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Los libros

‘Senior Service’, de Carlo Feltrinelli

  • La biografía del editor publicada por su hijo Carlo es el resultado brillante de una llamativa y dificilísima mezcla entre el conocimiento, la lucidez y las emociones
  • Heredero de una fortuna incalculable, niño feliz de la élite, Feltrinelli se convierte en partisano, militante antifascista y miembro del PCI

Publicada el 14/10/2016 a las 06:00 Actualizada el 13/10/2016 a las 20:32
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'Senior Service', de Carlo Feltrinelli.

'Senior Service', de Carlo Feltrinelli.

Senior Service. Biografía de un editor
Carlo Feltrinelli

Anagrama
Barcelona

2016

Senior Service
Giangiacomo Feltrinelli, el heredero de una de las mayores fortunas de Italia y el editor que revolucionó el mundo del libro en la Europa en la década de los cincuenta, murió el 14 de marzo de 1972 mientras colocaba un artefacto explosivo en una estrategia de sabotaje. Los Grupos de Acción Partisana habían planificado actos de boicot contra la derecha italiana y las interferencias del imperialismo americano. Feltrinelli trataba de hacer estallar un poste de alta tensión para provocar un apagón general. Todavía no se sabe con certeza si el editor murió por un fallo en sus preparativos o si fue una muerte provocada. Desde hacía meses lo habían sentenciado los neofascistas de Ordine Nuevo y era vigilado de cerca por la CIA como “el principal agente castrista en Europa”.


La biografía publicada por su hijo Carlo, presidente hoy del Grupo Feltrinelli, es el resultado brillante de una llamativa y dificilísima mezcla entre el conocimiento, la lucidez y las emociones. El personaje histórico del que se habla fue a la vez el hombre que le enseñó al autor del libro a “quitarle las escamas al pescado y a asar la carne, a caminar por la nieve y a conducir deprisa”. Conseguir un equilibrio entre la interpretación de la historia colectiva y el retrato de la figura paternal es un reto complejo que este libro resuelve gracias al tono narrativo elaborado en esta novela de una vida. Las cartas de cumpleaños se mezclan con los titulares de periódico.
La tarea a la hora de fijar el punto de vista queda ya iluminada en las primeras páginas del libro cuando el autor habla de su bisabuelo Giacomo, uno de los fundadores del imperio maderero que convertiría a los Feltrinelli en referencias centrales de la banca y la economía de Italia durante la época fascista. El descendiente no conoció al prohombre, pero estaba muy familiarizado con su cara. En el busto del bisabuelo colocó de niño un aro de baloncesto para jugar en el jardín de una de las casas familiares.

La sentimentalidad no lleva a cerrar los ojos ante los posibles defectos del padre, mil veces aireados por la prensa hostil y por algunos amigos con mirada crítica. Vanidad, irresponsabilidad, soberbia, egoísmo, fanatismo, impaciencia, incapacidad para dar su brazo a torcer, son algunos de los calificativos que surgen de manera frecuente para caracterizar el comportamiento de Giangiacomo. Quizá sea el padre, es decir, la vida dura de una mujer y un niño abandonados en nombre de la clandestinidad, la mayor razón para que Carlo coloque en su propio equipaje intelectual frases como esta: “Es saludable para la inteligencia no creer ciegamente en lo que se hace”. Pero no cerrar los ojos significa también no aceptar una caricatura fácil e intentar comprender las verdades de una vida.

Y la vida de Giangiacomo Feltrinelli es una de las más singulares de la Europa del siglo XX. Es también un ejemplo de los caminos que pueden abrirse por resentimiento ante las injusticias de la clase en la que uno ha nacido. Heredero de una fortuna incalculable, niño feliz de la élite, se convierte en partisano, militante antifascista y miembro del PCI. Su fortuna le permite algo más que soñar. Sostiene económicamente muchas actividades del Partido, funda la Biblioteca Feltrinelli centrada en el estudio del movimiento obrero, consigue uno de los mejores archivos del mundo sobre el tema, pone en marcha la Cooperativa del Libro Popular y después consolida la editorial Feltrinelli y una potente red de librerías. Decidió utilizar sus empresas para combatir desde el punto de vista cultural en favor del socialismo y en contra de las presiones reaccionarias, internas y externas, que sufrió la Italia de posguerra.

La verdad del personaje, dibujada en la frontera que hay entre la seguridad de un niño rico sin miedo y las convicciones de un luchador, se dibuja en dos momentos decisivos: la publicación de El doctor Zhivago en 1957 y su acercamiento a los Grupos de Acción Partisana al inicio de la década de los setenta. La novela de Boris Pasternak llegó a manos de Feltrinelli coincidiendo con la invasión soviética de Hungría y con las discusiones del PCI para buscar una vía italiana hacia el socialismo. Cuando la novela es prohibida en la Unión Soviética, Giangiacomo publica la primera edición en Italia soportando las presiones despiadadas y estafadoras del Kremlin y la enemistad del aparato comunista italiano. No deja de sentirse comunista a la hora de tomar partido por la libertad de un escritor.

El otro episodio pertenece ya a la década siguiente, cuando los EEUU se alarman ante las debilidades de Aldo Moro y la posibilidad de que el PCI llegue al poder. Desatan una política de tensión y atentados para provocar una reacción derechista. Feltrinelli pasa a la clandestinidad al ser involucrado falsamente con las bombas de la Piazza Fontana de Milán en diciembre de 1969. En la deriva mafiosa de la democracia italiana, esta situación coincide con una pérdida de fe en la vía italiana al socialismo y con la evidencia de los límites de la democracia parlamentaria en manos de los poderes económicos. El editor buscado por la policía teorizó su estado de ánimo en el opúsculo Contra el imperialismo y la coalición de derechas (1970).

No es justo ni conviene analizar la figura de Giangiacomo Feltrinelli pasando por alto la renuncia que hizo en nombre de sus ideas a un mundo de privilegios. Su vanidad podía haberse encauzado por otro caminos más agradables. Creo que el hijo Carlo encuentra una buena perspectiva para juzgar y comprender al padre en una anécdota que ocurrió algunos años después de su muerte. Un guardia urbano detuvo a Carlo para ponerle una multa de tráfico. Al ver el apellido, lo reconoció y le dijo que él había formado parte de aparato policial que vigiló el entierro de Feltrinelli. “Me contó –escribe— que aquel día estaba de servicio allí, en el Monumental, y que recordaba haber visto desfilar el cortejo de las banderas rojas con las flores de Oberhof y Villadeati. Él también alzó el puño y sus superiores se lo hicieron pagar. El comunismo, uno de los grandes temas del siglo pasado, no es sólo Ceaucescu derribado por la muchedumbre en la plaza de cemento”.

*Luis García Montero es poeta y profesor de Literatura. Su último libro, Un lector llamado Federico García Lorca (Taurus).

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