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Liebre por gato

Guía de turismo de 1946

  • En la nueva entrega de la sección dedicada al microrrelato recogemos dos textos del escritor Fernando Aínsa
  • El autor da vueltas en torno a la memoria: la de una ciudad que ya no existe y la de un nombre que puede ser borrado

Publicada el 22/09/2017 a las 06:00
El escritor Fernando Aínsa.

El escritor Fernando Aínsa.

La sección de microrrelatos inéditos Liebre por gato está coordinada por Gemma Pellicer y Fernando Valls. En esta nueva entrega recoge dos textos del escritor Fernando Aínsa.
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Guía de turismo de 1946

Mi vecino de asiento tiene ochenta y dos años y está impecablemente vestido de traje oscuro, chaleco y corbata. Lleva consigo una pequeña maleta de cartón con cerrojos metálicos y una vieja cartera de cuero que baja en las paradas previstas para necesidades (menores y mayores) y para las del almuerzo, cena y desayuno. Viaja solo y me habla todo el tiempo (su voz se superpone a cumbias, tangos y bagüalas que transmite la radio del autobús) para contarme que es viudo sin hijos, que está jubilado y que era dueño de una fábrica de calcetines en Montevideo que hizo quiebra hará unos años.

Estuvo, recién casado, con su mujer en Chile en 1949 y, antes de morirse, quiere volver a recorrer los mismos escenarios de su viaje de bodas. En su cartera lleva una guía de turismo de Santiago, Viña del Mar y Valparaíso de 1946, revistas y recortes amarillentos de un mundo que espera reencontrar. Descubro en la guía alargada hacia lo ancho, que le pido prestada para (h)ojearla, los muelles de madera que se adentraban desde la orilla en el océano Pacífico (en realidad no tan pacífico) en la playa de Recreo de Viña, la costa de Concón casi desierta, las bañistas sonrientes con sus trajes de baño con tirantes y hasta las rodillas y los hoteles de arquitectura suntuosa de Valparaíso. Me enseña las anotaciones de precios en Escudos y se pregunta si habrán subido mucho desde entonces.

Al llegar a la terminal de autobuses, mientras abrazo a mi familia, sobre la Alameda atascada de autos y micros de tubos de escape humeantes, bajo el sol implacable de diciembre y el cielo contaminado de Santiago, advierto su oscura silueta. Es mi compañero de viaje, el señor vestido de negro con traje y corbata, con la maleta de cartón y la cartera de cuero que camina en dirección contraria el tránsito. Para orientarse, lleva en la mano el plano de la ciudad de Santiago de 1946.

Al menos, a diferencia de otros, parece saber hacia dónde va.

 
Dar de baja en la memoria

Cuando voy al centro médico de mi barrio, citado para el control periódico del Sintrom, suelo comprar el Heraldo de Aragón para leer paciente en la espera.

Luego Ada, la enfermera, mientras la máquina da su diagnóstico me pide ojearlo: busca la sección de necrológicas y, a veces, suspira aliviada.

Ha encontrado al fallecido conocido que hasta no hace mucho venía a su consulta, y al que da de inmediato de baja en su memoria.


*Fernando Aínsa, escritor y ensayista hispanouruguayo, desde 1999 reside en Zaragoza, ha cultivado la poesía, la novela, el aforismo y el microrrelato. Es autor, además, de numerosos e imprescindibles trabajos sobre la historia de la cultura, de la literatura hispanoamericana.
 
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