TikTok y Meta desmantelan sus equipos de moderación en Europa
Otro recorte drástico, uno más. El 1 de julio, TikTok anunció su intención de suprimir 667 puestos de trabajo en Irlanda, lo que representa el 40% de su plantilla en el país, donde tiene su sede europea, al igual que la de otros gigantes digitales, atraídos por una fiscalidad y una legislación muy favorables para ellos, empezando por un tipo impositivo del 12,5%, la mitad que en Francia.
Los despidos afectarán principalmente a los equipos del departamento Trust and safety, encargado de la política de moderación y seguridad de la red social china para Europa, pero también para todo Oriente Medio y América Latina.
Este anuncio se produce cuando la Comisión Europea ha abierto un procedimiento contra la empresa, que no ha respondido a nuestras preguntas. El 4 de julio, Bruselas acusó a la red social favorita de los más jóvenes de incumplir sus obligaciones en materia de protección de menores, lo que genera riesgos de ciberacoso y de exposición a posibles depredadores. Si no se adoptan medidas correctoras, esto podría dar lugar a una multa potencialmente elevada.
El proceso se perfila rápido y brutal: el sindicato local del sector tecnológico, Data-CWU, prevé que los primeros despidos tengan lugar a principios de agosto y, en una carta abierta, se muestra preocupado por “un impacto desproporcionado en el personal” especializado.
“Es en Dublín donde se diseña, gestiona y aplica la seguridad para gran parte del mundo […]. Entre los puestos amenazados se encuentran los especialistas que redactan las normas que definen lo que está permitido; los expertos en mercados e idiomas que comprenden el contexto local; […] los especialistas que se ocupan de los peligros más graves, que van desde los contenidos de pornografía infantil y la captación con fines de abuso sexual de menores hasta el extremismo violento, pasando por la autolesión”, enumera el texto.
Para TikTok, estos despidos del personal encargado de la moderación de contenidos no son nada nuevo. El 22 de agosto de 2025, fueron despedidas las 300 personas encargadas de estas tareas desde Londres, unas semanas después de los equipos de los Países Bajos (300 personas) y de Alemania (150 personas), así como los de varias sedes de Asia y África a lo largo de 2025. En un correo electrónico interno al que ha tenido acceso el Financial Times, la empresa confirmaba entonces su intención de “concentrar [sus] actividades en un número reducido de sedes en todo el mundo”.
Huelgas y manifestaciones en Dublín
Esta política no es exclusiva de TikTok. Meta, la empresa matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp, también con sede en Dublín para sus operaciones en Europa y Oriente Medio, lleva un año aplicando la misma lógica. Covalen, su principal subcontrata para la moderación de contenidos, anunció en primavera que iba a despedir a 720 personas.
Debido a la legislación laboral relativamente laxa de Irlanda, unas 400 personas no recibirán ninguna indemnización, ya que han trabajado menos de dos años para Covalen. La situación desencadenó varias manifestaciones y breves huelgas en Dublín durante el mes de mayo. Este tipo de revueltas son muy poco frecuentes en un país donde las empresas no están obligadas a reconocer a los sindicatos y donde la cultura de la negociación colectiva es, por tanto, escasa.
“En Dublín muchas personas se ven afectadas por estas oleadas de despidos, pero no hay muchas protestas oficiales”, explica Sean Burke, un moderador que se ha convertido en activista contra Meta y que fue despedido en 2019 de CPL, la empresa matriz de Covalen.
Las personas despedidas suelen tener que respetar un periodo de seis meses de incompatibilidad (cooling-off period) durante el cual no tienen derecho a trabajar en otra empresa subcontratista de la misma compañía. “Y la gente tiene miedo de que la pongan en la lista negra si habla, porque el mercado laboral está muy concentrado”, subraya Sean Burke.
Junto con varias decenas de exempleados de Covalen, este exmoderador convertido en figura pública se ha embarcado en una lucha más personal, solicitando a la justicia que condene a Meta y a CPL por el trauma psíquico que, según afirma, sufrió mientras trabajaba para ellas.
