Los oligarcas rusos evitan las sanciones vendiendo obras de arte en Nueva York

El presidente ruso Vladimir Putin en una cena en el Kremlin.

Patricia Neves (Mediapart)

Nueva York —

En Sotheby’s, en Nueva York, la subasta que se celebró el 8 de mayo de 2014 sigue figurando en los anales de la historia. Esa operación produjo entonces un resultado de casi 60 millones de euros. Todo un récord. Aquel día se pusieron en venta obras de maestros del impresionismo y un comprador, por teléfono, se mostró especialmente interesado en una serie de cuadros.

En la lista figuraban una obra del famoso Marc Chagall o una naturaleza muerta menos conocida del pintor francés Georges Braque. Para conseguir esos lienzos, el comprador que está al teléfono, un tal Gregory Baltser, está dispuesto a ofrecer mucho dinero. Cerca de siete millones de dólares de golpe. Sobre la marcha, ofreció igualmente 55.000 dólares (45.000 euros) por La Sieste, del pintor francés Émile Othon Friesz.

En esa época, Gregory Baltser gozaba de una buena reputación en el mundillo del arte y era un cliente fijo “que compra en nombre propio”, según dijo el responsable de riesgos de Sotheby’s a las autoridades norteamericanas. Los siete millones de euros no tardaron en llegar a la cuenta de la gran casa norteamericana de subastas, que sería comprada por Patrick Drahi en 2019. El señor Baltser pagó todo en un mes y con una sola transferencia.

Pero no todo el mundo tiene la misma versión de lo que pasó ese día de mayo del 2014. Para la empleada de Sotheby’s que atendió a Baltser por teléfono en la venta de los cuadros estaba claro que ese ciudadano americano domiciliado en Moscú no compraba por su cuenta. La empleada dice que oyó por el teléfono “la voz de fondo de otro ruso” que parecía dar órdenes.

“El otro ruso”, el verdadero beneficiario de los cuadros vendidos por Sotheby’s, no sería identificado hasta el verano de 2020. Indagando sobre el origen de los fondos que pagaron los cuadros, el Comité de Investigación del Senado americano fue a dar con Arkady Rotenberg, de 70 años, un amigo de la infancia del presidente ruso Vladimir Putin. Porque Arkady Rotenberg no es un desconocido. Su fortuna personal se eleva a 2.000 millones de dólares según la revista Forbes.

Rotenberg dice ser propietario de un inmenso palacio a orillas del Mar Negro que, según el opositor Alexei Navalny, pertenece en realidad a Putin. Arkady Rotenberg figura en Estados Unidos entre los primeros hombres del Krenlim sancionados por la administración Obama en 2014, como consecuencia de la anexión de Crimea.

Él, personalmente, se benefició de esa anexión. Entre los gigantescos contratos públicos que ha conseguido gracias a Putin está la construcción de un puente que une, por vía terrestre, Rusia y la Crimea anexionada, por un precio de 3.800 millones de dólares. Un proyecto muy apreciado por Putin, que acudió a la inauguración de la infraestructura cuando se entregaron las obras.

En total, según el Senado americano, Arkady Rotenberg habría blanqueado, a través del mercado del arte, unos 18 millones de dólares después de que hubiera sido sancionado en 2014. Y, según lo que indica el Internal Revenue Service (IRS), el fisco federal americano, la situación podría haber continuado. “Trabajando con entidades encargadas de aplicar la ley (...), el IRS ya está investigando a oligarcas rusos y a quienes facilitan movimientos ilegales de dinero o de activos en su nombre”, explica el 16 de marzo un informe conseguido por el New York Times.

El IRS dice que desde 2017 ha venido participando en unas veinte investigaciones sobre el dinero sucio de los cronies (compañeros) de Vladimir Putin. El IRS, que ha sido llamado a participar en la nueva task force KelptoCapture, anunciada por el presidente Joe Biden a principios de marzo, enfocada específicamente a los oligarcas rusos, solicitó el pasado 16 de marzo ante el Congreso una prorroga presupuestaria.

