La muerte de 'El Mencho' supone un punto de inflexión en la lucha contra los cárteles en México

Integrantes del ejército de México custodiando las inmediaciones del Aeropuerto Internacional de Guadalajara (México) tras la muerte del líder del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), conocido como El Mencho

Gwendolina Duval (Mediapart)

Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), fue abatido en Tapalpa (México) el domingo 22 de febrero de 2026. Su muerte desencadenó una ola de violencia, especialmente en Guadalajara, pero la vida cotidiana ha vuelto casi a la normalidad.

Tras dos días de confinamiento, los habitantes y algunos turistas vuelven a circular por el centro de la ciudad. La población ha vuelto al trabajo y los centros escolares han vuelto a abrir sus puertas. Pero Cecilia Mendoza no ha recuperado la calma. Esta comerciante de un barrio popular del norte de la metrópoli está atenta a las ambulancias y las patrullas policiales en las calles, y afirma que se sobresalta cuando pasa una moto: “Hemos visto en la televisión que así es como se desplazan los que lanzan explosivos o provocan incendios.”

En las horas posteriores a la captura y muerte del líder del cártel más poderoso de México, estallaron enfrentamientos entre miembros de la organización criminal y las fuerzas del orden.  Murieron veinticinco miembros de la Guardia Nacional, así como un policía y una mujer en Jalisco, feudo del cártel y epicentro de la crisis. En Puerto Vallarta se fugaron veintitrés reclusos de un centro penitenciario, provocando la muerte de un agente de seguridad. Los dos aeropuertos de la región se sumieron en el caos debido a las cancelaciones preventivas de las compañías aéreas.

En todo el país se registraron más de 250 bloqueos de carreteras, así como decenas de ataques e incendios. Gerardo es un mecánico cuyo diminuto taller está pegado a la circunvalación de Zapopan, lo que le obliga a trabajar en la acera. Cuenta cómo huyó precipitadamente cuando, a pocos metros de él, unos hombres armados instalaron un control incendiando un camión en medio de la carretera. Hoy, el operario constata: “Ya no queda nada, lo han limpiado todo.”

Demostración de fuerza estatal

En Guadalajara y alrededores desaparecieron rápidamente los rastros de los ataques. En total, se desplegaron diez mil soldados para contener la situación. Se detuvo a setenta personas y el Gobierno se felicitó por haber levantado casi todos los bloqueos de carreteras en pocas horas.

Esos disturbios eran previsibles. Las barricadas y los incendios son un medio que ya utilizan los cárteles para exhibir su poder y desafiar a las autoridades. Pero éstas han sabido limitar el estallido de violencia y, al mismo tiempo, el impacto en la imagen de México a nivel internacional. El país acoge la Copa Mundial de Fútbol en junio. La FIFA ya ha confirmado que la organización de la competición en México no se verá comprometida.

La operación militar que condujo a la muerte de Oseguera fue en sí misma una demostración de fuerza del poder público. Llevada a cabo en Tapalpa, una zona urbana situada a dos horas de Guadalajara, movilizó a militares del ejército de tierra, fuerzas especiales de la guardia nacional y seis helicópteros del ejército del aire. El secretario de Defensa, Ricardo Trevilla, asegura que ha “demostrado el poder del Estado mexicano”.

El Mencho falleció a causa de sus heridas en el helicóptero que lo transportaba a Ciudad de México. Los militares incautaron en el lugar un arsenal de armas pesadas que incluía dos lanzacohetes. Al final del domingo, el balance era de unos treinta miembros del cártel abatidos, entre ellos Hugo César Macías Ureña, apodado “El Tuli”, considerado la mano derecha del jefe.

Nemesio Oseguera era el fundador del Cártel Jalisco Nueva Generación, pero también el último gran barón de la droga que seguía en libertad. Desde 2011, la organización ha ampliado rápidamente su influencia y se ha forjado una reputación sanguinaria. El Gobierno reivindica ahora un golpe importante contra el crimen organizado y califica esta operación de “éxito”.

Un giro estratégico

En este acontecimiento simbólico destaca un hombre: el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch. En él recae la nueva estrategia de México contra el narcotráfico. El Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, predecesor de la presidenta Claudia Sheinbaum, no tenía como objetivo perseguir a los líderes de los cárteles. Por el contrario, abogaba por un enfoque sin confrontación directa: “Abrazos, no balazos”.

