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Verso Libre

La caridad es una estafa

Publicada 25/12/2016 a las 06:00 Actualizada 25/12/2016 a las 21:26    
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El cuento de Navidad llegó este año un poco antes de tiempo. En un plató de televisión apareció el papá de Nadia para contar a la respetable audiencia que su hija padecía una enfermedad grave y que necesitaba la ayuda de la gente. Se dio por descontado que la sanidad pública no era remedio para la dolencia de la niña. El cuento empezó a llenarse de lugares lejanos. De Houston a Afganistán, de Finlandia a Brasil, el padre iba como un desesperado errante en busca de la luz. Pero hacía falta dinero para sostener el sueño. Ya se sabe que el dinero lo soluciona todo.

El corazón tierno de la caridad abrió sus redes. Periodistas, cantantes y reinas de la telebasura llenaron las redes de mensajes. La gente entró en sus cuentas bancarias con el corazón en la mano y en cuatro días se recaudaron 150.000 euros. Todo buen cuento de Navidad merece un final feliz. Aquí disfrutábamos del esfuerzo recompensado del papá y de la ternura caritativa de la gente capaz de hacer posible que un brujo le devolviera a la niña la salud en una cueva de oriente.

Y de pronto la sospecha convertida en saber arruinó la alegría prenavideña. Si los gobiernos trabajan tanto en favor del analfabetismo, si las televisiones se empeñan tanto en convertir la meditación en una sopa de instintos, es porque el saber suele comportarse como un aguafiestas ante los guionistas oficiales del poder. En cuanto alguien se tomó la molestia de informarse, resultó que la niña no tenía esa enfermedad y que el padre era un consumado estafador. Ayudado por la sociedad del espectáculo, había recaudado casi un millón de euros a cuenta de la caridad. Apareció la cucaracha dentro del mantecado.

La lectura oficial enseguida buscó una postura políticamente correcta. El estafador era un sinvergüenza que había hecho un gran daño a la solidaridad y a las campañas de caridad popular, tan necesarias en el mundo de hoy. Como a mí no me gusta comer cucarachas, me niego también a aceptar este mantecado, porque el bicho sigue dentro.

La gran estafa es la caridad. Los grandes estafadores no son los papás de Nadia que hay por el mundo, sino todos los que están sustituyendo los derechos sociales y la sanidad pública por la caridad. No es que tú tengas derecho a un buen hospital, a un buen trato en la frontera, a un trabajo, es que yo soy bueno durante los cinco minutos que hacen falta para dar una limosna.

Los que verdaderamente han dedicado su vida al trabajo social no aceptan que se confunda su militancia con la caridad.

Dicho esto, conviene sacarle algunas puntas más a la historia de Nadia y su papá. Creo que a partir de aquí podemos esbozar una teoría sobre el Estado. Empecemos por asumir que el poder somos todos. Si hay caridad no es por nuestro buen corazón, sino porque a mucha gente no le importa votar y apoyar a partidos que destruyen los amparos públicos y convierten la sanidad en un negocio. Sospechemos después de los nuevos ídolos, esos grandes futbolistas que regalan juguetes el día de Reyes en los hospitales y luego defraudan millones en su declaración de impuestos. Y acabemos por comprender la caradura del pensamiento neoliberal, ese que domina Europa. No es que el Estado deba ser débil para darle protagonismo a la sociedad civil; es que es débil en el cuidado de los ciudadanos, pero muy fuerte cuando se trata de rescatar las pérdidas de los bancos y los constructores de autopistas. El Estado es hoy una propiedad privada de los ricos. Si en la Contrarreforma se llenaron de pensamiento medieval los espacios públicos de la nueva burguesía (honor, linaje, sangre, la vida es sueño, Calderón de la Barca), con el neoliberalismo se han llenado los Estados del bienestar europeos de avaricia capitalista. Quizá no se trata de acabar con los espacios, sino de limpiarlos por dentro.

Pensemos que las novedades pueden transformarse en un medio para renovar los códigos clasistas de siempre: por ejemplo la caridad, tan apreciada por las damas decimonónicas en las novelas de Galdós. Y pensemos para acabar que la historia del papá de Nadia refleja de forma notable el estado de las cadenas de televisión y de los grandes medios. Trabajan para llevar la gran mentira a nuestros corazones.

Merece la pena convertir el cuento navideño de Nadia y su papá en una fábula protagonizada por animales.


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13 Comentarios
  • phentium phentium 29/12/16 15:01

    Para demasiada gente la caridad es el detergente de su conciencia.

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    • irreligionproletaria irreligionproletaria 29/12/16 15:26

      ¡¡¡Siii...!!! Desde antes de existir el detergente....cuando lavaban golpeando la ropa en piedras en el rio...¡era su conciencia lo que pretendían limpiar!. Buenas tardes y buena suerte en 2017 para tod@s con l@s que durante estos seis meses, he compartido comentarios en este digital.

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  • Paco b. Molina Paco b. Molina 27/12/16 16:44

    Se puede llegar, incluso, un poco mas lejos en esta critica de la caridad que nos quieren imponer para que olvidemos la justicia social. Esas grandes superficies que tan generosamente prestan una parte de sus instalaciones para que los bancos de alimentos, hagan su recolecta anual, ¿ No están haciendo también un buen negocio con la venta de esos productos?. Esas televisiones que anualmente organizan un día de colecta dedicando toda su programación con una finalidad tan encomiable, ¿ Cuanto están ingresando en ese día por la publicidad que emiten, sin que haya un coste apreciable de programación?.

