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Desde la casa roja

Yo elijo: ser madre sola

Publicada el 22/01/2020 a las 06:00 Actualizada el 22/01/2020 a las 10:36
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Este es un tema de materiales frágiles: está sucediendo prácticamente a la vez que escribo. Ayer mismo, una de mis mejores amigas anunciaba que va a ser madre sin pareja de dos bebés. Algo de vértigo y valentía y también emoción: dos para una. El invierno demográfico, la incertidumbre sentimental, la precariedad laboral, el infantilismo, el laicismo y el feminismo atraviesan hoy lo que antes era un hecho sólito de la vida y hoy es una elección: quiero ser madre, ¿necesito a alguien?

Les cuento que de mi grupo más cercano de amigas, seremos unas diez mujeres, cinco de ellas han decidido ser madres solas y otras dos han hecho algún tipo de tratamiento de fertilidad, congelación de óvulos o revisión ginecológica con el fin de tener hijos sin pareja o postergar la maternidad lo máximo posible, en algunos casos, a la espera de que el hombre decida si quiere ser padre o no. Es decir, un 70 por ciento de nosotras ha elegido que va a ser madre independientemente de tener o no una pareja. No quieren ser madres solteras, no seamos antiguos nombrando realidades, soltera también estoy yo y mi hijo tiene un padre. Son mujeres que acercándose cada vez más a la frontera biológica de los cuarenta años deciden sobre su maternidad y su futuro y buscan el embarazo mediante reproducción asistida. No es un caso excepcional, uno de cada cuatro tratamientos de fertilidad se realiza hoy a mujeres sin pareja. Suelen ser mujeres que han dedicado mucho tiempo a crecer laboralmente postergando esta decisión. Cada año, nacen en España más de 1.500 niños de esta forma.

Cada uno de los casos es diferente, me resulta imposible generalizar por qué están tantas de ellas en este punto de su vida. Aunque no sabemos si forma parte de la raíz de esta decisión, las cinco son hijas de padres divorciados (crecieron en hogares donde la estructura clásica familiar ya se había roto, vieron bregar a sus propias madres en la crianza y manutención) y ninguna de ellas tiene problemas económicos acuciantes. Algunas no tienen pareja, otra tenía una pareja mujer y decidió hacerlo sola, otras tienen pareja pero esos hombres no quieren tener hijos aunque habitarán en la misma casa que ellas o sus parejas tienen ya hijos de una relación anterior y no quieren tener más. Cada una lo enfrenta con sus miedos, sus dudas y sus fuerzas. Hablamos de reproducción voluntaria y autonomía de decisiones de la mujer, pero también hablamos de las nuevas familias, de nuevos vínculos, hablamos de clase social, de red y de las formas de relacionarnos entre nosotros.

Tomar la decisión no es sencillo. Mientras que dentro de una pareja se tienen hijos, muchas veces, porque toca, por inercia, porque sí, aquí entran en juego algunas cuestiones que, si bien todos deberíamos plantearnos antes de lanzarnos a la maternidad, resolverlas puede resultar crucial en estos casos. ¿Están la familia o abuelos –indispensables en la mayoría de los casos– disponibles y cerca? ¿Cuánta estabilidad económica necesito? ¿Tengo una red? ¿Si me sucede algo, quién atenderá al niño?

Una de estas mujeres me hace entender que el proceso médico es largo, pero también lo es el psicológico. Lo primero, la aceptación de que no es un plan B, sino una opción diferente a la que habías proyectado para ti durante toda tu vida. Para ella, lo más difícil ha sido aprender a convivir con la responsabilidad de traer una persona al mundo que no va a conocer al cien por cien su origen. Me dice que puede que esto nunca le importe al niño, pero también puede que tenga esa curiosidad y esto sea algo relevante y sienta que siempre le faltará esa información sobre sí mismo. En España y otros países, la donación de gametos es anónima, los derechos del donante están protegidos. Pero la tendencia mundial es permitir que los niños concebidos por reproducción asistida puedan conocer la identidad de los donantes. Su derecho a saber prevalece. Países como Suecia, Reino Unido, Austria o recientemente Portugal, como consecuencia de una sentencia, permiten que la identidad del donante sea desvelada.

