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Los libros

En 500 palabras: 'Diario', de Edmond de Goncourt

  • Tras la muerte de su hermano Jules en 1870, el superviviente, Edmond de Goncourt, tomó la decisión de continuar el diario que ambos habían llevado desde 1851
  • El libro alcanza su máxima tensión expresiva cuando, una vez certificada la caída de Napoleón III, las clases populares de París se constituyen en la llamada Comuna

Publicada el 25/09/2020 a las 06:00

Diario. El sitio y la Comuna de París (1870-1871)
Edmond de Goncourt
Edición y traducción de José Havel
Renacimiento
Sevilla
2020

Tras la muerte de su hermano Jules en 1870, el superviviente, Edmond de Goncourt (1822-1896) tomó la decisión de continuar el diario que ambos habían llevado desde 1851. Era un empeño doloroso, dictado por la piedad fraternal y quizá por la necesidad imperiosa de restablecer las rutinas en las que había consistido la vida de ambos hasta entonces. Pero no había pasado ni un mes desde el establecimiento de ese doloroso empeño cuando el curso de la historia irrumpe en la atribulada escritura privada de Edmond. Ha estallado la guerra franco-prusiana. El titubeante diario, que en las semanas inmediatas a la muerte de Jules se había vuelto un lacónico registro de melancolías, cambia decisivamente de orientación. El todavía anonadado diarista encuentra en la sobrevenida agitación colectiva una especie de atenuante de su dolor, que no desaparece, desde luego, pero queda postergado tras el inagotable caudal de imágenes que las conmociones ciudadanas deparan al melancólico paseante y que este registra con exquisita exactitud, sin apenas interpolaciones referidas a sus propios sentimientos y bajo un perceptible prurito de viveza expresiva. Edmond se convierte así en un trasunto del "hombre de las multitudes" de Poe: se alimenta de la energía que desprende el gentío, que ahora parece interesarle más que los vivaces chismes literarios que siguen deparándole las cenas de los martes con otros escritores —Rénan, Gautier, etcétera—, pero a los que ahora, a diferencia de lo que ocurría en vida del hermano, dedica apenas una desganada anotación semanal, con frecuencia dirigida a poner de manifiesto la cortedad de miras o los egoísmos particulares de sus colegas.

Con todo, el diario de Edmond alcanza su máxima tensión expresiva cuando, una vez certificada la derrota francesa y la caída de Napoleón III, las clases populares de París desafían la autoridad de la sobrevenida república conservadora y se constituyen en gobierno revolucionario: es la llamada Comuna, que el escritor, como la práctica totalidad de sus colegas, juzga con hostilidad, desde el momento mismo en que la nueva autoridad se entrega a excesos represivos que tendrán su contrapartida en la sangrienta represión que el Gobierno republicano a su vez ejercerá contra los insurgentes. De nuevo la turbulenta realidad depara al paseante una dosis extra de adrenalina, que le hace postergar sus tristezas. El peligro, por supuesto, es real: la casa de Edmond es dañada por el impacto de los obuses y el propio escritor se ve señalado por las desesperadas llamadas a filas que los insurgentes dirigen a los parisinos. El fracaso de la intentona es recibido con visible alivio; lo que no impide, en cualquier caso, que el ecuánime diarista dedique aún algunas páginas a la penosa suerte de los represaliados.

La vida literaria, entre tanto, se reanuda, y con ella las pullas mutuas: "No conozco una charla que produzca un aburrimiento más parecido a la lluvia que la charla de Asselineau". Al lado de lo que acaba de vivir, esta evidencia de la inanidad del trato literario resulta más innegable que nunca.

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José Manuel Benítez Ariza es escritor. Su último libro es Realidad (La Isla de Siltolá, 2020).

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