“Divorcio, deudas y fallecimientos” como pilares de las ventas

Además de los fallos en los controles implantados voluntariamente por firmas como Sotheby’s o Christie’s, en el mercado secundario de la reventa de obras de arte más de la mitad de las transacciones se hacen a través de ventas privadas, a menudo fuera de las galerías, ferias o subastas. “Este tipo de transacciones privadas se realizan en una especie de trastienda, por lo que suele ocurrir que la transacción no aparezca en registro alguno”, explica a Mediapart John Zarobell, especialista en mercados de arte y profesor de relaciones internacionales de la Universidad de San Francisco.

“Si estás en el mercado desde hace mucho tiempo, es probable que sepas quien ha comprado qué”, dice. “Pongamos que eres un veterano de las grandes firmas de subastas o que regentas una galería. Lees en el periódico que fulano de tal se ha divorciado y sabes que en su comedor tiene un buen paisaje fauvista. Sabes también que un oligarca ruso anda buscando uno. ¿Qué haces? Pues les pones a los dos en contacto. Este tipo de tratos ocurren constantemente”. Para John Zarobell, “Divorcio, deudas y fallecimientos son los tres principales pilares de las ventas en el mercado actual”·

El mercado es tan opaco que incluso lleva a los oligarcas rusos, irónicamente, a quejarse cuando creen que han sido engañados, como le pasó al oligarca bien conocido en Francia Dmitri Rybolovlev, que acusó a su art adviser de haberle robado. Si el mercado del arte “fuera más transparente”, nada de eso habría pasado, lamenta Rybolovlev después de haberlo denunciado hace casi siete años.

En Estados Unidos, varias razones explican la falta de regulación en el mercado del arte, limitado tardíamente, también en Europa, en 2020. En primer lugar, la falta de voluntad política. Más allá del “éthos que prevalece en Estados Unidos”, es decir, que “todo lo que no está prohibido está permitido”, hay razones puramente presupuestarias, según analiza Herbert Lazerow, profesor de derecho en la Universidad de San Diego.

“No tienes el suficiente dinero o agentes para aplicar todo lo que el Congreso puede autorizarte a hacer”, explica a Mediapart. Eso es lo que ha venido a decir el Internal Revenue Service en el Congreso el pasado 16 de marzo. El IRS estima que hace falta aumentar el personal de su unidad de investigación (3.000 agentes) en un 40% en los próximos cinco años. Para ellos el desafío es inmenso.

El valor total de las ventas en el mercado del arte alcanzó, a pesar de la pandemia, los 50.000 millones de dólares en 2020. Aparte de las ventas privadas, en los puertos francos -donde el arte puede cambiar de manos sin dejar rastro- el sector parece además moverse en espacios aún menos regulados, como es el caso en Internet de los token no fungibles (NFT), títulos de propiedad de objetos de arte digitales, por ejemplo, pagados en criptomonedas sin ningún control.

A Gregory Baltser, el buen cliente de Sotheby’s en Nueva York, le han cerrado su cuenta bancaria después de haber estado percibiendo a través de ella 10.000 dólares al mes de Arkady Rotenberg por sus buenos servicios como art adviser. En 2014, para pagar la factura de los cuadros, había utilizado un montaje financiero que implicaba a tres sociedades pantalla de las cuales una estaba registrada en Belize pero al parecer gestionada desde Londres por un ciudadano británico. Esas sociedades pantalla estaban alimentadas por Milasi Engineering, un grupo que pertenece a Arkady Rotenberg, el amigo de la infancia y compañero de judo de Putin.

Sin embargo Gregory Baltser no ha dejado de actuar en el mercado del arte, solo ha cambiado de banco. En 2018 comenzó a operar desde Ereván, en Armenia.

Traducción de Miguel López

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