Rezos multitudinarios y una consejera espiritual omnipresente: retrato de la Casa Blanca más "religiosa"

Donald Trump se reúne con miembros de la Oficina de Asuntos Religiosos de la Casa Blanca en el Despacho Oval, el jueves 5 de marzo de 2026.

Estados Unidos es un país mayoritariamente cristiano. El 62% de la población se identifica como tal, unas 162 millones de personas, más que en ningún otro lugar del mundo. Por subgrupos, el 40% de los adultos son protestantes y el 20%, católicos. Son números que llevan años en declive constante, pero aún así son significativos, especialmente porque los cristianos de EEUU aseguran que lo llevan a la práctica —dos tercios dicen que rezan a diario— y porque frente a lo que está pasando en otros lugares, la mitad del país dice que la religión es muy importante para ellos —en España, el 22% dice lo mismo, y ese porcentaje baja al 11% en Francia y al 10% en Reino Unido—.

Por ese motivo, y aunque Estados Unidos es, oficialmente y en base a la Constitución, un Estado aconfesional, dios siempre ha estado muy presente en la Casa Blanca. Pero Donald Trump ha decidido exhibir el cristianismo más que ningún otro presidente reciente. La religión está presente en cada intervención y en casi cada mensaje del actual presidente, en cada evento y cada entrevista. En despliegues multitudinarios, imágenes grandilocuentes, publicaciones de redes sociales y decoraciones. Según algunos medios, Trump menciona a dios casi tres veces más que la media de sus predecesores, con la intención de movilizar el voto de esos cristianos.

Al mismo tiempo, la Casa Blanca ha justificado sus ataques a Irán por la fuerte relación entre su Gobierno y la religión. "Son fanáticos religiosos", ha dicho el secretario de Estado, Marco Rubio, en distintas ocasiones, llamando también a los líderes iraníes "lunáticos fanáticos religiosos". En una entrevista en CBS News, el secretario de Defensa afirmó que EEUU está "combatiendo a fanáticos religiosos que están buscando tener capacidad nuclear para un Armagedón religioso". En otras intervenciones, ha defendido que dios ha "escogido bando" en la "guerra santa" de EEUU contra Irán y ha criticado a los medios "antipatrióticos", comparándolos con los fariseos.

La última muestra de este gran cóctel de política y religión tuvo lugar la semana pasada, cuando Trump publicó en su red social una imagen generada con inteligencia artificial que lo representaba a él como Jesucristo, en un posible ataque contra el papa León XIV, que había criticado la guerra en Irán. La imagen ha provocado el enfado de muchos cristianos e incluso de su aliada, la presidenta de Italia, Giorgia Meloni, y ha obligado al presidente estadounidense a retirarla diciendo que creía que era una creación de un artista y que lo mostraba como a un médico, no como a dios.

Pero más allá del polémico incidente, merece la pena analizar hasta qué punto la Casa Blanca de Trump está escenificando su actividad religiosa, muy por encima de los últimos gobiernos estadounidenses.

El exhibicionismo religioso siempre presente

Es cierto que las imágenes religiosas en la Casa Blanca no son cosa de Trump. Nixon celebró misas que él mismo ofició, y Obama protagonizó imágenes multitudinarias que pasaron a la historia. Pero Trump lo ha llevado a otro nivel. Nunca otro presidente había hecho tanto esfuerzo para situar la religión en el centro de su Gobierno. El año pasado, durante la Semana Santa, impulsó celebraciones diarias como nunca antes, incluyendo la visita de su vicepresidente al Vaticano

No importa que solo el 5% de los estadounidenses considere que Trump es muy religioso, frente al 70% que cree que es poco o nada religioso. O quizá precisamente por eso.

El relato del intento de asesinato

Donald Trump no es conocido por asistir a la Iglesia, y en ocasiones ha demostrado no conocer demasiado la Biblia ni las creencias y costumbres del cristianismo. Pero sobrevivió al intento de asesinato del verano del 2024 en Butler, Pensilvania, y muchos de sus seguidores creen que fue un milagro divino. Tres meses después, ganó las elecciones. Desde entonces, la religión tiene un papel aún más predominante en la Casa Blanca.

"Estoy vivo por una fracción de pulgada. Creo que sobreviví a ese día en Butler por una muy buena razón. Me salvó dios para hacer a América grande de nuevo, lo creo así", dijo el presidente el año pasado durante su discurso ante el Congreso, una versión que repite ya en casi cada intervención pública.

