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Montesquieu, para Díaz Ayuso

Publicada el 15/04/2021 a las 06:00 Actualizada el 15/04/2021 a las 08:20

Imagino que a algún lector se le habrá pintado una sonrisa al leer este titular, pero asumo con gusto las bromas que me puedan caer por este encabezamiento. Al fin y al cabo, se supone que los profesores estamos para eso, para proponer preguntas y para ofrecer —o recordar— algunas pistas que sirvan a cada uno en su búsqueda de respuestas o, dicho con más énfasis, para eso que Sócrates planteó como mayéutica. Por más que se nos tache de ingenuos, no es propio de nuestra profesión desesperar del sentido de nuestra tarea, ni siquiera ante un grupo de personas a las que se estigmatiza como reluctantes al sentido crítico y a la independencia de criterio, como reza el tópico sobre la clase política, un tópico que, dicho sea de paso, he podido constatar que no responde a la realidad de muchos de sus representantes.

En todo caso, a la presidenta de la Comunidad de Madrid como destinataria de este recuerdo de Montesquieu, podríamos añadir algún otro nombre ilustre, como el del notable asesor M.A. Rodríguez, al que supongo padrino del eslogan “socialismo o libertad”, o también alguien de quien presumo competencia y buen grado de conocimiento jurídico por razón de su profesión, el señor Martínez Almeida. Incluso me atrevo a sumar al irreductible defensor de la libertad que, según propia confesión, es el Sr. Cantó. Va por ellos y por algún otro, con la mejor de las intenciones.

Ha sido objeto ya de análisis por prestigiosos expertos en comunicación política el fundamento y la eficacia del eslogan electoral “Libertad o socialismo” y de sus variantes, más o menos tan imaginativas como el original. No abundaré en el despropósito de ese enunciado. Pero sí quisiera ofrecer un comentario sobre algo que me preocupa que se pueda extender en las filas de un partido con vocación de gobierno y, también, que prenda en la opinión pública. Me refiero a la relación entre su noción de libertad, la que se desprende de los eslóganes en cuestión, y el respeto a la ley.

Sucede, en efecto, que el Partido Popular se presenta con el argumento —muy respetable— de adalid de la defensa de la Constitución y del cumplimiento de la ley. Y por eso me sorprende aún más la insólita noción de libertad de la que hacen gala la señora Díaz Ayuso, el señor Martínez Almeida y el también mencionado señor Cantó, por no decir el comité electoral del Partido Popular que aprobó las listas electorales para la Comunidad de Madrid. Porque este es el punto: la decisión de unos y otros de incluir como candidatos a dos personas (los señores Cantó y Conde) que, como ha puesto de manifiesto la sentencia del juzgado nº 5 de lo contencioso de Madrid, han infringido la legislación electoral aplicable, de modo tan evidente como torpe. Porque el recurso de modificar fuera de plazo el domicilio, por vía del DNI, sólo puede obedecer a una de estas dos hipótesis: o bien de trata de una torpe ignorancia de la palmaria legalidad, o bien de un desprecio de ésta que sólo puede entenderse desde la convicción de que la ley puede retorcerse en el propio beneficio, cuando uno es quien es: un político notorio o un partido importante. Y no creo que valga alegar que la decisión judicial supone una restricción indebida del derecho a la participación política. No es así, a mi juicio (y así lo entiende la decisión judicial), porque —como sucede con todos los derechos fundamentales— no cabe entenderlo como un derecho absoluto. Los derechos existen y están garantizados para todos precisamente en la medida en que son objeto de regulación. En este caso, la que le impone la legislación electoral. Su ejercicio presupone, por tanto, el respeto a la LOREG y a la ley electoral autonómica. Si se saltan o retuercen esas disposiciones legales, se está desvirtuando el derecho en cuestión.

A un profesor de Filosofía del Derecho, lo primero que se le viene a la cabeza en este asunto es el dictum de Cicerón: “somos siervos de las leyes, para poder ser libres”. Y, a continuación, uno no puede dejar de evocar las consecuencias que supieron explicitar, entre otros, Montesquieu o Kant.

La primera es que la libertad no consiste en la ausencia de normas, o en disponer de la suficiente voluntad de dominio como para imponerse por encima de ellas, en hacer lo que uno quiere. Recordaré, aunque sea una cita de varias líneas, lo que a ese respecto dejó escrito Montesquieu —al que, desde luego, estoy lejos de querer enterrar—, en el tercer epígrafe del libro XI de su Esprit des lois, dedicado precisamente a definir qué es libertad: “Es cierto que en las democracias parece que el pueblo hace lo que quiere, pero la libertad política no consiste en hacer lo que uno quiera. En un Estado, es decir, en una sociedad en la que hay leyes, la libertad sólo puede consistir en poder hacer lo que se debe querer y en no estar obligado a hacer lo que no se debe querer”. Y, por si acaso no lo hubiera dejado claro, concluye: “La libertad es el derecho de hacer todo lo que las leyes permiten, y si un ciudadano pudiera hacer lo que las leyes prohíben no será libre, porque todos los demás tendrán ese mismo poder”.

