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Orient XXI

Irán y Turquía se enfrentan con guantes de seda

  • Sus ambiciones regionales se fortalecen cada vez más, y las relaciones entre los dos antiguos imperios que sueñan con recobrar la grandeza perdida se ven fuertemente afectadas: Turquía es claramente el causante de este clima de tensión con Irán
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Publicada el 29/03/2021 a las 06:00
El presidente turco, Tayyip Erdogan, anima a sus partidarios durante el congreso del partido gobernante AK.

El presidente turco, Tayyip Erdogan, anima a sus partidarios durante el congreso del partido gobernante AK.

EFE

Cero problema con los vecinos”: la famosa estrategia nacida de la reflexión de Ahmet Davutoğlu cuando era ministro de Asuntos Exteriores de Turquía se fue transformando poco a poco en “cero vecinos sin problema”. Irán se agrega a la lista de países que observan la política exterior de Turquía con sospecha e inquietud.

Hasta ahora, las relaciones bilaterales entre ambos países –cuyas relaciones comerciales pasan fundamentalmente por los intercambios energéticos– habían logrado mantener un estado de no beligerancia e incluso no agresividad, a pesar de su posicionamiento antinómico en el conflicto en Siria, donde Turquía se opone al régimen de Damasco, mientras que Irán lo respalda.

Vuelta de la tensión en el Sinyar

Pero en los últimos años, las cosas empeoraron en la región iraquí del Sinyar, y posteriormente, durante la crisis del Alto Karabaj. La ciudad epónima de Sinyar, en el noroeste de Mosul, es un lugar sagrado para los yazidíes, una minoría confesional kurda cuya religión hunde sus raíces en las mitologías persas. En 2014, los yihadistas de la Organización del Estado Islámico (OEI), que los consideraba como kafires (infieles), masacraron a miles de hombres yazidíes y esclavizaron a las mujeres y los niños. Tras liberar la región de la presencia yihadista, los combatientes del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) ayudaron a constituir milicias yazidíes autónomas. El PKK luego permaneció en el Sinyar, así como en los montes Qandil, en el noreste del Kurdistán iraquí.

En enero, en el marco de las buenas relaciones que Turquía se esfuerza por mantener con Irak y el gobierno regional del Kurdistán (KRG), el ministro de Defensa turco, Hulusi Akar, visitó ambas capitales, Bagdad y Erbil. Tras la visita, refiriéndose al Sinyar, el presidente Recep Tayyıp Erdoğan lanzó a modo de advertencia: “Cualquier noche podríamos irrumpir repentinamente”. Se trata de una hipótesis que debe tomarse muy en serio, sobre todo porque el 10 de febrero de 2012 el ejército turco se desvió hasta la región de Gara (en el norte de Irak) en una tentativa fallida de liberación de militares y miembros de los servicios secretos turcos tomados como prisioneros del PKK. El fiasco se saldó con la muerte de los 13 prisioneros.

Como respuesta a esa amenaza latente de intervención turca, Ashab al-Kahf, una milicia chií apoyada por Irán, exigió “que Turquía cese sus actos hostiles; esperábamos que Turquía completara su retiro del territorio iraquí, no que aumentara su intrusión”. En caso de ataque, Ashab al-Kahf amenazó a Turquía con represalias difundiendo un video en el que aparecen misiles Arash, de fabricación iraní.

Para los iraníes, la región del Sinyar es estratégica en el marco del enorme proyecto de construcción de una carretera para conectar Teherán con el Mediterráneo, cuyo trazado pasa por la provincia de Diala, a 60 kilómetros al norte de Bagdad, antes de remontar hacia el Sinyar y llegar a Siria. Luego de cruzar la frontera, la carretera continuaría hasta Qamishli y luego Kobane, pasaría por el norte de Alepo y terminaría en el puerto de Lataquia.

Los turcos, por su parte, perciben el Sinyar, en el norte de Irak, como un punto de confluencia entre los Montes Qandil, base de retaguardia del PKK, y el Rojava sirio, gobernado por las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), cuya principal fuerza política es el Partido de la Unión Democrática (PYD), de origen kurdo. En la provincia de Nínive también cuentan con una fuerte presencia las milicias chiíes de las Fuerzas de Movilización Popular (PMU). Intervenir con la aviación, con drones y, como en Gara, con tropas en el terreno, le permitiría a Ankara matar dos pájaros de un tiro.

El conflicto en el Alto Karabaj, un asunto envenenado

En la guerra en el Alto Karabaj, a la que envió varias centenas de mercenarios para combatir junto a los azeríes, así como drones TB2 suministrados por la empresa Baykar, dirigida por su yerno, Erdogan se benefició en el Cáucaso gracias a la creación de un corredor entre el enclave azerí de Najicheván y Azerbaiyán. Eso posibilitó una cierta continuidad territorial y una conexión más rápida entre el mar Negro y el mar Caspio, y facilitó el transporte hacia Europa del gas azerbaiyano a través del gasoducto transanatoliano (TANAP). El presidente turco tampoco dejó escapar la oportunidad de despacharse con una retórica neo-otomana según la cual los turcos y los azeríes solo formarían una sola nación repartida en dos Estados. Dentro de las fronteras iraníes reside una fuerte minoría azerí que representa el 25% de la población y juega un papel importante en el Estado, el ejército, la economía, la cultura y la religión. Para darle sustento a sus declaraciones, Erdoğan leyó un poema que los iraníes percibieron como una oda al Azerbaiyán iraní, poblado por una importante minoría turcoparlante, lo que generó un aluvión de protestas de Teherán.