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  • Isleña Isleña 27/12/16 12:11

    Complétamente de acuerdo con el titulo del artículo " La caridad es una estafa ". Reclamamos JUSTICIA.No sería necesaria la bonhomía de los semejantes si dicha Justicia existiese.

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  • María Teresa María Teresa 27/12/16 02:07

    Entiendo perfectamente a qué se refiere su artículo y lo comparto. Creo que por aumentar la audiencia se está haciendo de todo, hasta colaborar con un estafador por no contrastar la historia o investigar su veracidad. Pero también creo que se están mezclando las cosas por parte de quienes han ido comentando y me gustaría decir que la caridad es algo que con el tiempo se ha ido desvirtuando. No es patrimonio cristiano, aunque sí es cierto que debería ser lo que lo caracterice. Pero ojo! No la caridad que va del ser superior al inferior, llegando a la humillación, como esos famosos personajes de Galdós, sino la que nace del propio significado de la palabra. La caridad se manifiesta también haciendo justicia, ayudando a quien lo necesite y muchas veces no se trata de dinero o comida. En el origen de esta palabra, la vida era diferente, no había derechos sociales ni nada parecido. Hoy en día sí los hay aunque no se respeten, de ahí que entienda que debe ser el Estado quien, con nuestro dinero, realice esa labor. Pero entonces algo falla, ¿por qué sigue habiendo gente necesitada? Por esa razón, aún tenemos que hacer algo por ellos, hasta que logremos con nuestras reclamaciones y manifestaciones que se respeten y se cumplan las leyes que atienden los derechos sociales. Por eso, no se puede dejar tirado a quien lo necesite porque resulta que eso le compete al Estado sino que, al mismo tiempo que se le ayuda, también hay que exigir al Estado que cumpla con su obligación.

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    • AML AML 27/12/16 13:39

      Es un debate complejo: Si hago caridad soluciono temporalmente problemas que debería solucionar el estado, aunque no lo hace, pero el necesitado tiene su problema arreglado y no le importa demasiado quién sea el artífice. Si no hay caridad los necesitados terminarán levantándose contra sus verdugos, lo que, a la larga, solucionaría el problema de forma permanente..

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  • Faustino Tuya Faustino Tuya 26/12/16 21:45

    Si no hubiese esa milonga propagada por la Iglesia (que vive muy bien de ello), muchos de los gobernantes que hay hoy en dia, estarían en la cárcel o desterrados en algún campo de concentracion. Necesitamos Justicia, no Limosna.

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  • dikarpa dikarpa 26/12/16 21:04

    Don Luís, es un placer leer sus artículos. Coincido plenamente con sus puntos de vista pero Vd. los expresa mejor. Gracias por embellecer nuestro pensamiento y por alegrar nuesros bombardeados sentimientos.

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  • txírria txírria 26/12/16 19:32

    Aguda reflexión. Reconforta leerla porque muchas veces se te encoge el corazón si no participas activamente en las grandes acciones caritativas (¡ay los popularísimos y alabadísimos 'Bancos de Alimentos'...!). Pero, y al margen de la buena voluntad y encomiable esfuerzo de tanto voluntarioa/a, ¿no contribuimos a sustituir las obligaciones sociales de Estado cuando aceptamos y aplaudimos esas grandes iniciativas cuasi de Cáritas? Urte berri on! IñakiZ

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    • xelo xelo 27/12/16 21:05

      Comparto el comentario de Dikarpa, totalmente de acuerdo con el artículo pero Montero expresa mucho mejor mis ideas y las embellece con sus palabras.Gracias!

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  • frida56 frida56 26/12/16 18:35

    EXTRAORDINARIO!!! En ocasiones,no estoy de acuerdo con ud,o lo estoy sólo en parte. Nunca,que yo recuerde,me había gustado tanto un artículo suyo. Es como si se hubiese metido dentro de mi cabeza,pero ud diciéndolo mucho mejor,mas certero,mas hermoso. Una vez,en mi adolescencia,una chica católica me afeó que le dijera que la caridad no era bondad,era engrandecimiento del ego,y que el mundo mejoraría con justicia no con caridad...es posible que ella,ahora,esté votando a Cs...tal vez...

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  • Suna Suna 26/12/16 17:36

    ¡Buen artículo! Si nos diera por enarbolar la bandera de la justicia en lugar de la bandera de la caridad, mucho mejor nos iría, porque, de entrada, a cada uno hay que darle lo justo. Y díganme, por favor, ¿Qué de extraordinario tiene el trabajo de un director de Banca, o presidente de futbol? por poner un par de ejemplos. El día que tengamos el valor de poner límite a las ganancias por debajo y por encima de nuestros conciudadanos, mucho mejor nos irá. Bien es cierto que a quién más trabaje y se esfuerce habrá que compensarle por ello, pero de ahí a que nade en la abundancia y vivan del cuento sus generaciones posteriores va un abismo.

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  • Neboa Neboa 26/12/16 17:35

    Suscribo.  Totalmente..

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