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Macron tras el G7: un éxito de 'marketing' político a pesar de que todo sigue igual

El presidente francés, Emmanuel Macron, durante una conferencia de prensa.

Ellen Salvi (Mediapart)

Al leer los titulares de prensa, la constatación es unánime: Emmanuel Macron ha superado con éxito su regreso al curso político situándose en el centro del juego internacional. Entre la visita de Putin al fuerte de Brégançon el pasado 19 de agosto; el encuentro con el primer ministro británico Boris Johnson, unos días más tarde; y la celebración de la cumbre del G7 en Biarritz durante tres días, el presidente francés habría, según numerosos comentarista, realizado un ejercicio perfecto.

Macron ha restablecido "la capacidad de iniciativa francesa", escriben algunos. Ha ganado su "certificado de hombre de Estado", estiman otros. El principal interesado no esconde su satisfacción: "Hemos tenido un éxito formidable en esta cumbre, Francia ha brillado", se felicitó, el lunes 26 de agosto, durante su intervención en France 2. Más allá de la imagen, el ministro de Economía y Finanzas, Bruno Le Maire, indicó por su parte en la cadena de televisión LCI que este G7 había sido "útil y eficaz", que había permitido "avanzar sobre las grandes temáticas".

En términos de comunicación, efectivamente, el ejercicio ha sido todo un éxito. La llegada "sorpresa" del ministro iraní de Asuntos Exteriores a Biarritz exaltó a los editorialistas de BFMT-TV que, como subraya Samuel Gontier en su blog de Télérama, unánimemente aplaudieron este "golpe de teatro", esta "diplomacia creativa", esta "gran jugada", la lista de adjetivos es larga. El jefe de Estado, en varias ocasiones objeto de burlas proferidas por Donald Trump, se situó bien cerca de su invitado estadounidense. De nuevo, una mera cuestión de imagen.

El pulso con el presidente brasileño, en un contexto marcado por la urgencia ecológica protagonizada por los incendios que consumen la Amazonia y por los intercambios de leve nivel diplomático a través de Twitter, también ha permitido a Emmanuel Macron reverdecer su imagen. Su oposición "en el estado actual" al acuerdo con Mercosur fue aplaudido incluso por Nicolas Hulot, quien abandonó, con un sonado portazo, el Gobierno hace un año. Si añadimos la entrevista acordada a Konbini para repetir –pues no es la primera vez– su cambio de muda ecológica, nos encontramos con la baza perfecta.

Sin embargo, en el fondo, detrás de la puesta en escena, el balance del G7 es mucho más escueto de lo que podría parecer. El presidente francés hizo todo lo posible, en términos de comunicación, para despejar cualquier esperanza desde el principio. "Seguramente no conseguiremos todo, y no se enfaden si a veces no lo conseguimos", explicó durante su alocución dirigida a los franceses justo antes del inicio de la cumbre. En esta misma línea, anunció que ningún comunicado conjunto sellaría el encuentro, bajo el pretexto de que "nadie lee" este tipo de documentos.

Cuando no hay ninguna promesa de por medio, cualquier pequeño avance parece un éxito. Sobre esta base, el Ejecutivo aborda el tercer reinicio del curso escolar de su quinquenio, antes de abordar el espinoso asunto de la reforma de las pensiones. ¿Qué retener al final de las escuetas líneas publicadas por los líderes del G7 para "subrayar su gran unidad y el espíritu positivo de sus debates"? En primer lugar, un gran tema ausente: la lucha contra las desigualdades, presentado como uno de los asuntos principales de la cumbre.

Sobre Irán, los dirigentes del G7 escribieron negro sobre blanco que comparten dos objetivos: "Evitar que Irán pueda hacerse con el arma nuclear; favorecer la paz y la estabilidad de la región", objetivos que compartían ya desde hace mucho tiempo. Pero el nudo central, la incapacidad de los europeos de sortear las sanciones estadounidense, no fue desanudado. Cierto, Donald Trump dijo estar preparado para encontrarse con el presidente Rohani, pero este último respondió inmediatamente que esperaba que Washington diese "el primer paso levantando las sanciones". Vuelta a la casilla de salida.

Sobre este tema, como sobre todos los demás, solo "el futuro dirá si este G7 es un éxito completo", reconoció Emmanuel Macron el martes 27 de agosto frente a los embajadores y embajadoras reunidos en el Elíseo. Respecto a Ucrania, Libia y Hong Kong, tres de los cinco puntos que figuran en la declaración conjunta de los líderes del G7, no se ha pactado nada nuevo. Ídem sobre la cuestión del comercio, primer asunto del comunicado conjunto, sobre la que los jefes de Estado y de gobierno han revelado la evidencia, sin sorpresa, quieren "un comercio mundial abierto y justo" y no cerrado e injusto; en el mismo momento en el que China se prepara para lo peor.

Ninguna novedad, tampoco, sobre el compromiso del G7 de "encontrar un acuerdo en 2020 para simplificar las barreras reglamentarias y modernizar la fiscalidad internacional en el marco de la OCDE". Esta decisión fue tomada en Osaka, los días 8 y 9 de junio, durante la cumbre del G20 en la que participaron todos los que se dieron cita en Biarritz. En cuanto al gravamen de los gigantes digitales, un tema que solo concierne a Francia y Estados Unidos, pero sobre el que la comunicación gubernamental no deja de insistir para mostrar la utilidad de esta cumbre, se trata, en realidad, de un verdadero-falso éxito.

Mientras que la Amazonia continúa ardiendo, los países del G7 propusieron una ayuda de urgencia de 20 millones de dólares –17,9 millones de euros– para enviar a la región aviones bombarderos y tratar de apagar los incendios que destruyen la selva. Una propuesta rechazada por Jair Bolsonaro, el presidente brasileño exige que Emmanuel Macron "retire sus insultos proferidos contra [su] persona", antes de discutir el asunto. Poco antes, Donald Trump le anunció su apoyo en Twitter.

"He aprendido a conocer al presidente @jairbolsonaro en nuestras relaciones con Brasil. Trabaja muy duro para extinguir los incendios de la Amazonia y, a todos los niveles, hace un excelente trabajo para el pueblo brasileño –no es fácil-. Él y su país tienen el pleno y entero apoyo de Estados Unidos!", escribió el presidente estadounidense, asestando una cornada a la imagen de unidad sobre el asunto que su homólogo francés había tratado de poner en primera línea. La prensa extranjera, sin sorpresa menos dispuesta a glorificar la cumbre, no se equivocó. "Las grandes esperanzas suscitadas por su muy mediatizada decisión de incluir este tema en la agenda están lejos de haber sido satisfechas », lamenta el diario alemán Die Welt.

El balance del G7 sobre los otros asuntos que fueron evocados anteriormente tampoco ha convencido. Estimando que Emmanuel Macron"se afirma cada vez más como líder europeo que –pudiendo equivocarse– se esforzó en utilizar el sistema del multilateralismo para apaciguar las tensiones y defender el orden liberal", el diario británico The Economist se interroga:" ¿El presidente francés exagera? Su estrategia con Donald Trump ya fracasó en el pasado y su balance como mediador es, por decirlo amablemente, modesto". El periódico estadounidense The Washington Post apunta que "esta cumbre entre el presidente Trump y los otros líderes concluye sin progreso significativo en los problemas mundiales más urgentes".

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Traducción de Irene Casado Sánchez.

Aquí puedes leer el texto original en francés:  

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