Dotado de plenos poderes luego de la reforma de enero de 2017, el presidente turco está implicado militarmente en conflictos regionales de alta intensidad (Libia, Siria). El concepto de “Patria azul” (Mavi Vatan), elaborado por algunos de sus almirantes, lo llevó a reforzar su flota de combate (cuyo último ejercicio en el mar Egeo se titula justamente “Blue Homeland-2021”) y a cuestionar el trazado de la zona económica exclusiva (ZEE) de Grecia en el Mediterráneo oriental, rica en hidrocarburos. Por otra parte, la reciente victoria de su candidato para la elección presidencial de la República Turca de Chipre del Norte (RTCN) –no reconocida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU)– le permitió disipar cualquier hipótesis de reunificación de la isla y abrir el camino a su anexión simple y llana.

La insidiosa anexión de la región de Afrin

Esa voluntad de expansión territorial de Turquía ya se vio en 2018. La operación Rama de Olivo había llevado al ejército turco y a miembros del Ejército Libre Sirio (ASL) a penetrar 30 kilómetros en territorio sirio y apoderarse del cantón de Afrin a fuerza de limpiezas étnicas y de violencias contra kurdos instalados allí desde el siglo XVIII. Más de 130.000 kurdos se vieron forzados a refugiarse en Alepo, y fueron remplazados por árabes y turcomanos. Los que quedaron se volvieron minoritarios en su propia tierra. “La bandera turca flamea en los edificios, las escuelas enseñan en árabe y en turco, las redes eléctricas y telefónicas están conectadas a las de Turquía. A los imanes y los predicadores de las mezquitas los nombra y les paga la Dirección de Asuntos Religiosos (Diyanet) de Turquía. La lira turca pasó a ser la moneda de los intercambios comerciales”. Poco a poco, el cantón de Afrin se encamina a depender administrativamente de la gobernación de Hatay en Turquía, es decir, el antiguo Sanjak de Alejandreta sirio que fue anexado por Turquía en 1939, con la venia de Francia y Gran Bretaña.

Irak no escapa a los apetitos de Erdoğan, no sólo en la región de Sinyar, sino también en las ciudades de Mosul y de Kirkuk. En 1925, el voto de la Sociedad de las Naciones que asignó el valiato de Mosul a Irak –y no a Turquía– había sido rechazado por Mustafa Kemal, el primer presidente de la Turquía moderna, y luego por sus sucesores. Erdogan, en esos raptos de arrogancia que tanto le agradan, alude regularmente a esa controversia en torno al tema de la “patria perdida” y sigue reivindicando la anexión a Turquía de Kirkuk, el centro petrolero más grande de Irak, y de Mosul, la metrópolis suní que actualmente se encuentra en ruinas luego de liberarse del control de la OEI.

Avidez de Turquía por Mosul

Como subraya Fehim Tastekin en Al-Monitor: “El AKP [el partido de Erdogan] tiende a ver a Mosul dentro del marco administrativo otomano, es decir, como el Valiato de Mosul, compuesto por los distritos de Mosul, Kirkuk y Solimania. Dicho de otro modo, Solimania, Erbil y Duhok, las tres regiones que actualmente conforman el Kurdistán iraquí, formaban parte de la provincia otomana de Mosul”.

Esta “visión” resignifica el antiguo rechazo del trazado de las fronteras entre Turquía e Irak, incorporando el Kurdistán iraquí dentro del territorio turco. En pocas palabras, para Ankara, el desmembramiento de Irak resulta una opción, y por cierto, ya fue estudiada muy seriamente en dos ocasiones: en 1958, cuando Irak y Jordania intentaron acercarse con vistas a una unión de ambos países, y en 1991, cuando Estados Unidos condujo la operación “Tormenta del Desierto” contra Sadam Husein. Pero en ambas oportunidades, Washington se negó a darle luz verde.

Además, los iraníes se encuentran actualmente en una posición dominante en Mosul gracias a las milicias chiíes iraquíes, las Fuerzas de Movilización Popular (PMU), que permanecieron en el sitio tras liberar la ciudad en 2018. El 21 de febrero, ante semejante escenario, el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Jawad Zarif, declaró en un comunicado: “Rechazamos la presencia militar de Turquía en Irak y en Siria, y pensamos que es algo malo”. A pesar de su moderación diplomática, la expresión solo puede entenderse como una advertencia firme para Ankara.