Y ya que estoy en racha de referencias, añadiré un par más que, estoy seguro, serán del agrado de la tradición liberal a la que se adscriben los destinatarios a los que ofrezco estas humildes líneas: uno no se puede autoproclamar liberal si su propia libertad no es conjugable con la igual libertad de todos los demás, advirtió Kant. La garantía de esa conjugación es la igualdad ante la ley, algo que no se toman en serio quienes a la postre apuestan siempre por su propia y superior libertad, confundiéndola así con el privilegio. Eso es lo que no entienden quienes, aunque se proclamen liberales, en realidad son anarcoliberales, es decir, quienes defienden que la ley debe ceder cuando les conviene a ellos, y por eso están dispuestos a saltarse las leyes que dicen defender en cuanto les beneficie. Como recordó la profesora Alicia García Ruiz en un estupendo y reciente artículo, precisamente titulado La libertad de todos, lo que sostiene el mejor liberalismo político, el de Mill, T.H.Green y Judith Shklar, es que la libertad, o es de todos, o no es libertad en serio. Por eso, Etiénne Balibar prefiere hablar de egalibertad.

Todo ello tiene consecuencias muy concretas a la hora de definir la función de los poderes públicos para garantizar la educación, la salud, la asistencia a las personas de tercera edad, el acceso a las vacunas, o para justificar con algo más que milagros —como el de la mano invisible— cómo se concilia la rebaja de impuestos con la financiación y sostenimiento de esos servicios al alcance de todos. Cuestiones todas ellas sobre las que nos gustaría escuchar en la campaña electoral las propuestas y los argumentos de los candidatos, en lugar de una sucesión de eslóganes o de vídeos en modo mater dolorosa, esforzada maratoniana o sacrificado defensor de la libertad de transitar de un cuerpo legislativo a otro, con evidente detrimento de la responsabilidad que se debe a los votantes que lo eligieron para representarles. Algo que, para su desgracia, han sufrido los valencianos que en su día escogieron la papeleta que encabezaba el Sr Cantó y a los que ha dejado compuestos y sin su presencia, para hacer uso de su voluntad de dar “hasta su último aliento” (lo de último es un decir, hablando del reputado actor) en apoyo de la causa de su nueva lideresa a la que, en su enésima caída del caballo, ha descubierto como la mejor gestora del mundo mundial, sin que se le mueva una ceja por la desmesura. Todo sea por (su) libertad.

________________

Javier de Lucas es catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política en el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad de Valencia y senador del PSOE por Valencia.

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12 Comentarios
  • Turismundo Turismundo 15/04/21 18:44

    Los señores y señoras representantes políticos que gobiernan los partidoa PP y Ciudadanos no son liberales como no son cristianos los sacerdotes pederastas por mucha sotana que vistan. Tenemos urgencia moral de llamar a las cosas por su nombre, esta caterva de sinvergüenzas desalmados son cualquier cosa menos liberales. Se han adueñado del lenguaje, robandóselo a los demás, como hacen con todo y ponen nombre a todas las cosas ejerciendo de Dioses que es lo que verdaderamente se sienten. Como buen profesor intentar enseñar a estos que se las saben todas, le honra, pero ya le digo yo que todo lo que se les diga, se lo pasaran por el forro de sus entrepiernas que para eso son castizos y de raza. Su dictum no es el de Cicerón es otro ¨el que venga atrás que arree¨

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  • GRINGO GRINGO 15/04/21 13:17

    Más que poner a parir a otras opciones políticas, que en éste caso ya se encargan ellos con suficientes argumentos, se agradecería que nos hubiera transmitido una idea aproximada de lo que SOSOLONDO prevé hacer en Madrid, y con que compañeros de viaje.

    Por lo que parece han elegido Trio, con Más Madrid, escisión promovida y patrocinada por el PSOE como torpedo a la línea de flotación de UNIDAS PODEMOS, con el resultado conocido del Gobierno actual en funciones, y otro integrante del actual Gobierno, integrante de la foto del TriColón....por mucho que le pese a Pedro Sánchez, que ahora les denomina como el Dúo de Colón.

    Qué pretende hacer SOSOLONDO en Madrid, si lleva dos años viendo las barbaridades que ha hecho Lady Cocodrilo y sus socios de gobierno, Y NO HA HECHO NADA, NI ELLOS, NI MÁS MADRID...

    Con ésta "receta mágica" pretenden cambiar el rumbo de Madrid ??????

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  • Angel10 Angel10 15/04/21 12:46

    Estimado Profesor, tienen usted mucha razón, pero ya sabe, porque no es nuevo, que a todo se le puede dar la vuelta.