La Oficina de la Fe de la Casa Blanca

Trump ha instalado en el Ala Oeste la Oficina de la Fe de la Casa Blanca, un departamento del Gobierno que ya existía pero que ahora tiene un papel predominante como nunca antes. Está liderada por su pastora personal, Paula White-Cain, que dirige rezos que se retransmiten en directo y cenas con otros pastores simpatizantes del presidente, entre muchos otros eventos. Según una orden ejecutiva firmada por Trump, la oficina está dedicada a "combatir el antisemitismo, el anticristianismo y otras formas de sesgo antirreligioso".

En concreto, la oficina busca "perseguir con todo el rigor la violencia y el vandalismo anticristiano en nuestra sociedad" y "hacer todo lo posible para defender los derechos de los cristianos y los creyentes religiosos en todo el país". "Si no tenemos libertad religiosa, entonces no tenemos un país libre. Probablemente ni siquiera tengamos un país", dijo Trump en el anuncio. 

Asimismo, su objetivo es revertir el "patrón que pone en el punto de mira a los cristianos pacíficos" y el hecho de "ignorar las ofensas anticristianas"  que, según él, se produjo durante el mandato de Joe Biden, en alusión a las condenas impuestas a manifestantes que bloquearon el acceso a clínicas abortivas. Como parte de esa orden, el Departamento de Estado pidió a sus empleados que comunicasen cualquier indicio de "sesgo anticristiano" de sus compañeros.

"Estamos haciendo historia, nunca ha habido una Oficina de la Fe en el Ala Oeste trabajando en políticas y con el presidente, queremos asegurarnos de que honramos la Pascua de la manera en que debe honrarse y no como hicieron otros presidentes”, ha asegurado la directora de la oficina, Jenny Korn, en televisión. “Tuvimos un enorme almuerzo con el presidente de EEUU que iba a estar solo diez minutos y se quedó más de una hora. Había más de 100 líderes religiosos de todo el país y nos habló desde su corazón de todas las cosas que están pasando en el mundo y después honró a Jesucristo, fue increíble".

Una polémica asesora espiritual

Paula White-Cain, asesora espiritual de Trump y amiga suya desde el año 2000, es una figura que provoca frecuentes polémicas por sus declaraciones. En distintas entrevistas, ha asegurado que su relación con el presidente responde a una "misión" de dios "directamente relacionada con Trump". Además, exhibe un lujoso estilo de vida de millonaria y suele defender que cuanto mayores sean las donaciones a la Iglesia, mayores serán también las bendiciones recibidas.

La semana pasada, White-Cain aseguró que Trump fue "traicionado, arrestado y falsamente acusado", al igual que Jesús. "Pero no se acabó ahí para él, y tampoco para ti. Dios siempre tuvo un plan. En el tercer día, se levantó, venció al demonio, conquistó la muerte, el infierno y la tumba. Y porque se levantó, todos sabemos que también podemos hacerlo. Y por su resurrección, tú también te levantaste, porque él salió victorioso, tú también saliste victorioso".

Trump puede ser destituido con la enmienda 25, pero ¿pasará?

Trump puede ser destituido con la enmienda 25, pero ¿pasará?

La pastora no tiene formación religiosa. Asegura que tuvo una visión de dios cuando tenía 18 años, que entonces estudió la Biblia durante dos años y abrió una Iglesia en Tampa que tuvo un éxito sin precedentes. Desde que acompaña al presidente, le aconseja en asuntos religiosos y también políticos, como el aborto, el estudio de la Biblia en los colegios públicos o la elección de jueces, lo que ha provocado críticas por la falta de separación entre la Iglesia y el Estado.

Oraciones en el Despacho Oval

Ese giro hacia una escenificación cada vez más explícita de la fe tuvo un episodio significativo el pasado 5 de marzo, cuando un grupo de pastores evangélicos y líderes religiosos se reunió con Trump en el Despacho Oval. Encabezados por Tom Mullins, fundador de Christ Fellowship, los asistentes rodearon al presidente y rezaron por él, pidiendo “guía, sabiduría y protección” en el ejercicio de su mandato, en una imagen cuidadosamente difundida por la propia Casa Blanca.

El encuentro, organizado con la participación de la Oficina de Fe, contó con figuras destacadas del evangelismo conservador como Robert Jeffress, Samuel Rodríguez o el historiador David Barton. Las imágenes de varios líderes imponiendo las manos sobre el presidente refuerzan una puesta en escena que, para numerosos analistas, desdibuja los límites entre religión y poder político en una Administración que ha hecho de esa alianza uno de sus principales ejes de legitimación.

Más sobre este tema
stats