Sueños de grandeza en Asia Central

En el año 2020, Turquía reactivó el panturquismo (o Gran Turán), un proyecto de unificación de los turcoparlantes de Asia Central heredado de Enver Bajá, ministro de Guerra del Imperio otomano durante la Primera Guerra Mundial, furibundo nacionalista, racista, y uno de los instigadores del genocidio armenio. Cuando hace vibrar a las multitudes de seguidores evocando la “manzana roja” (Kizil Elma), Erdogan sabe que manipula el símbolo por excelencia de la dominación turca en Asia Central. Para ello, se basa en una pseudohomegeneidad etnolingüística que abarca Azerbaiyán, Turkmenistán, Uzbekistán, Kirguistán y Kazajistán.

En 1992, a través de la Agencia Turca de Cooperación y Coordinación (Turk Isbirligi ve Kalkinma Ajansi –TIKA), un organismo gubernamental, Turquía propuso un intento de colaboración entre esos Estados en las políticas culturales, educativas, comerciales y energéticas. Moscú veía esos países de la ex Unión Soviética como su patio trasero, así que le comunicó secamente su oposición a Ankara. Hoy, 30 años después, las relaciones de fuerza ya no son las mismas, y el panturquismo actual (que se desentiende de los uigures porque con China business is business) busca resurgir proyectando, más allá de los cinco países citados, una mirada protectora sobre los tártaros de Crimea y los musulmanes de los Balcanes.

Como puede verse, las ambiciones del “sultán de Estambul” no son nimias. También sirven para disimular un escenario interior donde se combinan inflación, desempleo, depreciación de la lira, protestas estudiantiles, medidas de seguridad reforzadas y encarcelamiento de los representantes kurdos del Partido Democrático de los Pueblos (HDP). Erdogan también tendrá que intentar revertir su pérdida de popularidad mientras la próxima elección presidencial ya despunta, con los alcaldes de Estambul y de Ankara como serios candidatos.

En paralelo a esa situación explosiva, la exaltación de lo religioso como elemento de identidad nacional sigue su curso, y en 2019 se materializó con la edificación –por 90 millones de dólares– de la mezquita de Çamlıca, la más grande de Turquía, y más recientemente, con la transformación de Santa Sofía en lugar de culto, lo que reavivó el recuerdo del año 1453, cuando la basílica pasó a ser mezquita bajo el reino de un sultán en todo el Imperio otomano.

Irán cuenta con sus aliados

Ante el avance expansionista de su belicoso vecino del norte, Irán –envuelto en una disputa con Estados Unidos, que se niega a levantar las sanciones hasta tanto Teherán no acepte renegociar los términos del acuerdo (JCPoA) firmado en Viena en 2015– no tiene las mismas posibilidades militares y diplomáticas que Ankara para afirmar su ambición de acceder al estatus indiscutible de potencia regional, ni –aunque lo venga reivindicando desde la Revolución Islámica de 1979– de “patria” de referencia del chiismo.

Además, la geopolítica invasiva de Turquía (segundo ejército de la OTAN) solo es motivo de reprimendas inconsistentes de parte del gobierno norteamericano, que en cambio acusa a Irán de apoyar el terrorismo y le impone severas medidas punitivas.

Sin embargo, a Irán no le faltan ni aliados estratégicos (como Armenia y China), ni grupos que estén en deuda con el país (como las milicias chiíes iraquíes o el Hizbulah libanés y, en menor medida, los huzíes yemeníes), ni respaldos (como el régimen sirio de al-Ásad), ni auxiliares (como los hazaras afganos de obediencia chií que, tras huir de la guerra en su país, son enrolados por la fuerza –sobre todo los jóvenes– cuando se refugian en Irán). Irán también mantiene buenas relaciones con la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK), uno de los dos componentes que se comparten el control del Kurdistán iraquí. Y tal como se complace en constatarlo, Irán no tiene ningún desacuerdo con Azerbaiyán.

Una situación difícil en el plano interior

En cambio, en el interior, el régimen iraní se enfrenta con movimientos de protesta en la provincia de Baluchistán y en la de Juzestán, poblada de árabes suníes, así como en su provincia kurda fronteriza con Irak y Turquía, una de las más pobres del país. Allí realiza arrestos masivos de los defensores de la democracia y de los derechos de las mujeres, y también lleva a cabo asesinatos selectivos de kolbars, contrabandistas miserables que intentan cruzar las fronteras para llevar y traer sus mercancías.

Por otra parte, debido al bloqueo estadounidense y a graves errores de gestión, la situación económica del país sigue siendo preocupante en vísperas de una elección presidencial que deberá encontrarle un reemplazante a Hasán Rohaní, fuertemente criticado. Hasta el día de hoy, hay por lo menos siete pretendientes a sucederlo, todos “conservadores” que critican en diversos grados la ausencia de determinación del presidente saliente.

Hubo una época en que a los turcos y los iraníes les gustaba recordar que hacía 300 años que no se enfrentaban. Hoy todo hace pensar que, fragilizada, la tregua tricentenaria se encuentra en vías de desaparición.

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(Traducido del francés por Ignacio Mackinze)

Aquí puedes leer el texto original en francés.

 

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1 Comentarios
  • Artero Artero 28/03/21 21:56

    EN TA DIFÍCIL Y PROBLEMÁTICA SITUACIÓN, TURQUIA ES UNA AMENAZA PARA TODA LA ZONA

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