezquita destruida en Mosul y culpa a la coalición

Traducción: Mariola Moreno

Leer el texto en francés:

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