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Los libros

"Mantener a distancia el porvenir"

  • Hotel Europa es un lugar aparentemente cómodo, pero atravesado por la inquietud de los no lugares que, como contraposición, aparecen
  • Con este libro asistimos a un balance necesario de la poesía española. Y urgente. José Luis Gómez Toré se encuentra en plena madurez

Publicada el 15/06/2018 a las 06:00
Hotel Europa
José Luis Gómez Toré
La Isla de Siltolá
Sevilla
2017
  Deslumbrante y desgarrador, violento y sedante a un tiempo, Hotel Europa, de José Luis Gómez Toré (Madrid, 1973), publicado por la editorial sevillana La Isla de Siltolá, es un libro importante entre las novedades de esta temporada. Un libro de intensidades en torno a un recorrido por un lugar aparentemente cómodo, como es un hotel, lleno de referencias hacia la horizontalidad europea, la cobertura social, y todo lo que significa el proyecto ilustrado, pero atravesado por la inquietud de los no lugares que, como contraposición, aparecen: Mato Grosso (p. 15), Ciudad Juárez (p. 20), diferentes ciudades o lugares de Mozambique, Songo, Chitima, Changara, Maputo (pp. 23-26 y 35), Manila (pp. 27-28), etc. Se trata en última instancia de una cartografía anímica.

Dividido en tres partes, «Historia universal», «El teatro anatómico del doctor Cirlot», subtitulado explícitamente «Interludio grotesco»; y para terminar la homónima «Hotel Europa», José Luis Gómez Toré ha construido un sólido y bien articulado libro de poemas que en todo momento nos deja respirar, como si fuera un tubo para buceadores a pulmón, a pesar de la gravedad de la materia tratada, gravedad filosóficamente socrática, dialécticamente brechtiana, de acusación. En Hotel Europa se cuestiona la verdad, y esta interrogación se erige en acusación pública. Pero más como ananké y denuncia de las frivolidades, esquivando la molicie happy del capitalismo avanzado y las noticias escabrosas que se suceden a la hora de comer en el telediario, en este mundo de reproductibilidad técnica, como en «Ciudad Juárez o el cuerpo en la era de su reproductibilidad técnica» (p. 20). Hotel Europa entraña una lectura trágica: la más trágica, como la Cordelia, que remite a El rey Lear shakesperiano, personaje que aparece —ya como fantasmagoría— en «Hotel Europa», el último poema del libro. Habría que explicar que, a poco que leamos los primeras composiciones, nos damos cuenta de que nos enfrentamos a una poesía que se pregunta si es posible escribir poesía después de Auschwitz, tal y como planteara Adorno. Habría que responder de inmediato que sí, a la luz de este poemario, pero la respuesta no es tan sencilla ni en su formulación, obviamente, ni en su resultado. La incertidumbre sobre el futuro planea advirtiéndonos lo intrincado del pasado, pues no hay futuro sin pasado, sin lectura consciente del paso del tiempo: «Son pocas las certezas: no ordenar las imágenes, no borrar la sutura, mantener a distancia el porvenir» (de «Elegía», p. 35). Porque «El exceso de porvenir enferma» (de «De la poesía como discurso republicano (zona wi-fi)», p. 36).

Esa desgarradura provocada, y la herida que resulta, son a su vez poesía. Hotel Europa ofrece una densa y enjundiosa lectura desde el nivel macrotextual del conjunto, desde la articulación de sus partes y, finalmente, desde los poemas mismos, células significativas que expresan —en un momento dado, en su fragmentariedad— todo lo que se abarca. El resultado poético de Hotel Europa deslumbra, y no pasará desapercibido a ningún lector avisado que se precie. La propuesta no es sólo arriesgada, sino también filosa y afilada, cortante y emocional a un tiempo. No en vano la anterior entrega de Gómez Toré se tituló Un corte que no sangra (2015).

A eso podría remitir la poesía, sin duda alguna, desde la crítica feroz de la desesperación que supone esa «Historia universal» —que podríamos completar como «Historia universal de la infamia», recordando a Borges— en la que todo está por hacer y decir, en medio de la oscuridad, en la prehistoria atroz del ser humano: «Basta ya de homenajes. / ¿Alguna supimos / conversar con los muertos? // Toda la noche es párpado.» (p. 17). El lenguaje, ese primer gran malparado y dañado por tanta putrefacción, es «El lugar del crimen», que comienza afirmando que «Está vacío el lugar del crimen» (p. 18), y concluye en la certeza de que «El lugar del poema está vacío» (p. 19). La reflexión y autorreflexión acerca de la poesía, del lugar que ocupa en nuestras vidas, y de la ignominia moral a la que ha llegado el hombre, que sin embargo puede sentir esperanza en el fango, llega a estremecernos desde la preocupación lírica de este Hotel Europa.

Muchas más cosas podríamos desvelar de este magnífico poemario, y baste esta recomendación por ahora: hay que leer Hotel Europa. Con este libro asistimos a un balance necesario de la poesía española. Y urgente. Su autor se encuentra en plena madurez.


Canción de cuna

Este país no tiene nombre.

Preguntarán mis hijos,
los que engendró la guerra,
si ganamos la guerra.

Dirán tierra.
La tierra
no sabe qué palabras
la cubrieron de huesos.

Dirán sangre.
La sangre
no sabe detenerse
una vez que es llamada.

Este país no tiene nombre.

Este país
tiene el nombre de su enemigo.


*Juan Carlos Abril es poeta y profesor de Literatura. Su último libro es Lecturas de oro. Un panorama de la poesía española (Bartleby, 2014).

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