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Los libros

‘Solos’, de Paloma Bravo

  • La novela de la periodista es un retrato de la incomunicación en la pareja urbana actual, una narración sobre el amor roto con humor, ternura y mala leche
  • La autora juega con la crisis emocional de los 40 con un tono provocador, incisivo, deja que sus personajes hablen mucho y dialoguen sobre lo que les pasa

Pablo Bonet Ayllón
EL AUTOR
Publicada el 01/04/2016 a las 06:00 Actualizada el 31/03/2016 a las 19:30
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Portada de 'Solos', de Paloma Bravo.

Portada de 'Solos', de Paloma Bravo.

Solos
Paloma Bravo

Alfabia
Barcelona

2016

Solos
Elena y Javi son una pareja en torno a los 40 años que vive una vida cómoda. Elena es el sarcasmo y Javi la apariencia. Ella es abogada y él, cirujano plástico. Están casados por segunda vez con un hijo cada uno del matrimonio anterior. Ella espera un whatsapp de un antiguo amor que nunca llega, "tiene una vida que no aprecia pero que no le espanta" —como dice la narradora omnisciente de esta novela—. A él no le hace falta, se acuesta con otras para seguir sintiéndose pleno porque los 40 es la época en la que da pereza acostarse con tu pareja, cuando los gritos no duelen tanto como los silencios, dónde el whatsapp y la tecnología pueden expresar más —o no y nos lo hemos creído— que una cena entre dos y sus soledades compartidas.

Solos (Alfabia, 2016) es un retrato de la incomunicación en la pareja urbana actual. Gente acomodada y con casi todo cumplido, conectados y en apariencia sin tiempo para el vacío, pero claro, con sus miserias cotidianas, sus silencios atronadores y sus falsas apariencias. Esta es una novela sobre el amor roto: con mucho humor, ternura y mala leche, Paloma Bravo nos cuenta la historia de esta pareja una noche que montan una fiesta en su casa a la que solo van sus amigos Ana y Tomás, los solteros, la contraposición a la pareja ideal. La autora juega con la crisis emocional de los 40 con un tono provocador, incisivo, humorístico a veces, deja que sus personajes hablen mucho y dialoguen sobre lo que les pasa. Elena, aturdida, triste, vacía ve tambalear su trabajo y su matrimonio, espera lo que no va a llegar, se aferra a una ilusión del pasado. Javi es inconsciente, acaba de acostarse con su exmujer antes de que ésta se vuelva a casar. Se mira siempre en los espejos, parece superficial, egoísta, egocéntrico, porque él desea "una pareja en casa y una vida alternativa fuera". Ana es la gran amiga de Elena, aunque guarda secretos que no le cuenta. Está soltera y disfruta en apariencia de la vida, se tira a un joven de 25 y es admirada por ello. Pero si rascamos en la superficie, algo falla. Tomás es el cuarto elemento de la fiesta, el amigo ideal, el hombre noble que sabe escuchar y que ha logrado casi todo lo que se ha propuesto excepto tener un hijo. Y el arroz se le ha pasado ya. Cada uno en su estilo no encuentra la plenitud. Elena habla con Ana de la posibilidad de volver a tener otra pareja nueva y de la pereza que le da: "Explicarle a un desconocido quién soy y qué me ha hecho serlo. Volver a enseñar mi versión más maquillada, disfrazar mis miedos, esconder mis defectos, contarle mis sueños como si de verdad creyera posible alcanzarlos… Como si todavía estuviera a tiempo".

Es una fiesta en casa de los protagonistas, y allí todos son sinceros en algún momento, como cuando Elena explica las razones de Javi para no separarse de ella: "Él dice que no gana nada separándose. Que yo le gusto. Que follo como una salvaje. Que quiero a su hijo como una madre. Que soy independiente. Que le pongo bruto. Que le gusta dormir conmigo. Que le divierto cuando estamos con amigos. Que le dejo espacio cuando estamos solos. Que le encanta ver cómo trato a los niños. Que le emociona que el mundo no me sea indiferente…". Y éstas, efectivamente, podrían ser las razones de una pareja de 40 años para seguir queriéndose. Solos emana ternura también, sus diálogos son fluidos, creíbles, como zarpazos de realidad que hacen de equilibrio a las reflexiones de la narradora: "Javi quiere a Elena. La quiere de verdad. Está abrumado, eso sí, por la tristeza infinita de su mujer, esa mujer con la que había aprendido a convivir, a leerse los tiempos, a dejarse espacios. Javi se acerca a ella y le pasa el brazo por el hombro. Hay algo definitivamente roto entre ellos, eso no se puede negar. Como si se miraran desde orillas opuestas, con amor y nostalgia. Con ganas de estar juntos y la certeza de que no podrán volver a estarlo. O no de la misma manera. Alguien tiene que dar el primer paso, pero ninguno sabe cuál es ni dónde encontrarlo". Así, la vida transcurre entre silencios velados e insatisfacciones calladas. Como apostilla Tomás para definir su soltería: "Soy melancólico y creo que el amor perfecto es el que ya no se tiene".

Quizá la única flaqueza del libro es que los personajes son algo arquetípicos (el cirujano plástico superficial que se acuesta con quien puede; la mujer romántica de buena posición que se asoma al vacío de su vida y busca otras expectativas, —un hombre del pasado que la rescate—; la amiga soltera, libre, irónica y crítica que está con un jovencito de 25 y parece tan feliz; el amigo soltero, profesor que ha logrado todo lo que se propuso excepto la paternidad) aunque el relato quizá lo necesitara, pero en su conjunto es una obra que como una crónica describe estados emocionales de una generación concreta y sus contradicciones, contada de manera divertida y con la que se podrán identificar aquellos que quieran una novela valiente para asomarse al precipicio de los 40 años y las relaciones de pareja.

*Pablo Bonet Ayllón es librero de guardia en la librería Muga (Avda. de Pablo Neruda, 89. Madrid).


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