Elon Musk tiene las llaves para frenar a los grandes capos de la cocaína
Para el buen fin de cualquier negocio de narcotráfico a escala planetaria, el elemento más importante reside en la comunicación. En un escenario en el que las organizaciones criminales han apostado decididamente por los grandes alijos por vía marítima, la conexión entre embarcaciones de toda clase, desde narcolanchas hasta semisumergibles, de forma coordinada y en tiempo real, resulta imprescindible. Lo saben bien los tripulantes de la flota de embarcaciones que se halla en aguas del Atlántico a la espera de instrucciones, y también los intrépidos pilotos que se atreven a cruzar el largo camino entre Sudamérica y Europa en narcosubmarino para hacer llegar la cocaína a su destino.
Ya desde la década de 1990, las fuerzas de seguridad tenían la obsesión de acceder a las comunicaciones de los narcos, no solo en España –especialmente en Galicia–, sino también en el resto de Europa y en Sudamérica, que ya entonces eran las zonas más calientes. Fue entonces cuando comenzaron a avanzar en ese sentido con la intervención de los teléfonos, primero de los fijos y posteriormente también de los móviles e incluso, más adelante, de determinados terminales con conexión satelital. Todo ello sirvió para dar duros golpes a los narcos, que, como siempre, buscaron alternativas.
Así, con el cambio de siglo comenzaron las comunicaciones a través de Internet, bien mediante correos electrónicos, bien por otros sistemas difíciles de rastrear, a las que se añadió el uso generalizado de teléfonos BlackBerry, cuyos sistemas de encriptación sirvieron de mucho a los narcos durante algún tiempo.
En paralelo al uso habitual de Internet surgieron las primeras aplicaciones encriptadas, que comenzaron por ser más sencillas pero que acabaron convirtiéndose en auténticas herramientas de trabajo para los narcos, tales como Sky-ECC o EncroChat, por citar a las más famosas. Sin embargo, después de la pandemia, las autoridades de distintos países lograron localizar sus servidores, ubicados en la localidad francesa de Roubaix y desde donde daban cobertura al crimen organizado de todo el mundo. Fue en 2021 y a fecha de hoy, los narcos siguen cayendo merced a esa desencriptación.
Sin embargo, y una vez más, los criminales han ido un paso por delante, colocándose en un estadio superior en el que logran comunicarse a distancia sin miedo, al menos por ahora, a ser detectados por las autoridades. Y lo han hecho, cómo no, de la mano de las nuevas tecnologías.
La primera gran evidencia detectada por Narcodiario de que los criminales apostaban por las antenas Starlink del magnate Elon Musk se produjo en febrero de 2024. Este medio contó en exclusiva que Kiko El Cabra y su gente, que habían sido detenidos y estaban en prisión por ello, no habían sido los autores del crimen de Barbate en el que una narcolancha embistió a una zodiac de la Guardia Civil, matando a dos agentes en el acto. Para ofrecer esa información, nos fijamos en las características de la lancha tripulada por El Cabra, que, además del navegador Garmin que por entonces llevaban todas las embarcaciones de su clase, lucía una segunda antena que en aquel momento no era aún muy conocida. Era una Starlink. Y su presencia sirvió para acreditar que esa lancha estaba alejada del lugar cuando se produjo la dramática escena.
Por entonces no estaban muy extendidas, pero empezaban a verse en el Sur de España. Ahora, las Starlink están montadas en todas las planeadoras, incluso en los narcosubmarinos, que en ocasiones llevan hasta dos de ellas.
La Starlink ofrece una conexión en movimiento, adaptada para vehículos, con una calidad altísima, similar a la que aporta la fibra óptica, incluso en las zonas más remotas de la tierra. Está preparada, además, para resistir todas las inclemencias del tiempo, lo que asegura un buen funcionamiento en circunstancias adversas. Y lo más importante: le permite a los narcos comunicarse en tiempo real, solo con usar aplicaciones encriptadas que cualquiera puede manejar en sus teléfonos, tales como Signal o Telegram, sin ser detectados por la Policía.
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Starlink es, pues, una auténtica revolución para los narcos. Cualquiera puede acceder a sus servicios por satélites solo con comprarse una antena y pagar una cuota mensual que, para estas redes criminales, resulta ridícula. Elon Musk, propietario de SpaceX -la firma que está detrás de este sistema-, además de dueño de Tesla o de la plataforma X, antigua Twitter, tiene las llaves. De su poder puede surgir alguna idea para que las fuerzas de seguridad vuelvan a tener opciones y puedan seguir la pista de las redes criminales con más eficacia.
La realidad actual es que este sistema ya no solo es preferente en España y en otros países avanzados, sino también en Latinoamérica. Para muestra, basta con observar la última incautación ejecutada por la Armada Nacional de Colombia en aguas del río Arauca, en el entorno de la frontera con Venezuela, otra de las zonas calientes para el narcotráfico a nivel mundial. En una lancha, los uniformados hallaron 110 antenas cuyo más que probable destino eran las redes del crimen organizado de la región, bien para sus laboratorios, sus astilleros clandestinos o sus embarcaciones.
Otro ejemplo muy gráfico que reveló Narcodiario meses atrás fue el del primer narcosubmarino teledirigido intervenido en altamar hasta el momento, también en Colombia, sin tripulación pero dotado de una de estas famosas antenas de Elon Musk.