X

Accede a todos los contenidos de infoLibre durante 15 días por 1. | El periodismo tiene un valor

infolibre Periodismo libre e independiente

¿Quiénes somos? Sociedad de Amigos
Buscador de la Hemeroteca

Hazte socio
Iniciar sesión Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Has olvidado
tu contraseña?
Secciones

Regístrate en infoLibre Comenta las noticias y recibe las últimas novedades sobre nosotros.

Gracias por registrarte en infoLibre Si además de comentar noticias quieres hacerte socio, sigue este enlace: Hazte socio
Formulario de Registro
¿Qué es Nombre público?

Es el nombre que se mostrará cuando hagas un comentario en infoLibre.es




Librepensadores

Nacionalismos, sentimientos y razón

José María Agüera Lorente Publicada 25/10/2017 a las 06:00 Actualizada 24/10/2017 a las 20:44    
Facebook Twitter Mas Redes

Envíalo a un amigo Imprimir Comentarios 5

El dichoso "asunto de Cataluña" nos ha demostrado una vez más que quien trata de someterse al criterio racional corre el riesgo cierto de ser acusado de no respetar la identidad y los sentimientos de la nación tal o cual. La nación, como Dios, parece otorgar a la existencia de las personas una trascendencia a la que siempre acompaña una fuerte emotividad.

Permitámonos, no obstante, disfrutando de las mieles intelectuales del librepensamiento y de que aún gozamos de libertad de expresión en este nuestro país, aplicar el análisis racional a los nacionalismos y mostremos así los fallos del discurso que los justifican; empezando por el que a mi modo de ver es el fundamental: el error categorial en lo profundo de su arquitectura conceptual que ni se atisba en la refriega política pública, tan temerosa de abandonar la superficie de las creencias y opiniones, que lucen tan bien bajo el fulgente sol igualador que es en nuestros días el dogma del respeto indiscriminado a todas ellas, y que cabalgan incontenibles a lomos del desbocado corcel de las redes sociales. En efecto caemos en el sinsentido –como ya advirtiera el recién fallecido filósofo Jesús Mosterín– cuando a una nación (¡o territorio!) atribuimos una identidad unitaria basada en una lengua o historia más o menos mítica. El pueblo se convierte en un animal metafísico, con existencia propia al margen de las personas, que fagocita la heterogeneidad y el derecho a la diferencia de todos y cada uno de los ciudadanos concretos. Así, se dice de un ente abstracto lo que sólo tiene sentido decir de individuos, y se habla con pasmosa naturalidad de los sentimientos del pueblo tal o cual, o de su derecho a decidir, cuando derechos y sentimientos son únicamente atribuibles a seres humanos de carne y hueso. Ellos son los que recuerdan, los que otorgan significados a las cosas dotando de sentido sus existencias como miembros de un colectivo. Al atribuir propiedades al sistema entero que corresponden sólo a sus componentes (los ciudadanos) incurrimos en error categorial. Es indiscutible, no obstante, que cada uno de nosotros piensa y siente a partir de una cultura; precisamente es por ello que hay que poner mucho cuidado en la dieta con la que nutrimos nuestros encéfalos, para lo que se hace indispensable el enfoque escéptico que nos permita indagar sobre los poderes de influencia del grupo y sus contenidos culturales.

Ahora bien, el hecho insoslayable es que los nacionalismos, a pesar de su tan poco sólida base teórica, constituyen fuerzas de un enorme poder movilizador según testimonia la historia. Ese poder no es de origen racional, sino que proviene de nuestra psique más primitiva. De nuevo coinciden con las religiones en esto, pues el mecanismo explicativo es el mismo y hunde sus raíces en las primeras relaciones cognitivas y afectivas del niño, que no comprende lo inanimado y lo abstracto. En origen, pues, la base evolutiva sobre la que se construye el pensamiento del adulto es de naturaleza animista y personalista; por eso –como tan certeramente advertía el filósofo ya mencionado– «la tendencia animista o personalista puede permanecer soterradamente en nosotros como una tendencia residual, espontánea y cargada de emotividad. El animismo (o personalización de lo inanimado e impersonal) se aplica tanto a las fuerzas de la naturaleza, tratadas como dioses, como a las abstracciones sociales, tratadas como personas, como los nacionalistas hacen con las naciones». En esto consiste en esencia lo que el filósofo Bertrand Russell llamaba facultad mitogenética. La nación es uno de sus productos, híbrido de frivolidad lógica y primitivismo psíquico que también cuenta con una importante dimensión cultural.

