Trump desafía al Vaticano, se enfrenta al papa y abre una grieta en el corazón del electorado republicano

Joseph Confavreux (Mediapart)

Ya sabíamos, por la avalancha de mensajes escritos en mayúsculas en la plataforma Truth Social del presidente de los Estados Unidos, que la jactancia y el sentimiento de superioridad de la Administración Trump podían rayar en el delirio. Ya fuera delirio estratégico o psicótico.

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Pero el enfrentamiento de estos últimos días entre la Casa Blanca y el Vaticano, después de que el papa León XIV afirmara que “dios nunca está del lado de quienes empuñan la espada”, añade más vértigo al asunto. Tanto sobre la propia naturaleza de esta presidencia como sobre una estrategia política que divide a un bando republicano, en crisis de fe y/o preocupado por las elecciones de medio mandato de noviembre, en un país que cuenta con más de 50 millones de católicos.

Ese vértigo proviene, en primer lugar, del tono y de los autores de los ataques contra el sumo pontífice. De hecho, fue el vicepresidente, J. D. Vance, a pesar de ser presentado habitualmente como “el adulto en la sala” de la Casa Blanca, quien declaró, el martes 14 de abril durante un viaje a Georgia, que el papa debía “ser muy prudente con los temas de teología”.

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Añadió a continuación que “existe una tradición milenaria de la teoría de la guerra justa”. Y poniendo como ejemplo la Segunda Guerra Mundial: “¿Acaso no estaba dios del lado de los estadounidenses que liberaron a Francia de los nazis? ¿No estaba dios del lado de los estadounidenses que liberaron los campos del Holocausto?”. Anteriormente había exhortado al Vaticano a “limitarse a las cuestiones morales”.

J. D. Vance, que se presenta a la vez como el intelectual y el futuro del trumpismo, alardea de teología desde su conversión al catolicismo, que relató extensamente en la revista católica estadounidense The Lamp, texto en el que afirmaba inspirarse en La Ciudad de Dios, de San Agustín, pero también en el pensamiento del filósofo católico francés René Girard (1923-2015).

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Pero de ahí a enfrentarse al propio papa en el terreno de la teología, como también hizo Mike Johnson, el líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, al evocar él también la “doctrina de la guerra justa”, que el papa “no entendería”...

Estas lecciones de exégesis de los textos del canon católico dirigidas a León XIV por miembros destacados de la Administración Trump resultan aún más pasmosas si se tiene en cuenta que la doctrina denominada de la “guerra justa” tiene su origen en los escritos de San Agustín (354-430).

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San Agustín, teórico de la guerra justa y mentor de León XIV

Porque León XIV, nacido en Chicago, es el primer miembro de la orden de San Agustín en ocupar el trono de Pedro. Pronunció sus votos solemnes en el seno de esta orden antes de convertirse, durante más de diez años, en su prior general. Y, en su primer discurso tras su elección como papa en mayo de 2025, se presentó como ”un hijo de San Agustín, un agustino”.

De hecho, para rendir homenaje al teólogo nacido en Tagaste, en lo que entonces era “la África romana”, antes de convertirse en obispo de Hipona, ciudad situada en el noreste de la actual Argelia, el papa se desplazó a este país el lunes 13 de abril para iniciar una gira de dos semanas por diferentes países de África.

Resulta difícil, pues, más allá de la cuestión de si se reconoce la autoridad papal en materia de teología, encontrar entre los prelados católicos vivos a mejores conocedores del pensamiento de San Agustín que León XIV.

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Aunque la doctrina de la “guerra justa” extrae efectivamente parte de sus justificaciones de los escritos de San Agustín, el actual papa no distorsiona el pensamiento de su mentor espiritual al predicar por la paz y no por la guerra, ya que esta “doctrina” constituye en realidad un corpus de textos interpretados y reinterpretados a lo largo de los siglos de maneras diferentes e incluso contradictorias.

¡Basta ya de idolatría de uno mismo y del dinero! ¡Basta ya de demostraciones de fuerza! ¡Basta ya de guerra!

Al término de esa exégesis multisecular, se estima que el predecesor de León XIV, el papa Francisco, habría abolido definitivamente el principio de la “guerra justa” en su encíclica Fratelli Tutti (2020), en la que escribía, entre otras cosas: “Ya no podemos por tanto pensar en la guerra como una solución, dado que los riesgos probablemente siempre serán mayores que la hipotética utilidad que se le atribuye. Ante esta realidad, hoy en día resulta muy difícil defender los criterios racionales, madurados en otros tiempos, para hablar de una posible ‘guerra justa’. Nunca más la guerra”.

Pero esa interpretación es objeto de debate, especialmente en lo que respecta a la posible utilización de las armas en situaciones de legítima defensa. Sea como fuere, León XIV sigue estrictamente los pasos de sus predecesores, aunque sea con términos particularmente enérgicos, cuando dice, como lo hizo durante una vigilia de oración el 11 de abril: “¡Basta ya de idolatría de uno mismo y del dinero! ¡Basta ya de demostraciones de fuerza! ¡Basta ya de guerra!”.

“¡Nunca más la guerra!” era, de hecho, el lema lanzado ya por Pablo VI, elegido papa en 1963 y fallecido en 1978, artífice del Concilio Vaticano II, durante su primera visita a la ONU. Lema que fue retomado por Juan Pablo II en el momento de la invasión de Irak en 2003.

