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Cultura

Ángel Viñas: "La confabulación monárquica contra la República contó desde el principio con el apoyo de Italia"

  • El historiador estudia en ¿Quién quiso la Guerra Civil? los contactos entre la conspiración de los monárquicos contra la República y el fascismo de Mussolini
  • El plan que planeaba reestablecer a los Borbones tras el golpe de Estado se fue al traste con la muerte de sus dos principales valedores, Calvo Sotelo y Sanjurjo

Publicada el 10/04/2019 a las 06:00 Actualizada el 10/04/2019 a las 11:49
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El historiador Ángel Viñas.

El historiador Ángel Viñas.

EP
El "glorioso alzamiento nacional" no fue tan nacional, Franco no ideó el golpe de Estado que le haría "salvador de España", y la sublevación militar no vino a rescatar al país de las garras de una revolución en marcha. El historiador Ángel Viñas parece casi hastiado de tener que negar todavía lo que considera "mentiras" sobre la Guerra Civil y el franquismo, que aún proliferan. Reivindica que su nuevo libro, ¿Quién quiso la Guerra Civil? (Crítica), ni siquiera es el primero en plantear que lo que sería el 18 de julio se planeaba casi desde la proclamación de la República. Eso, dice, no tendría ya ni que discutirse.

Él viene a aportar una evidencia nacida de distintos archivos entre los que destacan los italianos: la confabulación monárquica contra el Gobierno contó desde el principio con el apoyo del fascismo de Mussolini. La prueba: los contactos entre los conspiradores y la diplomacia italiana, que desembocan en la firma de unos contratos que aportarían aviones de guerra a los sublevados en cuanto estos se alzaran en armas. 

Pregunta. En el libro cuenta que se empieza a construir una confabulación contra la República en el momento en que se constituye...

Respuesta. No, no, no, no, ese es un relato conocido. Ese punto lo dijo ya en el año 40 Yanguas Messía, vizconde de Santa Clara de Avedillo. Lo dijo en sus memorias. Lo ha dicho [el economista] José Ángel Sánchez Asiaín… Eso es conocido. Es el comienzo de una conspiración que al principio no está muy clara. La derecha está sorprendida, aplastada, no sabe cómo reaccionar, pero se reúnen, toman café, y dicen que aquí hay que hacer algo. Es un reflejo inmediato, pero significativo, porque eso continúa desde el 14 de abril de 1931 hasta el 17 de julio de 1936. Es una conspiración continua. No sale la conspiración de una mente preclara, sino que se va elaborando y adaptando.

P. Esto contradice la teoría de que el golpe de Estado se produjo porque la República entró en el caos.

R. No, no, no. La república del segundo bienio, del bienio radical-cedista, era una república de derechas. El Gobierno no era de izquierdas, evidentemente, y ahí es cuando empieza a cuajar la sublevación, es cuando empieza en serio. ¿Por qué? Porque los monárquicos no toleran la República, ni siquiera de derechas. Al final se contentan: “Bueno, vamos a ver... Pero si la izquierda llega al poder, entonces nos sublevamos”. Pero claro, una cosa es decirlo y otra es hacerlo. Para sublevarse hay que tener de su lado por lo menos a una parte del ejército. Hay que crear un clima proclive a la sublevación. Lo hizo un sector pequeño del ejército en 1932, con la Sanjurjada, y mira cómo acabó, como el rosario de la aurora. Han aprendido de eso. Hay planes muy disparatados en la primavera del 36, hay un intento de golpe de Estado en abril del 36, que al final no se llevó a cabo por diversas circunstancias. La manipulación en el ejército no empieza hasta el mes de mayo, y entonces es [el general Emilio] Mola el encargado de asumir la preparación de la conspiración. ¿Por qué? Porque está en Navarra, están los carlistas, los requetés, fuera de la visión del Gobierno… Lo va haciendo con el jefe máximo, que es [el general José] Sanjurjo.