Reconociendo que el nacionalismo pudo ser útil en un momento histórico dado, cuando en el siglo XIX había que dar con una fuerza aglutinadora de voluntades capaz de llevar a los individuos a la culminación exitosa de empresas colectivas en pos de objetivos beneficiosos para todos, en el mundo actual es un anacronismo romántico que ya ha probado suficientemente su letal poder destructor en forma de dos guerras mundiales; una prótesis ideológica obsoleta que impide el camino hacia un horizonte histórico muy diferente del que alumbró su nacimiento. En el actual contexto de la ineluctable globalización hay que exigirle al Estado que todo no gire en torno a la cuestión identitaria y que no tenga una concepción excluyente y estática de la misma.
_________________

José María Agüera Lorente es socio de infoLibre


Hazte socio de infolibre



5 Comentarios
  • Grobledam Grobledam 28/10/17 15:20

    Muchas gracias Sr Agüera Lorente.
    Lástima no poder contar de forma más asidua con sus aportaciones y conocimientos.
    Debería estar usted de plantilla fija en muchos medios de difusión.
    Y, por supuesto, espero y confío en que esté usted en alguna cátedra o tarima. Sus alumnos seguro que enriquecen la sociedad en la que viven.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    0

  • Damas Damas 25/10/17 17:28

    Me ha gustado y me ha parecido muy interesante lo expuesto, para darle una segunda lectura. Me ha recordado ligeramente a un comentarista, por lo de ciudadanos como sujetos de derechos (y sentimientos), pueblo como ente abstracto y en cierta similitud en la consideración de los nacionalismos. Gracias.

    Responder

    Denunciar comentario

    2

    1

  • individualistaliberal individualistaliberal 25/10/17 11:11

    Muy buena columna. Bravo ribero.

    Responder

    Denunciar comentario

    2

    1

  • ribero ribero 25/10/17 10:25

    Acertada frase: “el error categorial en lo profundo de su arquitectura conceptual que ni se atisba en la refriega política pública, tan temerosa de abandonar la superficie de las creencias y opiniones, que lucen tan bien bajo el fulgente sol igualador que es en nuestros días el dogma del respeto indiscriminado a todas ellas”.
    ¿Desde cuando las opiniones son “respetables”?. Como mínimo, son discutibles (y a veces dignas de combatirse) y base de discusión. Lo único “respetable” son las personas. Y si nos “atribuimos una identidad unitaria basada en una lengua o historia más o menos mítica” entramos fácilmente en el terreno de la exclusión del “otro” y podemos cimentar rasgos de superioridad de una raza, de una región, de una cultura, de una religión… sobre otra.
    Cuando alguien consiga convencerme de que por haber nacido en Navarra (¡como si fuera una decisión mía!) tengo un plus de perfección, de que por hablar castellano (póngase la lengua que se quiera) soy mucho más culto o porque como soy blanco soy “como la órdiga, pero sin el cómo”, entonces empezaré a creer en todas esas estupideces identitarias/nacionalistas.
    Porque una cosa es querer a tu tierra (por algo ha transcurrido tu vida en ese lugar) y otra “algo diferente” es creer que, objetivamente, es lo mejor que hay.

    Osasuna y River Ega

    Responder

    Denunciar comentario

    2

    3

  • platanito platanito 25/10/17 07:36

    Pedro, ¿No es la globalización el nacionalismo de las transnacionales?

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    4

Lo más...
 
Opinión
Oferta anticrisis
 
Sociedad de amigos

Ya puedes ser accionista de infoLibre

Cargando...
Cualquier ciudadana o ciudadano interesado en sostener un periodismo independiente como garantía democrática puede participar en la propiedad de infoLibre a través de la Sociedad de Amigos de infoLibre.
facebookLibre