El movimiento MAGA se rompe a los pies de Trump Alejandro López Canorea
La moción de censura para retirar la confianza al presidente del Gobierno suele ser un instrumento ganador. Retrata la debilidad de quien la sufre o fuerza su cese. Desde las dos últimas semanas, del caso Zapatero al estallido de la trama Leire Díez, el momento político está lo suficientemente convulsionado para que el PP vuelva con el fantasma del aldabonazo de la moción. Si tiramos de hemeroteca, en las comunidades autónomas, de Madrid a Extremadura, de Guillermo Fernández Vara a Ángel Gabilondo, sirvieron para preparar el terreno del triunfo. Ambos ganaron en las siguientes elecciones: en una, el PSOE obtuvo mayoría absoluta y, en Madrid, Ciudadanos, el partido que utilizó la regeneración como un tongo, dejó al putrefacto PP al frente con los principales escuderos de Esperanza Aguirre en prisión.
Alberto Núñez Feijóo ha coqueteado con la idea varias veces en el último año. Hay veces en política que se gana perdiendo. Y, en este caso, Feijóo ha perdido la moción antes de presentarla. Con la vuelta a la casilla de salida una y otra vez y las carencias y contradicciones del PP al aire. Es la moción que nadie firmará. Su debilidad no es carecer de los votos. Es no ser capaz de ofrecer una alternativa de Gobierno con este parlamento. Es la incapacidad para interlocutar abiertamente con sus aliados naturales del independentismo y el nacionalismo vasco y catalán, antiguos amigos de Aznar. Es el intento de esconder a Vox. O de intentar colocarlo en diferido. Es no asumir la incompatibilidad de la ultraderecha con el resto de fuerzas políticas.
La alternativa de Gobierno que ofrece Feijóo con una moción instrumental es un proyecto identitario, no de país. No se puede gobernar contra el País Vasco y Cataluña. Al menos, no es recomendable. La moción de censura sería la previa a un ciclo donde solo caben PP y Vox, de ahí la dificultad de los socios para firmar por anticipado su sentencia de muerte política en el Congreso. Es cuestión de tiempo, pero adelantarlo puede tener un precio. De momento, para los socios es más alto que apoyar a Pedro Sánchez.
La alternativa de Gobierno que ofrece Feijóo con una moción instrumental es un proyecto identitario, no de país. No se puede gobernar contra el País Vasco y Cataluña. Al menos, no es recomendable
Ante la imposibilidad de sacar adelante una moción, hemos entrado en la fase de sus fórmulas tropicales. El PP ha intentado colar el argumento de que “para convocar elecciones no necesitamos a Vox en el Gobierno”, como si el problema de los socios fuera la convocatoria y no la entrada de Vox. Y todo, cerrando Castilla y León y en la previa del pacto en Andalucía. La prioridad nacional se impondrá allá donde el PP necesite a Vox; en definitiva, en todas partes donde ha convocado elecciones desde 2025.
Quedan por delante dos meses clave para saber si la legislatura acaba abruptamente o Pedro Sánchez puede dominar en otoño la fecha de la convocatoria electoral. El sumario de esta semana deja al PSOE en una situación insostenible y obligado a salir a dar explicaciones. Los mensajes intervenidos a Leire Díez, por los altos cargos con quien interactuaba y en los términos que lo hacía, obliga al partido y al Gobierno a hacerlo. Los socios están dando a Sánchez una última oportunidad. Por muy revuelta que esté la militancia de izquierdas por la mezcla de casos de corrupción y causas más políticas que judiciales en fondo y forma, tirar de lawfare no le va a dar mucho aire.
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