  P. ¿Subraya esto la idea de que el que Franco acabe siendo la cabeza visible de la sublevación es un hecho accidental?

R. Nadie lo había previsto. Franco tuvo suerte. No, la idea era que Sanjurjo sería el hombre fuerte del régimen que sucedería a una República derrotada, de haber triunfado el golpe, y que Sanjurjo montara un equipo de Gobierno presidido por [el líder de Renovación Española, José] Calvo Sotelo. Y que al cabo de cierto tiempo se llegara a la restauración de la monarquía: al fin y al cabo, quienes conspiran son los monárquicos. Ellos pensaban que llegado el momento Sanjurjo se retiraría decorosamente y que el rey quedaría en una posición similar a la del rey de Italia, bajo la protección de un civil fuerte, musculoso, duro, que era Calvo Sotelo. Todo esto, apoyado de un partido fascista o fascistizado. Es decir, emulando en lo posible la dictadura de Primo de Rivera, pero en unas circunstancias en que el triunfo se hubiera logrado gracias a la ayuda fascista, que le permitiría a Mussolini decir: “He trasplantado mi régimen a un país vecino próximo a nosotros”. Era una jugada maquiavélica. No sale. Porque primero le pegan dos tiros a Calvo Sotelo el 13 de julio, y luego [el aristócrata y militar Juan Antonio] Ansaldo, el piloto que ha negociado los contratos [con Italia], estrella a Sanjurjo. El plan monárquico quizás hubiera podido resistir sin Calvo Sotelo, mal, pero sin Sanjurjo es imposible. Ahí hay un vacío, y se cuela Franco.

P. Está Calvo Sotelo, está Sanjurjo, está Ansaldo encargándose de los contratos con Italia… ¿Qué otra pata sería imprescindible para la sublevación?

R. El ejército, claro. Fundamental. Para eso crean la Unión Militar Española, la UME, para revolver el ejército. Hay un general, José García Rodríguez, que dice que la UME fue fundamental porque introdujo el ámbito conspirativo en los escalones operativos de las fuerzas armadas, que no era el alto mando, sino los comandantes, los capitanes, los coroneles… Por ejemplo, en Valladolid, Batet no se subleva, pero vienen dos generales de la reserva y le arrestan. La oficialidad, que está más o menos preparada, se suma al golpe. Podría no haberlo hecho y haber pegado dos tiros a los generales que venían de la reserva. Eso es lo que hace la UME con sus octavillas, sus proclamas… Lo que yo no entiendo, francamente, es cómo no se enteraron los mandos militares.

P. ¿Qué supone la confirmación de la implicación de Italia en la conspiración contra la República?

R. Lo que yo he querido decir es algo que no se había documentado hasta ahora, y es que la confabulación monárquica contra la República cuenta desde el principio con el apoyo de Italia. Es decir, que todas las historias que nos han contado desde que se sublevó el ejército, en la guerra y en la posguerra y en el franquismo, y algunas hasta ahora, son mentira. Quienes pretendían derrocar la democracia en España eran unos conspiradores empujados por los monárquicos con el apoyo de una potencia extranjera. Y esto no es una cosa muy frecuente. Y sobre todo da un mentís a la idea del “glorioso alzamiento nacional”.

P. Y a la idea de la excepcionalidad española, que queda al margen de los conflictos europeos…

R. Claro, porque Mussolini apoya la conspiración y luego a Franco dentro de un marco de su política en Europa y hacia Europa. Después de que se está diciendo que los rojos están al servicio de la Unión Soviética, que los comunistas atenazan a Europa por el bajo vientre de una España caída en las garras de la revolución… Resulta que quien está conspirando con los fascistas son los monárquicos.

P. ¿Por qué la intervención italiana ha quedado ensombrecida por la alemana?

R. No lo sé, la verdad. Primero: no hubo intervención alemana antes de la Guerra Civil. Esto creo que lo demostré en mi tesis doctoral y en mi primer libro. Y luego, en otro libro que se titula Las armas y el oro, me hice eco de ciertos documentos y matizo un poquito: los monárquicos también tendieron su mano hacia Alemania, pero no tuvieron éxito, no les hicieron ni caso. Es muy distinto del caso italiano. Durante la dictadura primorriverista, la Italia fascista ejerce una cierta atracción sobre la derecha española. Limitada, pero ahí estaba. A partir de ahí, empieza la escalada hacia arriba. 