    Supongo que conoce usted aquel famoso libelo, parece que se escribió contra la dictadura de Napoleón III, que se titula "Diálogos en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu" en el se puede ver como los que no aprecian mas que SU libertad, son capaces de darle la vuelta a los argumentos para hacer lo que les da la REAL o PLEBEYA gana

    https://www.academia.edu/17773563/DIALOGO_EN_EL_INFIERNO_entre_Maquiavelo_y_Montesquieu

    Un saludo

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  • jumar jumar 15/04/21 09:53

    Lo cierto es que en abstracto, eliminando condicionantes, todo parece bonito. Es como aquel físico hablando de las carreras de caballos : "supongamos un caballo esférico y sin rozamientos".

    Pero las leyes por mucha falsedad para justificarlas, no son nada sin atender a la sociedad que las aplica. Aquí de momento estamos muy jodidos, porque la aplicación de la ley en su inmensa mayoría es heredada de un sistema dictatorial (franquista), basadas en el poder absoluto (decido lo que me da la gana), después un tribunal (por votación) decide (hacer lo que les viene en gana) hasta el constitucional (lacayo, que en lugar de constitución, deciden también lo que les viene en gana por mayoría digital), todo esto supervisado y controlado por un consejo digital que puede permanecer en funciones hasta el fin de los tiempos nombrando cargos y haciendo lo que les viene en gana.


    Los que aplican su dedo (bipartidismo) funcionan según el principio democrático de "yo te doy cremita y tu me das cremita" y cuando la sociedad se revela (pluripartidismo), entonces se pone a funcionar de forma implacable el lobby mediático para reconducir de nuevo el bipartidismo.
    .........................
    Eso mismo fue lo que yo le pregunté : ¿Por qué está de jefe?

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    • jumar jumar 15/04/21 10:16

      Perdón para los que no conozcan "círculos viciosos" , https://www.youtube.com/watch?v=keYG73CR-1A

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  • paco arbillaga paco arbillaga 15/04/21 08:11


    Estando de acuerdo con casi todo lo que expone este artículo, el dicho de Cicerón: «Somos siervos de las leyes, para poder ser libres», no lo comparto del todo pues para ello las leyes deberían ser justas, y no siempre coincide la ley con la justicia. Hay, se dictan muchas leyes que lo que hacen es proteger, aumentar y legalizar las desigualdades sociales.

    Libertad pudiera ser el estado mayor de JUSTICIA para TODOS al que podríamos llegar. Osasuna.

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    • Galpovic Galpovic 15/04/21 11:42

      El problema es que no hay una Justicia (con mayúsculas) que flote por encima del ser humano y sea independiente de este. Lo que es justo o injusto lo deciden también los seres humanos y va cambiando con el tiempo y la cultura. Así hubo un tiempo en que ahorcar a los ladrones en la plaza pública y matar a los que profesaban una religión diferente a la tuya o esclavizar a los enemigos era considerado muy justo. Hoy en día existe países donde se considera también muy justo lapidar a una mujer adúltera o ahorcar a los homosexuales.

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      • paco arbillaga paco arbillaga 15/04/21 14:38



        Galpovic: No estoy de acuerdo en que porque una ley en algún país permita matar, lapidar, ahorcar, imponer religiones, formas de vida, de «moral» «obligatorias», sea eso Justicia. Osasuna2 salu2.

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        • Galpovic Galpovic 15/04/21 23:36

          No, no lo es, es sólo su justicia pero seguro que en esos países te vas a encontrar mucha gente dispuesta a defender que eso es la Justicia (con máyusculas) y tú estás completamente equivocado

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  • Ijon Tychi Ijon Tychi 15/04/21 08:09

    No me ha gustado lo de "anarcoliberales". El anarquismo no consiste en hacer lo que uno quiera sin respetar a los demás. El anarquismo se basa en la responsabilidad del individuo, para con él y con la sociedad de individuos responsables en la que habita. Nada más lejos de lo que hacen los neoliberales.

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    • paco arbillaga paco arbillaga 15/04/21 08:18


      Ijon Tychi: «La anarquía es la más alta expresión del orden» (Eliseo Reclus), y añadiría que también de la Justicia (con mayúsculas). Por eso interesa a muchos estamentos desacreditarla. Osasuna2, ordenados y libertarios saludos.

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  • Artero Artero 15/04/21 00:01

    A AYUSO Y LOS SUYOS, LES IMPORTA POCO RESPETAR LA LEYES, LAS SUELEN INRIGIR, EN LA CONFIANZA DE QUE LES DARÁ LA RAZÓN UNA JUNTA ELECTORAL CORRUPTA, LO QUE HA OCURRIDO, ES QUE NO ES LA JUNTA ELECTORAL QUIEN TIENE LA ULTIMA PALABRA

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