Graves trastornos psíquicos
Violencia física, asesinatos, contenido pedopornográfico, maltrato animal… Los moderadores de las grandes plataformas describen, de hecho, de forma unánime, los cientos de imágenes que ven cada día como algo especialmente difícil de soportar y que provoca daños a largo plazo.
“Los trabajadores que estaban al servicio de Meta o TikTok sienten rabia, no solo por los despidos, sino también por todo lo que han tenido que soportar en su trabajo, todas las imágenes terribles a las que se han tenido que enfrentar”, dice indignado Sean Burke.
En otros lugares ocurre lo mismo. Neil Seghier, doctorando en la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales (EHESS, París), lleva desde 2018 realizando un seguimiento de los moderadores de Facebook en Barcelona. En la famosa torre Glòries de la capital catalana trabajaban unos 2.000 moderadores, contratados por la subcontratista Telus, y el 3 de abril de 2025 fueron despedidos en cuestión de horas.
El centro de Facebook se encargaba de supervisar los mercados español y latinoamericano (a los que estaba asignada la mitad de la plantilla), pero también los mercados francófonos, lusófonos, italianos, neerlandeses y escandinavos. Por lo tanto, allí trabajaba una gran proporción de extranjeros, a menudo en condiciones precarias.
“Despedirlos es negar el trabajo de quienes han pasado años etiquetando las imágenes que se les enviaban, hasta 400 al día, y que a menudo han sacrificado su salud al desarrollar graves trastornos psíquicos: trastornos de ansiedad, paranoia, agorafobia, síntomas de estrés postraumático, etc.”, enumera el investigador, que ha mantenido numerosas entrevistas con ellos.
Según el periódico La Vanguardia, al menos el 20% de los trabajadores de Telus en Barcelona estaban de baja por enfermedad, sobre todo debido a problemas de salud mental. 350 de estos exempleados han acudido al despacho del abogado barcelonés Robert Castro para interponer varias demandas judiciales con el fin de que se reconozcan esos daños.
¿Es eficaz la IA?
Tanto en Barcelona como en Dublín, las plataformas aseguran que los recortes de puestos de trabajo en el ámbito de la moderación se compensarán con un alto grado de automatización y, en particular, mediante el uso de inteligencia artificial generativa, capaz de detectar contenidos problemáticos, clasificarlos y, a continuación, decidir si deben retirarse o mantenerse publicados.
Pero las herramientas automáticas “no redactan las directrices, no juzgan los casos —que siempre dependen del contexto— y no mantienen relaciones con los reguladores ni con la sociedad civil”, recuerda el sindicato Data en su carta abierta. Es más, “el mayor recurso a la automatización refuerza la necesidad de personal cualificado para definir las normas que deben seguir estos sistemas, verificar sus errores y tramitar los recursos”.
“En mi opinión, se trata de una maniobra publicitaria que, sobre todo, enmascara un cambio organizativo para deshacerse de trabajadores que se están volviendo un estorbo y trasladar el trabajo a la periferia: hacia una situación laboral, o incluso un país, con más precariedad y menos remuneración”, opina Thomas Le Bonniec, doctorando en Sociología que investiga a los trabajadores de la IA; en 2019, desde su puesto en un subcontratista de Apple con sede en Cork (Irlanda), este investigador contribuyó a revelar que el gigante californiano escuchaba, a través de su asistente de voz Siri, las conversaciones de sus usuarios.
De hecho, el centro de la torre Glòries había sido investigado por parte de la justicia española. En 2024, Telus fue condenada por discriminación, ya que sus moderadores recibían remuneraciones diferentes en función de la zona del mundo que cubrían. Ese mismo año, la empresa también fue condenada a reconocer que el sufrimiento psicológico de un moderador constituía un accidente de trabajo.