P. ¿Cuán decisiva es la ayuda italiana para que el golpe de Estado no sea sofocado?

R. Es decisiva en tanto que se compone de aviones de caza, de bombardeo, de transporte y algunos hidroaviones, que vienen en cuatro contratos que firma [el monárquico] Pedro Sáenz Rodríguez con una empresa italiana. Esos son los aviones que los italianos empiezan a enviar muy al principio. No son los que pide Franco, sino los que habían pedido los monárquicos. Los mandan una vez que se ha aclarado que ese golpe era el que pensaban los monárquicos que se iba a dar. Porque al principio hay una vacilación: los italianos saben que se va a dar un golpe, pero no saben si es el de Franco. Hay una duda. Mussolini no se decide hasta que no llega una misión monárquica en la que está Pedro Sáenz Rodríguez, que es el 25 de julio. Curiosamente, la misma fecha en que Hitler, por otras razones, también decide ayudar a Franco. ¿Curiosidad? Ninguna, esto estaba preparado de antemano. Hay que añadir que Mussolini decide cometer un acto de agresión contra otro Estado, con el que mantiene relaciones diplomáticas normales.

P. ¿Por qué los planes de la conspiración monárquica acaban derivando en lo que se configura ya desde el primer momento de la Guerra Civil?

R. Por la intervención de Franco, que es perfectamente lógica, porque en el mes de agosto, cuando ya los italianos empiezan a volar y a bombardear, ¿quién es el que tiene más cartas en sus manos? Franco, porque se pone de manifiesto que a él va a parar la ayuda italiana y alemana, porque es el que atraviesa el Estrecho de Gibraltar, porque es el que empieza a subir hasta Extremadura desde Andalucía, es el que el 14 o el 15 de agosto iza la bandera nacional, la monárquica, es el que conquista el Alcázar de Toledo… Es el que tiene triunfos en sus manos. Mola se ha empantanado en la Sierra, que no consigue atravesar. Entonces se plantea el problema de la unidad de mando, y los militares comprenden que un ejército necesita un jefe. En estas maniobras, en las que juega un papel importante Kindelán —que es monárquico—, Franco, una vez elegido… simplemente no se va. Entonces los monárquicos y los carlistas se quedan con tres palmos de narices. ¿Qué le van a hacer?

R. ¿Cuándo asumen los monárquicos que ha muerto su plan de reinstaurar la corona?

R. En cuanto muere Sanjurjo. Saben que el plan que tenían queda desbaratado.

P. ¿Y no ven a nadie capaz de continuar con sus ideas?

R. No, porque Franco ya está en el ajo. Y ellos descubren a un Franco con el que no pueden jugar... diría que durante la guerra. Pero antes hay que ganarla. Igual que en la República hay esta idea de que hay que hacer a la vez la revolución y la guerra, los militares lo tienen claro. Primero, la guerra, y luego ya veremos. Y con razón.

P. Usted plantea que el Gobierno republicano conoce la existencia de una conspiración, pero que no la detiene. ¿Por qué?

R. Yo no tengo respuesta a esa pregunta. Nadie la ha dado. Se han dado atisbos que quizás sean verdad. Que el ministro de la Guerra, Casares Quiroga, y Azaña no prestaron demasiada atención porque pensaban que era una repetición de la Sanjurjada, y que lo mismo que aquella se había liquidado fácilmente, esta sería igual. Otra respuesta posible: que había un temor hacia los anarquistas, que en el primer bienio habían hecho tres revueltas importantes contra el Gobierno de izquierdas, y que el Gobierno puede pensar que ahí hay más peligro. Puede ser, pero subestiman el peligro auténtico. Hay errores que matan. 
 
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8 Comentarios
  • @tierry_precioso @tierry_precioso 10/04/19 14:18

    Pensando en el "problema" Viñas/Payne, debo decir que consigo leer y aprovechar textos de autores con los no estoy especialmente de acuerdo.

    No creo que no se deba leer Chateaubriand porque era conservador y cristiano. Entender la Francia del siglo 19 omitiendo a Chateaubriand es difícil, tal vez imposible. Supongo que para entender la España del 19, Jaime Balmes y Donoso Cortes son valiosos.

    Todo eso para llegar a decir esto ultimo: me parece que desde 1975 España no ha estado nunca intelectualmente tan sectaria como ahora. Ojala me equivoque!

