Cultura

'Boy erased': las huellas de las "terapias de conversión"

Escena de 'Boy erased', una película de Joel Edgerton.

En 2004, Garrard Conley tenía 19 años y una misión por delante: dejar de ser homosexual. En el entorno baptista de Arkansas al que pertenecía su familia —el padre estaba a punto de convertirse en pastor—, aquello no era solo un pecado, sino también un castigo de dios. Incapaces de aceptar la sexualidad de su hijo, los Conley escuchan los consejos de otros miembros de su congregación y conducen a su hijo al centro de Love in Action, una organización que prometía "curar" a mujeres y hombres homosexuales a través de un programa de doce pasos contra "adicciones sexuales", de manera similar a los utilizados en Alcohólicos Anónimos y otras organizaciones. En 2016, Garrard Conley contaba su historia en unas memorias, Boy erased (Identidad borrada), que ahora edita en español el sello Dos Bigotes. El viernes, una adaptación fílmica del libro dirigida por Joel Edgerton se estrena en los cines españoles. 

Hace solo unos días, esta historia habría parecido circunscrita a un país, una época y unos círculos religiosos fundamentalistas determinados. Eso, aunque el Williams Institute de la Universidad de California estimó en 2018 que 20.000 adolescentes recibirían la pseudoterapia conocida como terapia de conversión antes de cumplir 18 años, y que 57.000 sufrirían un tratamiento similar por parte de religiosos consejeros espirituales, solo en Estados Unidos. Lo habría parecido, aunque en España existen testimonios que denuncian desde hace décadas la existencia de este tipo de procedimientos, administrados o no por profesionales de la salud mental. En 2017, el Consejo General de la Psicología de España hizo público un comunicado en el que insistía en que la homosexualidad no es considerada una enfermedad por la Organización Mundial de la Salud desde 1990, consideraba "inadmisible" que se pusieran en práctica este tipo de terapias y advertía de que tratar de negar la orientación sexual suele "derivar en problemas de ansiedad, depresión y suicidio". 

 

Pero el lanzamiento del libro y de la película coinciden con la información hecha pública por eldiario.es que revela que el obispado de Alcalá, en Madrid, celebra este tipo de cursos. En una grabación realizada por el periodista Ángel Villascusa, una pseudoterapeuta —no colegiada como psicóloga— del Centro de Orientación Familiar le ofrece un documento titulado "Salir de la AMS" [Atracción Mismo Sexo], del psicólogo estadounidense Joseph Nicolosi, fallecido gurú de la "terapia reparativa", otro eufemismo más para estas pseudoterapias de curación de la homosexualidad. "Tienes que aprender a gobernarte a ti mismo", le dice esta persona al periodista, aconsejándole que haga más ejercicio y deje la pornografía. 

El libro, al igual que las informaciones, habla de las consecuencias de estas pseudoterapias, que los editores y traductores de Boy erased no dudan en llamar "torturas". "Esos 15 días que está en el centro le lleva 10 años superarlos", señala Gonzalo Izquierdo, responsable de Dos Bigotes junto a Alberto Rodríguez. En el epílogo de su libro, Conley recoge algunos testimonios anónimos de víctimas de estas terapias exgay —otro eufemismo—: "Once años después, en ocasiones aún siento náuseas al tocar a otro hombre. Me resulta difícil (¿puede que hasta imposible?) mantener una relación sexual duradera". En 2014, John Smid, el responsable de Love in Action cuando Conley ingresó, se casó con su pareja, un hombre, y pidió perdón por sus prácticas terapéuticas

"Nosotros no es que tuviéramos dudas sobre publicarlo", explica Izquierdo, "pero sí pensamos por un momento que era un contexto muy determinado, el cinturón bíblico de Estados Unidos... Luego vimos que no era así". El libro fue una propuesta de sus jóvenes traductores, Bruno Álvarez Herrero y José Monserrat Vicent, que a su vez llegaron a él gracias a las noticias de la película, estrenada en Estados Unidos el pasado noviembre. El filme, protagonizado por Lucas Hedges en el papel de Garrard Conley (al que se le da un nombre supuesto) y Nicole Kidman en el papel de su madre, captó la atención de la prensa y obtuvo dos nominaciones a los Globos de Oro. "Nos parecía un tema de otro siglo", admite Álvarez Herrero, "no concebíamos que se hicieran este tipo de terapias". "Cuando leímos el libro nos quedamos muy sorprendidos, porque pensamos que esto ya no se daba", coincide Monserrat Vicent. 

