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Los libros

Sorbos de poesía

  • Vetas profundas es el libro de un lector que cuenta lo que siente ante los poemas que más le gustan para sentirse partícipe de ellos
  • Casi sin proponérselo, Fernando Aramburu cambia nuestra manera de leer, nos invita a leer a sorbos

Publicada el 13/09/2019 a las 06:00 Actualizada el 12/09/2019 a las 19:43
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Vetas profundas
Fernando Aramburu

Tusquets
Barcelona

2019

 
  Después de habernos impresionado y deleitado con ese retablo de la sociedad vasca que se llama Patria (2016), Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) se ha concedido un respiro. Lo ha hecho cambiando de registro y de género. Como si fuera una asignatura pendiente, ha vuelto a la poesía. El año pasado publicó una selección de prosas poéticas, Autorretrato sin mí, y después ha entregado a la imprenta una colección de textos que antes había ido sacando mensualmente en el suplemento de cultura de El Correo. Utiliza en todos ellos el mismo esquema: proponer el poema de un autor, que nunca repite, y desarrollar un comentario sobre el mismo, en el que habla del poeta y las circunstancias en que escribió el texto elegido, glosa los sentimientos esbozados y los relaciona con su propia biografía.


Con estos pocos mimbres, que, así enumerados, a alguno pueden antojársele tan poco estimulantes como el comentario de texto de la EBAU, Aramburu consigue que exprimamos juntos cada poema hasta sacar de él jugo de vida. En primer lugar porque logra que nos detengamos y que profundicemos en su lectura hasta advertir que está hecho de los materiales de los que estamos hechos todos, de emociones, que tienen nombre y apellidos. Y no importa que podamos sentir desacuerdo con alguno de los textos elegidos, porque ese desacuerdo será solo inicial, hasta que el comentarista nos lleve de la mano y nos muestre las circunstancias que han determinado su elección.

En el camino, Aramburu va cimentando su tesis, que tampoco es novedosa (pero requiere actualización): el valor poético de un texto se decide tanto en la fase de composición como en la hora de su desciframiento. Es decir que el poeta y el lector tienen que salir los dos a buscarse para encontrarse en el poema: “La poesía no procede tan solo de lo que dice el poema. La manera como repercute en nosotros, los lectores, depende, sí, de lo que puso el poeta en el poema y de cómo lo puso; pero depende asimismo de nosotros, de nuestros conocimientos y preferencias, de nuestro carácter y nuestra capacidad para captar imágenes y ritmos, y depende también, con toda seguridad, de algunos factores más de los que acaso no seamos conscientes”.

Vetas profundas es el libro de un lector de poesía que se ha echado al camino en busca de verdad poética y explica lo que ha ido encontrando. Consecuentemente su propia vida está también expuesta. Nos cuenta que se fogueó en Kantil, la revista donostiarra nacida en 1977, y que viajó a Madrid siendo casi adolescente con cartas de recomendación para visitar a tres autores consagrados. Ya estaba viva su pasión, su búsqueda. En el recorrido, más filólogo que escritor, maneja citas que le ayudan a explicarse, desde Octavio Paz a Carlos Bousoño pasando por Luis Cernuda, entre otros muchos. Pero la teoría solo es la muleta de la vida que subyace en preguntas como de dónde le viene a san Juan de la Cruz un erotismo tan carnal, por citar un ejemplo de los cuarenta que caben, ya que ese es el número de poemas comentados.

En la conclusión, que no forma parte de un epílogo al uso, sino que está diseminada en los distintos pasajes, y que es apasionada, como no podría ser de otro modo, Aramburu se moja: al poema no le valen medias tintas. Ni el que lo escribe ni el que lo lee pueden guardarse nada: “La experiencia poética no admite al espectador pasivo que se limita a descifrar un lenguaje y a darle o negarle el visto bueno, de acuerdo con sus preferencias y su gusto (…) La poesía obliga al lector a ejercer de poeta, comprometiendo a esta operación el núcleo central de su persona. De otro modo, lo poético no ocurre, no se da”.

Como vamos cambiando y no volveremos a ser los mismos, los poemas son como el río de Heráclito: no nos bañamos dos veces en el mismo poema. Lo ilustra Aramburu contando su experiencia de lector de La perversión, de Francisco Brines: “Juzgo oportuno contar que entonces lo leí desde la perspectiva vital de la juventud (…) Tuve la sensación de que Brines se dirigía en su poema a personas como yo”. Aramburu se refiere a sí mismo cuando era joven; ahora ha pasado el tiempo, ya es un adulto que frisará la edad que pudo tener Brines cuando escribió el poema: “Ahora tengo la sensación de estar hablando a otros desde la boca del poeta”.
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Arturo Tendero es periodista y poeta. Su último libro es El otro ser (Isla de Siltolá, 2018). Reseña cada semana un poemario en El mundanal ruido.

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1 Comentarios
  • @tierry_precioso @tierry_precioso 17/09/19 07:24

    Articulo muy interesante.

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