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    • Isa... Isa... 12/04/19 23:33

      Geniales comentarios tierry ¡Qué fenómeno! personalmente, siento que estamos instalados en un barullo de soflamas, sin contenido ni contención. Por eso, enhorabuena, bienvenida lectura y responsable reflexión, la que expresas. ¡Buena noche!

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    • luzin luzin 10/04/19 19:59

      Cuánta razón y sabias palabras, el partidismo y el hooliganismo político está más que instalado ... el "atrévete a pensar" o "piensa por tí mismo" ha sido sustituido por repetir los mantras (consignas ¿se acuerdan?) que lanzan desde arriba ...

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      • @tierry_precioso @tierry_precioso 10/04/19 21:04

        buenas noches luzin!

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    • @tierry_precioso @tierry_precioso 10/04/19 14:33

      con los que no estoy especialmente de acuerdo.

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  • @tierry_precioso @tierry_precioso 10/04/19 08:58

    Pregunta: Usted plantea que el Gobierno republicano conoce la existencia de una conspiración, pero que no la detiene. ¿Por qué?
    Respuesta: Yo no tengo respuesta a esa pregunta. Nadie la ha dado.

    Yo he leído eso que me parece responder en gran parte a la pregunta de Clara Morales:
    El primer ministro y el ministro de guerra eran conscientes que el complot estaba en marcha, pero se resistían purgar directamente los militares por varias razones. Por una parte, tenían un bajo concepto de los mandos del ejercito y dudaban de su capacidad para organizar una conspiración eficaz. Por la otra, no podían abandonar del todo sus esfuerzos de coexistencia con la derecha. Existía además la paradoja de que el ejercito era en ultimo termino la única protección del gobierno de Azaña contra la izquierda revolucionaria en caso de desintegración del Frente Popular. En consecuencia el gobierno vacilaba en ir mâs allá de alguna pálida demostración del tipo de un decreto del 18 de abril que autorizaba al gobierno a suspender la pensión a cualquier militar retirado que perteneciese de seguro a alguna organización política ilegal, tal como la Falange. El gobierno estaba jugando con fuego, o dicho con mâs precisión, con dos fuegos diferentes, y no se atrevía a tratar de extinguir ninguno de ellos por temor a que el otro se escapara del control. Aquel modo de actuar,tan indeciso, continuó durante cinco meses, y terminô desastrosamente.

    Paginas 329 y 330 de LA PRIMERA DEMOCRACIA ESPAÑOLA, La Segunda República, 1931-1936. Autor: Stanley G. Payne.

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    • Clara Morales Clara Morales 10/04/19 11:47

      Personalmente, creo que Viñas se refiere a que no hay información documental, más allá de las elucubraciones, que explicarían la no intervención del Gobierno en este asunto. De hecho, en la entrevista el historiador apunta luego dos teorías que "quizás sean verdad", pero que él mismo considera que no dejan de ser interpretaciones. En ese sentido, la de Payne estaría en la misma categoría. Por otra parte, es conocido que Viñas y Payne difieren muchísimo en sus consideraciones sobre la Guerra Civil, y han protagonizado sonoros encontronazos dialécticos...

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      • @tierry_precioso @tierry_precioso 10/04/19 12:33

        A priori me interesa mucho Angel Viñas, acerca del papel favorable a los golpistas por parte de Gran Bretaña por ejemplo y su hipótesis de que Franco podía provocar la muerte del general Balmes en 36 en Canarias es muy sugerente.

        No sabía de sus desencuentros acerca de la guerra civil. En realidad hace tiempo que tengo una opinión bastante formada acerca de la guerra civil. Por ejemplo imagino entender porque Santiago Carrillo dejaba el Psoe y su padre Wenceslao para afiliarse al PCE pero sobretodo entiendo la postura de Negrin. Siento decirlo pero lastima que la segunda guerra mundial no empezaba antes...

        En cambio ahora me interesa muchísimo mâs conocer la Segunda República y el libro de Payne me parece admirable en este sentido. Lo que apunta en este caso para explicar cierta inacción del gobierno republicano me parece la hipótesis mâs plausible. Buen día.

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