El programa Love in Action se fundó en 1973, precisamente como reacción a la decisión de la Asociación Americana de Psiquiatría de sacar la homosexualidad del Manual de Diagnóstico de Trastornos Mentales, una medida pionera que fue decisiva en la despatologización de la orientación sexual confirmada por la OMS más de una década después. En España, la Ley de peligrosidad social creaba, solo tres años antes, centros de detención especializados para homosexuales. los "actos de homosexualidad" saldrían del código penal en 1978, pero se seguirían produciendo detenciones en nombre de la "convivencia social" a lo largo de todos los años ochenta. Son conocidas las prácticas de curación de Antonio Vallejo Nágera, el "psiquiatra del régimen", que consistían en largas sesiones de electroshock, entre otros métodos. Pero no fue el único: Juan José López Ibor también trató con lobotomías a sus pacientes "desviados". 

"La orientación sexual homo u heterosexual no es un problema de salud mental", insiste la psicóloga y escritora Lola López Mondéjar. "Los homosexuales son personas tan saludables como los heterosexuales", continúa, "y hace tiempo que ningún analista aceptaría trabajar para contrariar esa orientación, sino en el sentido de asumirla y fortalecer al paciente para que pueda vivir una buena vida, con trabajo, amistad, y relaciones afectivas". Pese a la evidencia, existen páginas web como www.esposiblelaesperanza.com, denunciada el jueves por la Asociación Arcópoli, en la que se ofrecen cursos para sanar lo que llaman "proyección hacia el mismo sexo", aseguran que "nadie se siente atraído por el mismo sexo" y ofrecen recursos como libros de Nicolosi o de Aquilino Polaino, el psiquiatra que trataba a sus pacientes para "ayudarles a salir" de la homosexualidad y que el PP llevó al Senado para tratar de frenar el matrimonio entre personas del mismo sexo. "El problema no lo tiene la persona homosexual", insiste López Mondéjar, "sino un entorno intransigente y represor, que es lo que una sociedad plural y democrática debería empeñarse en cambiar".

La filósofa y activista feminista y LGTBI Miriam Solá identifica precisamente a la Iglesia, la medicina y el "aparato jurídico" como "las tres instituciones que se han encargado del control de la sexualidad". Estas terapias de conversión aparecen siempre ligadas a grupos fundamentalistas cristianos, como las iglesias baptistas en Estados Unidos o las comunidades cristianas de base y otros grupos ultracatólicos en España. El libro Comprender y sanar la homosexualidad, cuya publicación resultó muy polémica, está editado por el sello Libroslibres, que pertenece a la empresa Spiritu Media. El administrador único de la misma es Alejandro Rosal Valls Taberner, vocal en el patronato de la organización antiabortista Redmadre, presidente de la la Fundación Nueva Evangelización para el siglo XXI, exdirector de la Oficina de Información de la Conferencia Episcopal y antiguo miembro de Regnum Christi, vinculada a Legionarios de Cristo. El autor del libro, Richard Cohen, fue invitado a dar una charla por la organización ultracatólica Hazte Oír. 

El "aparato jurídico" en este caso, sí prohíbe en algunas comunidades, como Madrid o la Comunitat Valenciana, este tipo de pseudoterapias. La Comunidad de Madrid ha anunciado, de hecho, que investigará las prácticas del Centro de Orientación Familiar Regina Familiae. Pero Solá recuerda que no hay "igualdad formal" porque no existe una ley estatal que proteja de la misma manera a todo el colectivo LGTBI en todo el territorio, y que la misma aplicación de las leyes que sí existen es desigual: "El papel lo aguanta todo, y puedes tener una ley maravillosa y no aplicarla". 

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Aunque la activista va más allá, y subraya que existen paralelismos entre estas terapias de conversión y la patologización de las personas trans. Aunque la OMS ya no considera la transexualidad un trastorno mental, sí la considera una "condición relativa a la salud sexual" y la llama "incongruencia de género". "En el contexto de nuestro marco legal", denuncia Solá, "sí se considera una enfermedad". Para que se las reconozca con el género con el que se identifican, las personas trans tienen que pasar por una evaluación psicológica que la filósofa considera "una medida violenta". "En ocasiones", continúa, "situaciones extremas [como las terapias de conversión] blanquean otras situaciones menos visibles que se producen todos los días. Es una oportunidad para replantearnos el tratamiento médico que se da a las personas trans y para hablar de este tipo de violencias". 

Gonzalo Izquierdo advierte sobre una nueva reacción: "Nosotros nos relacionamos con un círculo de amigos y familiares con quienes tenemos en común ciertas cosas, y quizás no somos conscientes, pero este momento que estamos viviendo es bastante especial, y tiene que ver con el auge de la ultraderecha, con el discurso de ciertos partidos políticos. Son discursos peligrosos, y es importante recordarlo con novelas como Boy erased. Creemos que ciertos derechos son inamovibles, pero hay que defenderlos". Y recuerda la dimisión de Fernando Paz, que iba a ser candidato al Congreso por Vox, debido a sus opiniones homófobas —aunque tampoco dudaba en negar el Holocausto—, con declaraciones como: "Si tuviera un hijo gay, lo que haría es ayudarle, hay terapias para reconducir su psicología". Efectivamente, las hay. 

 

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