Desde hace poco más de un año, Harfuch, un expolicía convertido en uno de los colaboradores más cercanos de la presidenta Sheinbaum, está tomando su revancha. En 2020, cuando ocupaba el mismo cargo en el Ayuntamiento de México, fue objeto de un ataque del CJNG. Atrapado en una emboscada en la avenida Reforma, su vehículo quedó acribillado a balazos. Harfuch resultó herido, pero sobrevivió.

México está sometido a una presión constante por parte de Washington para que luche contra el tráfico de drogas

En pocos meses al frente del gabinete de seguridad del Gobierno federal, ha registrado récords de incautaciones de drogas, desmantelamiento de laboratorios y más de cuarenta mil detenciones, resultados mucho más significativos que en todos los años anteriores. No obstante, Náme Villa del Ángel, periodista comprometido y presidente de la Asamblea Ecologista Popular, advierte: “La caída de un jefe de cártel nunca ha detenido el mercado de la droga”.

La captura mortal del narcotraficante más buscado de México ha servido sobre todo para enviar una señal contundente a Estados Unidos: el CJNG, clasificado como organización terrorista por Washington desde 2025, era un objetivo prioritario. De hecho, México está sometido a la presión constante de su vecino para que luche contra el tráfico de drogas, con Donald Trump amenazando con sus aranceles e incluso con una intervención militar en el país. Villa del Ángel ve en ello “una forma de intervencionismo” derivada de una “política imperialista en América Latina”.

El inquilino de la Casa Blanca reaccionó al suceso animando a México a “intensificar sus esfuerzos contra los cárteles de la droga” que controlan “grandes zonas del país”. La operación es en sí misma el resultado de una mayor cooperación bilateral, basada en el intercambio de información, la única forma aceptable para México, que defiende su soberanía y rechaza cualquier presencia militar estadounidense en su territorio. De hecho, fue la información proporcionada por las agencias estadounidenses la que permitió al ejército localizar con precisión a Oseguera.

El espectro de la violencia futura

En el aeropuerto de Guadalajara, Thalia, una mexicana de Culiacán, quedó sorprendida por la alerta de seguridad. Con su vuelo cancelado, nos habla de la inseguridad que reina en su ciudad debido al cártel de Sinaloa, inmerso en una guerra interna: “No sé si prefiero estar aquí o allí.” En 2019, el “Culiacanazo”, la primera captura de Ovidio Guzmán López, hijo de “El Chapo”, ya había sumido a la ciudad en el caos.

Esta vez, la muerte de El Mencho ha tenido un impacto mucho más allá de Jalisco: se han visto afectados una veintena de Estados. Eunice Rendón, experta en seguridad en México, explica: “Es un cártel que ha reclutado a otros grupos más pequeños como brazos armados locales, por lo que hoy en día su expansión territorial es la más importante”.

Organizado como una empresa multinacional, el cártel lleva a cabo actividades descentralizadas y muy diversificadas. Muy implicado en la producción y el tráfico de drogas como la cocaína, las metanfetaminas y el fentanilo, que generan cada año millones de dólares según la DEA, la agencia antidroga estadounidense, también ha “diversificado sus actividades y blanqueado parte de sus ingresos delictivos, en particular a través de las redes de extorsión”, añade la experta.

El CJNG mantiene un sistema que abarca el fraude, el tráfico de armas y combustible, la trata de personas, la agricultura con la producción de aguacates y el sector inmobiliario turístico. Pero la historia del crimen en México demuestra que la caída de un líder rompe el statu quo y suele abrir la puerta a la violencia.

Hay una gran incertidumbre sobre la sucesión de El Mencho. La lista de posibles candidatos ya está completa: “El Jardinero”, “El Sapo”, “El Doble R”, etc. A ellos se suman los miembros de la familia: el yerno Juan Carlos Valencia parece ser el favorito, mientras que Rubén Oseguera, su hijo natural, cumple cadena perpetua en Estados Unidos y su hermano Antonio Oseguera, conocido como “Tony Montana”, fue extraditado a Estados Unidos en febrero de 2025. Su viuda, Rosalinda González Valencia, recién salida de prisión en México, también tiene una carrera delictiva.

Los observadores temen que el CJNG se fragmente, un riesgo aún mayor dada la descentralización del grupo: “Podría producirse una atomización si los líderes no logran ponerse de acuerdo, lo que provocaría violencia local y luchas por el control de las rutas y los territorios en cada región.”

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Para Eunice Rendón, lo que suceda a continuación dependerá de la actuación del Gobierno mexicano en los próximos meses, que deberá combinar la coordinación federal y local para seguir “debilitando al grupo criminal tanto a nivel operativo como financiero”.

 

Traducción de Miguel López

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