Y justo después de cerrar su centro de Barcelona, Telus aumentó considerablemente la plantilla de sus centros de Sofía, en Bulgaria, y de Guatemala…
Para el investigador Neil Seghier, “la actividad de moderación es también, siempre, una actividad de etiquetado”, necesaria para “etiquetar” los modelos de IA generativa
Neil Seghier comparte este escepticismo respecto a la capacidad real de la IA para llevar a cabo una verdadera labor de moderación. “Sí, técnicamente es posible automatizar la moderación utilizando algoritmos con gran potencia computacional”, analiza. “Pero, ¿con qué resultado? Evaluar el contenido de una imagen es, en gran medida, una cuestión de contexto. Siempre hay diferencias de percepción entre las personas encargadas de evaluar. Y, aunque deben basarse en la normativa vigente, este tipo de documentos tiene varios cientos de páginas, y las palabras también están siempre abiertas a interpretación”.
En los últimos meses de actividad de Telus en Barcelona, se había implantado una herramienta de IA destinada a ayudar al moderador en la toma de decisiones. “Para los más optimistas, la IA acertaba la mitad de las veces. Para los más contrarios, normalmente los trabajadores con más años de experiencia, esta herramienta se equivocaba siempre”, señala Neil Seghier.
Además, subraya el investigador, “la labor de moderación es también, siempre, una labor de etiquetado”, necesaria para “entrenar” los modelos de IA generativa. Por lo tanto, los seres humanos no pueden desaparecer de la ecuación.
Irlanda, muy cercana a los gigantes digitales
Los últimos despidos masivos anunciados por TikTok brindan a Thomas Le Bonniec la oportunidad de insistir en la situación tan particular de Irlanda. “El país es un ejemplo flagrante de captura regulatoria por parte de las empresas tecnológicas”, opina. “Es una zona sin ley, no solo en lo fiscal o legal, sino también un lugar de explotación de los trabajadores de datos y de los encargados del etiquetado de datos”.
Desde hace ya más de 15 años, el país ha decidido atraer por todos los medios a los gigantes tecnológicos. En primer lugar, permitiéndoles prácticas de optimización fiscal extremadamente generosas. Hasta que en 2024, tras ocho años de batalla legal, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea condenó definitivamente a Apple a pagar 13.000 millones de euros a Irlanda, al considerar ilegales sus acuerdos fiscales con el país. La mayor liquidación tributaria de la historia de Europa y una situación incómoda para el Gobierno irlandés, que había hecho todo lo posible para que la empresa no le pagara los impuestos que le debía.
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A lo largo de los años no han faltado muestras de cercanía entre el ejecutivo local y el sector digital. ¿Un ejemplo casi caricaturesco? Helen Dixon, que fue entre 2014 y 2024 la todopoderosa directora de la comisión de protección de datos, pasó a ser en 2026 consultora del bufete de abogados de Meta. Un tema espinoso, si se tiene en cuenta que Dixon siempre mostró grandes reticencias a sancionar a Meta cuando ocupaba su antiguo cargo. Cargo en el que fue sustituida por tres personas, entre ellas el exjefe del lobby de Meta en Europa.
Desde el 1 de julio y hasta finales de año, Irlanda ocupa la presidencia rotatoria del Consejo de la Unión Europea. En este contexto, sus dirigentes tendrán que organizar y supervisar varias negociaciones delicadas relacionadas con el mundo digital. El 10 de julio, más de 60 académicos firmaron un artículo de opinión en el Financial Times para pedirles que se mantuvieran al margen de cualquier debate sobre estos temas, dada su documentada y manifiesta cercanía con las empresas que dictan las reglas en este sector. No sirvió de mucho. El 11 de julio, Peter Burke, ministro de Economía irlandés, cenó con representantes de Meta en la residencia del embajador estadounidense. Y el 29 de julio, el primer ministro Micheál Martin declaró en rueda de prensa, contrariamente a lo habitual, que no estaba seguro de que un impuesto sobre los servicios digitales —que se está elaborando para financiar el presupuesto europeo— fuera una buena idea.
Traducción de Miguel López