Aunque el llamamiento a la paz y el rechazo de la guerra son, por tanto, constantes en las palabras papales desde el final de la Segunda Guerra Mundial, se puede considerar, no obstante, que el actual papa, buen conocedor de la política estadounidense, apunta tanto de forma discreta como directa a la Casa Blanca cuando afirma: “Ay de aquellos que desvían las religiones y el propio nombre de dios hacia sus propios fines militares, económicos y políticos, arrastrando lo que es santo hacia lo más sucio y tenebroso”.

Teología y exabruptos

En efecto, Donald Trump, y sobre todo su secretario de Guerra, Pete Hegseth, han recurrido en varias ocasiones a la referencia religiosa para justificar la actual guerra en Irán, incluso a costa de que parezca una nueva cruzada. El presidente estadounidense, en cualquier caso, así lo ha entendido, a través de sucesivas reacciones de las que sin duda vale la pena citar una recopilación, no tanto porque esbozen un argumento, sino porque que son en alguna medida emblemáticas del vórtice sin fondo y sin fin en el que el planeta se ve sumido desde Washington.

“El papa León es DÉBIL frente a la delincuencia, y catastrófico en materia de política exterior”; “León no estaría en el Vaticano si yo no estuviera en la Casa Blanca”; “No quiero un papa que critique al presidente de los Estados Unidos, porque estoy aquí exactamente para lo que fui elegido, POR MAYORÍA APLASTANTE, es decir, para reducir la delincuencia a niveles históricamente bajos y crear el mayor mercado bursátil de la historia”; “No entiende y no debería hablar de guerra, porque no tiene ni idea de lo que está pasando”; “Omite mencionar el MIEDO que sintió la Iglesia católica —así como todas las demás organizaciones cristianas— durante la pandemia del covid, cuando se detenía a sacerdotes, pastores y fieles por celebrar servicios religiosos”…

Donald Trump también difundió una imagen generada por inteligencia artificial —ya retirada— en la que se le ve, con una túnica blanca y roja, cual Cristo, posando su mano sobre la frente de un herido acostado en una cama de hospital, con una bandera estadounidense, la Estatua de la Libertad, y con aviones de combate y águilas de fondo.

Aunque, como era de esperar, esas declaraciones ponen de manifiesto el gusto desmedido por el sensacionalismo, la ausencia total de autocontrol y la fanfarronería sin límites del inquilino de la Casa Blanca, la virulencia de esos ataques, unida a la impugnación de la palabra del Vaticano en materia teológica por parte del vicepresidente, ha suscitado una protesta sin precedentes en el bando republicano.

Fracturas en el bando republicano

La teología, “¿no es esa la labor del papa?”, preguntó John Thune, líder de la mayoría republicana en el Senado. David Schweikert, republicano de Arizona en la Cámara de Representantes, se declaró por su parte “profundamente decepcionado por las declaraciones presidenciales” sobre el tema. La senadora republicana por Maine, Susan Collins, consideró que las declaraciones de Trump eran “ofensivas para millones de católicos”.

Y el republicano Brian Fitzpatrick, representante por Pensilvania en la Cámara, criticó la idea planteada por Trump de que León XIV le debía su elección: “Sugerir que un papa, de una forma u otra, accedió a la Santa Sede gracias a un político es absurdo”.

Fitzpatrick y Collins tienen en común ser representantes de circunscripciones muy disputadas que bien podrían volver a caer en manos demócratas en las elecciones de medio mandato este otoño.

Más allá de los políticos republicanos, la fractura del bando trumpista sobre el tema se ha extendido a ciertas figuras mediáticas clave en el ecosistema de la opinión pública republicana. El influyente podcaster Tucker Carlson se burló del presentador de Fox News Sean Hannity por haber afirmado que León XIV “parecía más preocupado por promover políticas de izquierdas que por enseñar el verdadero mensaje de Jesucristo”, llegando incluso a preguntarse si había “leído alguna vez la Biblia”. “Hay que tener realmente la mentalidad típica de los canales 24 horas para decirle al papa: ‘Oye, ¿alguna vez has leído la Biblia?’”, comentó Carlson, contrario a la guerra en Irán.

El sábado 18 de abril, en el avión que le llevaba de Camerún a Angola, el papa León XIV quiso poner fin a esta secuencia de enfrentamiento retórico. Lamentó que algunas de sus declaraciones realizadas durante su viaje a África (en particular, había criticado en Bamenda, en el noroeste de Camerún, asolado por la guerra civil, que “el mundo estuviera siendo devastado por un puñado de tiranos”) se interpretaran como una respuesta a las críticas de Donald Trump o de su Administración. “Volver a debatir no le conviene”, aseguró.

¿Un papa anti-Trump?

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No está claro que esto baste para calmar a una Casa Blanca en plena vorágine. Sus intentos de exégesis teológica revelan implícitamente su fragilidad en relación con la guerra en Irán, lejos de ser la “pequeña excursión” prometida y que se traduce en Estados Unidos en un aumento de los precios en las gasolineras, potencialmente devastador en las urnas.

 

Traducción de Miguel López

Ya sabíamos, por la avalancha de mensajes escritos en mayúsculas en la plataforma Truth Social del presidente de los Estados Unidos, que la jactancia y el sentimiento de superioridad de la Administración Trump podían rayar en el delirio. Ya fuera delirio estratégico o psicótico.

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