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Museos abandonados, hermosas ruinas

Manuel Jiménez Friaza
Publicada el 04/01/2019 a las 06:00
Siempre he mantenido una relación ambigua y contradictoria con los museos y el coleccionismo, aunque nunca, como ahora, lograba racionalizarlo. En lo que se refiere a los museos, la cosa viene de lejos: la revista El Paleto/2ª época –una revista de Osuna, que dio testimonio de los años de la Transición política española y en la que colaboré durante un tiempo– publicó un artículo mío que titulé Los museos abandonados”, que, en un tono ciertamente beligerante, manifestaba mi rechazo hacia esta institución “cultural”. Mi alegato tenía que ver con el carácter de depósito mortuorio de las obras de arte encerradas en ellos, como un desván de trastos viejos e inservibles, desconectados entre sí y respecto al mundo vivo, incapaces de construir un relato si no era con mi ayuda, con la de cualquier visitante; protegidos por vallas, guardianes y un “no tocar” como prohibición primigenia y casi sagrada: "Noli me tangere!". Mientras lo busco y desempolvo para compartirlo de nuevo con mis lectores de ahora, dejo aquí el final, que recuerdo muy bien y que lo resume: “Los museos abandonados, ¡qué hermosa ruina!”

Para colmo, trabajé una temporada como guía del museo arqueológico de mi ciudad natal, y era un trabajo que me encantaba, aunque me sobrecogía la soledad hierática de las piezas cuando no había visitantes y me quedaba a solas en mudo diálogo con ellas… Cuando había gente, disfrutaba devolviéndolas por unos instantes a la vida en el relato verbal con que las enseñaba. Presumía, cuando eso era posible, de hacerlo en francés para los visitantes europeos que conocían esa lengua. Era un convencido del internacionalismo del arte y aquellos ratos reafirmaban mi creencia. Como saben mis amigos de las redes sociales, sigo sin romper mi cordón umbilical con ellos y no paro de enlazar cuadros de museos del mundo con el exhibicionismo propio de internet.

Hoy sé que el origen de los museos es militar y que su función, en primer término, era la apología de la potencia de los Estados, la presunción simbólica de una historia de conquistas, latrocinios y rapiñas. También sé que el origen del coleccionismo coincide con la ostentación de los propietarios de finales del siglo XV, la época, también, en la que se fragua el capitalismo europeo. Desde entonces hasta ahora, la nueva nobleza del dinero ha necesitado dignificarse con la posesión de objetos artísticos tras la devaluación y degradación inexorables de los títulos y estirpes familiares. El auge actual de las colecciones (hablaba de ello en un texto reciente sobre las nuevas mercancías), propias del capitalismo senil que padecemos, no hace sino corroborarlo.

Mi experiencia en esto es más liviana. En cierta ocasión, gracias a una conocida que me regaló su propio álbum filiatélico, quise continuar la colección por mis propios medios. Afortunadamente, desistí muy pronto, víctima del aburrimiento que me producía su contemplación onanista, la imposibilidad de encontrar las “rarezas” que hacen valioso cualquier atesoramiento de objetos, y esa sensación insidiosa, hermana de la que me han provocado siempre las visitas a museos, de tristeza y falta de sentido. Solo echo en falta no haber podido comprobar por mí mismo la confidencia de una querida amiga de que el lugar más discreto para un cita con un amor difícil es, justamente, un museo, entre desconocidos absortos en la contemplación pasiva de los objetos bajo custodia.

El museo rompe, en realidad, el ideal de belleza del Renacimiento, que nuestro fragmentario y cacofónico mundo olvidó hace tiempo: ese que pretendía que lo bello nace del equilibrio y complementariedad entre las partes y el todo. Bien mirado eso, que ya no existe por más exposiciones “temáticas” e itinerantes que hagan los responsables de estas instituciones, es lo único que me haría reconciliarme con ellos. Pero no deja de ser un desiderátum, como aquel que, de modo contrario y complementario, me hizo desear de joven el abandono piadoso de estos escaparates del arte y su no menos piadosa conversión en ruinas de un tiempo periclitado.
 


Manuel Jiménez Friaza es socio de infoLibre
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4 Comentarios
  • Ambón Ambón 04/01/19 18:31

    Bonita y sentida reflexión.

    Como bien sabes, los nuevos modelos de museología abogan por la función didactica de los mismos frente a la opción coleccionismo o almacén, de todos modos el grave problema que tienen estas y otras instituciones similares es su inclusión en el sistema económico y social dominante, es buscar el sentido práctico economicista y despreciar como inútil la emotividad que el objeto artístico o histórico puede provocar en cada uno de los individuos y también en el grupo como agente social.

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    • Manuel_JF Manuel_JF 05/01/19 11:51

      Gracias por tu comentario, con el que no puedo estar más de acuerdo. Tu última afirmación sobre la carencia de apelaciones al grupo como agente social, me ha hecho recordar el impagable libro de Peter Weiss "La estética de la resistencia" , donde un grupo de obreros, en el Berlín nazi, ni más ni menos, estudian Arte en una escuela nocturna, luchando contra el cansancio y el sueño. Visitan myseos, comentan e interpretan cuadros, buscando, desde su conciencia de clase, el momento y la razón de la exclusión de la clase trabajadora como objeto artístico a lo largo de toda la historia del arte...

      A todo esto si pasarás por aquí de nuvo: ya estoy en la zona de sombras :) Efímero regalo este de Librepensadores de Infolibre a sus socios. En fin, un saludo, por si lees esto.

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      • Ambón Ambón 05/01/19 16:47

        Un saludo Manuel

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        • Manuel_JF Manuel_JF 18/01/19 09:10

          Esta noticia -polémica en Francia- nos confirma en lo que manteniamos en nuestro artículo sobre el origen militar de los museos y su carácter de símbolos y nuevas mercancías, siempre prestas, en cuanto tales, a los intercambios y mangoneos, políticos o diplomáticos, entre los estados...

          El expolio francés: media África y el meteorito mexicano de Napoleón
          https://ctxt.es/es/20190116/Culturas/23973/Maria-Luisa-Gaspar-Francia-Africa-Mexico-meteoritos-expolio-cultural.htm

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