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Dudas, certezas y apremios

José Marío Barrionuevo Gil
Publicada el 16/08/2020 a las 06:00

De siempre sabemos que somos nosotros los que hablamos en plural, porque o nos abruman las dudas, o nos colman las certezas, o padecemos apremios insoslayables. Ya no usamos las dudas metódicas, porque nos hacen engañarnos sin darnos cuenta. Ya las certezas tampoco nos son eternas. Sin embargo, lo que son los apremios, nos rodean por todas partes. Nos estamos viendo obligados a ser solícitos y, a veces, hasta impacientes o impertinentes.

Todo el mundo está lleno de dudas, pero sobre todo nosotros que queremos saber, y ya, dónde está el emérito, del que todo el mundo habla, pero del que no se tienen noticias. Los avispados medios de comunicación parece que se han hecho los suecos y se han apuntado a las adversidades del gobierno de coalición y de su socio Podemos, a veces proscrito, al menos in pectore.

“Emérito” no nos ha sonado nunca a ningún tipo de calificación académica. Recordamos que en nuestros años juveniles oímos de compañeros a los que se les calificaba en sus estudios de una manera clásica, usando “meritus” para el aprobado, “benemeritus” para el 7, “valdemeritus” para el 8, “meritissimus”, sobresaliente, para el 9 y “meritissimus cum laude” para el 10. Ahora el emérito parece ser que es quien ha roto el molde, y lo es, por las connotaciones poco positivas que pueda alumbrar. Nunca nos preguntamos si emérito podría llegar a significar suspenso.

La sociedad del cotilleo se encuentra huérfana, desamparada, y parece que le falta hasta el aire, porque alguien se ha ido a cambiar de aires o a tomar vientos. Estamos huérfanos, precisamente ahora que las sombras de las dudas avanzan como si fueran nubarrones y nos dejan en el abandono por la falta de luz y, no digamos, taquígrafos, porque los acontecimientos se precipitan, aunque en el fondo no nos importaría que se nos echaran encima, porque una vez puestos, expuestos.

Si hubiera certezas digeribles no se nos cortaría la digestión política que tan pesada se nos está volviendo. Bien sabemos que las certezas no son eternas, que están afectas de eventualidad. Sin embargo, todos, al parecer, estamos, cada vez más ahítos de dudas y totalmente ayunos de certezas. Es lo que tienen las leyes, cuando se hacen necesarias, porque tienen que dedicarse a aclararnos y prestar luz. Sin embargo parece que hay demasiados pleitos pendientes, pero solo hay que solucionar los que se abren en contra del único gobierno de coalición que pretende la convivencia.

En todo este panorama entran en juego los apremios, porque la gente quiere saber, y puede pasar que le echen una serie de noticias para que las digiera y así estén ocupados por una digestión, aunque no sea saludable. El apremio por lo incógnito del paradero del rey emérito ha sido sustituido por una nube de verano con una alarmante alarma sobre la situación del partido Podemos. Sin embargo, aunque cada apremio pueda tener justificación, las maquinarias de los distintos medios de comunicación se rompen las vestiduras para airearse y quitarse los sofocos que les pueda producir un partido al que llaman “pequeño” despectivamente. Cuando éramos pequeños e inquietos y nadie sabía adónde íbamos a parar, nos preguntaban: “Niño, ¿dónde vas a poner el huevo?”. Nosotros respondíamos con toda espontaneidad: “A la vera del otro”.

Era una respuesta que, en aquellos tiempos, no podían dar todos los españoles. Si podemos, preguntamos, ¿es cierto que fue Franco quien perdió la guerra de Sidi Ifni y quien no recuperó Gibraltar? ¿Es verdad que cedimos tierras patrias para colonias militares americanas? ¿Era cierto que Franco nunca salió de España, porque “el que teme algo debe”?. Las dudas nos mueven a hacer preguntas y los apremios nos llevan, quizá, a precipitarnos. Sin embargo, cuando se deja pasar el tiempo y viendo cómo está la historia no escrita, pero si intuida, nos podemos hacer muchas preguntas que en su tiempo no fueron contestadas, porque no las hicimos, ya que había una enorme disciplina política, una cierta ignorancia endémica, una extraña legalidad... Cuando se nos vino la democracia, tampoco nos preguntamos por qué se abandonó a los saharauis y si estaban detrás el generoso y dadivoso señor rey de Marruecos o las maquinaciones del Tío Sam.

Si hay dinero negro en inmerecidas manos, veremos si se aclara poniendo negro sobre blanco. Si no sabemos dónde está el rey emérito, podemos superar los apremios y suponer que está entre La Zarzuela y Navidad. Tampoco tenemos que saber su paradero, porque lo mismo ni pensamos escribirle. Y todo porque le dimos carta blanca a más de uno.

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José María Barrionuevo Gil es socio de infoLibre

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