Netanyahu no conoce el concepto de alto el fuego

Hubo una época en la que la proclamación del alto el fuego significaba, sin ninguna ambigüedad, el cese real de las hostilidades entre los contendientes. Un cese que, es obligado reconocerlo, en algunas ocasiones tan solo servía para reponer fuerzas con la intención de volver al combate; pero que, en otras, propiciaba el inicio de un proceso de negociaciones que desembocaba incluso en un acuerdo de paz que permitía pasar página. Según nos recuerda el Institute for Economics and Peace en su último Índice Global de Paz, esto último ocurre ya en muy pocos casos, dado que, si en la década de los 70 del pasado siglo un 23% de los conflictos se cerraban con un acuerdo de paz, en esta última década tan solo han sido el 4%.

Dentro del generalizado panorama actual de violencias —con 59 conflictos activos en diferentes rincones del planeta— Israel (mejor dicho, Benjamín Netanyahu) destaca como el actor menos creíble en lo que atañe al grado de cumplimiento con los compromisos anunciados en los diferentes frentes bélicos en los que está implicado.

Así ocurre, en primer lugar, con el acuerdo alcanzado el 27 de noviembre de 2024 con la milicia chií libanesa de Hizbulah, con el que se pretendía poner fin no solo a la violencia desatada tras los atentados de Hamás y la Jihad Islámica Palestina, en octubre de 2023, sino también a la operación Flechas del Norte iniciada por las fuerzas de defensa israelíes (FDI) el 1 de octubre de 2024. Las FDI no solo nunca se han retirado del territorio libanés, como estipulaba el acuerdo, sino que desde entonces han violado centenares de veces el alto el fuego, desarrollando acciones que han supuesto la ocupación de más territorio soberano de Líbano —violando, en consecuencia, la ley internacional—, el asesinato de varios miles de civiles y la destrucción sistemática de viviendas e infraestructuras de todo tipo, al tiempo que (sin autoridad legítima para ello) han ordenado la evacuación obligatoria de múltiples localidades, expulsando a cerca de un millón de libaneses de sus hogares.

Y por si aún quedara alguna duda sobre la convicción iluminada que embarga al gabinete ministerial liderado por Netanyahu —ahí está la afirmación del ministro de finanzas, Bezalel Smotrich, declarando que “la ley internacional no se aplica a los judíos”, mientras que el responsable de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, afirma que las opiniones de la Corte Internacional de Justicia valen tanto como "un trozo de papel higiénico"— Netanyahu se ha encargado nuevamente de despejarla, ordenando una nueva ofensiva en Líbano. Una ofensiva que incluso pone en peligro los esfuerzos de un desesperado Donald Trump por lograr algún acuerdo con el régimen iraní, en la medida en que Teherán ha suspendido las negociaciones insistiendo en que no las reanudará hasta que las FDI no se detengan. De ese modo vuelve a quedar claro que Netanyahu no está dispuesto a subordinarse a las directrices de Washington, empeñado en aprovechar la ventana de oportunidad que se le ha abierto en estos últimos años para redibujar por la fuerza el mapa regional a su gusto.

Es evidente desde hace mucho tiempo que Netanyahu y los suyos están centrados en impedir que nunca pueda haber un Estado palestino viable, aunque para ello tengan que saltarse todas las líneas rojas

Y lo mismo cabe decir del comportamiento del gobierno israelí en Gaza y Cisjordania. Desde que, el 8 de octubre de 2025, se anunció un acuerdo de alto el fuego entre Israel y Hamás, las FDI se han encargado de violarlo diariamente, impidiendo la entrada de ayuda humanitaria y la salida de enfermos necesitados de atención urgente fuera de la Franja, asesinando a más población civil (incluyendo cooperantes y periodistas) y destruyendo aún más viviendas e infraestructuras. De hecho, ni siquiera se han contentado con imponer su dictado militar en el territorio que quedaba limitado por la denominada Línea Amarilla, sino que el propio Netanyahu ha dado a conocer que ha ordenado a las FDI que amplíen su despliegue para llegar a controlar el 70% de Gaza. Es evidente desde hace mucho tiempo que Netanyahu y los suyos están centrados en impedir que nunca pueda haber un Estado palestino viable, aunque para ello tengan que saltarse todas las líneas rojas que definen cuál debe ser el comportamiento de un Estado democrático respetuoso con el marco institucional y normativo que define nuestros días.

Por todo eso, sin olvidar sus acciones ilegales tanto en Siria e Irán como en aguas internacionales del Mediterráneo contra civiles desarmados, tiene razón Trump cuando refiriéndose a Netanyahu, le insiste en que “estás jodidamente loco. Estarías en prisión si no fuera por mí. Te estoy salvando el culo. Todos te odian ahora. Todos odian a Israel por esto”. Pero nada de eso exime al presidente estadounidense de su responsabilidad en respaldar diplomática, económica y militarmente a un Netanyahu que vive de la guerra, tanto para intentar escapar de la acción de la justicia como para buscar una nueva victoria electoral.

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Jesús A. Núñez Villaverde es codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH).

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