Un proceso de fertilidad no es un trámite sencillo. El cuerpo y la estabilidad emocional se ven tensionados. Discurre así: a la mujer (menor de cuarenta para ser admitida por la Seguridad Social; en la privada, el arco de edad se agranda, así como el negocio) se le hace un estudio para comprobar que hay reserva ovárica, que las trompas son permeables y que el aparato reproductor está bien. Después, se somete a un tratamiento hormonal intenso que puede durar de una semana a diez días, y en el que se inyectan hormonas para estimular los ovarios y ayudar a que la inseminación sea efectiva. La Seguridad Social financia hasta seis intentos (las probabilidades son muy bajas a partir de cierta edad). Si no funcionan, pasarían a tres fecundaciones in vitro, mucho más efectivas. Para esto, después de la hormonación, se realiza una breve intervención para extraer los óvulos que serán fecundados en un laboratorio y posteriormente se implantarán en el útero.

Una de las cuestiones que se debaten sobre esta elección es por qué la Seguridad Social financia los tratamientos cuando ser madre es un deseo, que podemos tener o no, y no un derecho. No atiende a paliar una enfermedad. Aparte de la conveniencia para el Estado de que los índices de natalidad en España crezcan, esta misma cuestión podría plantearse respecto a la financiación de los costes de los tratamientos de fertilidad de una pareja de hombre y mujer sin distinción. El anhelo que persiste debajo es el mismo. Algunas de estas mujeres entenderían perfectamente un copago en el que ellas pudieran hacerse cargo de los costes de las medicinas y el Estado de la infraestructura sanitaria. Pero esto favorecería que solamente las mujeres con buen poder adquisitivo pudieran ser madres por elección. Cada inseminación cuesta, solo en medicación, alrededor de 400 euros de los que se hace cargo la sanidad pública, a lo que hay que añadir la progesterona y otros 400 euros del banco de semen, que pagará la mujer cada vez. Otro argumento contra esta elección es por qué no adoptan niños. ¿Debería una pareja pensar en adopción antes de en concebir su propio hijo? El deseo es el mismo en los dos casos aunque las razones sean diferentes. ¿No entran en estos juicios valores personales y culturales a la hora de comprender que un hombre y una mujer peleen por una paternidad biológica pero no deba hacerlo una mujer sola o una pareja de mujeres?

¿Se puede ser madre soltera sin red o sin una posición económica cómoda? ¿Por qué en áreas sanitarias en zonas de más renta sube el porcentaje de mujeres que se someten a estos tratamientos?

¿Y dónde están los hombres? Si hoy más mujeres deciden no ser madres, también hay más hombres que se alejan de la paternidad. Los nuevos roles paternos exigen que el hombre no sea un padre ausente. Ha habido un proceso de desidentificación con los modelos aprendidos. Muchos hombres deciden no cuidar porque ahora reconocen (y conocen) la cantidad de dedicación y responsabilidad que esa relación paternofilial también sustenta. Observo también cómo muchos amigos de mi edad ahora salen con mujeres bastante más jóvenes que ellos con las que puede que, en un futuro, tengan hijos. En un futuro significa cuando la juventud ya se haya extendido hasta su más ridículo horizonte. Están buscando tiempo. Un tiempo que, para la mujer, consiste en congelar unos óvulos hasta encontrar el momento exacto o idóneo. Pienso que los que ya hemos sido padres tenemos pocas certezas que contar, pero la más clara es que poco momento será más idóneo que aquel en el que te lanzaste y decidiste tener un hijo y llegó justamente el tuyo.

En cualquier caso, los hogares monoparentales constituyen un tipo de familia que debe tomarse en cuenta ya para la regulación de los derechos de esos niños: permisos de maternidad, ayudas al alquiler, becas, etc. Las llamarán caprichosas, valientes, osadas y es que buena parte del estigma procede de tiempos más grises, cuando esas mujeres no eran madres solas por elección, sino porque habían sido abandonadas por los padres de esos críos.

Vivimos un apasionante momento de pensamiento y revisión, de reconcebirnos y saber que, a veces, somos incongruentes o nadamos adentro de burbujas infranqueables y que no habrá razones suficientes nunca para protegernos de la equivocación al hablar de lo que, hasta ahora, desconocíamos.

Casi ninguna de las mujeres con las que he podido hablar puede contemplar ahora mismo otro tipo de familia mejor que aquel por el que están luchando. De tiempos y voces que no entienden que a la estructura familiar clásica la acompañan otro tipo de formatos, vamos a tener buenas dosis en estos días políticos. Pero estos niños ya están aquí y tienen todo el camino por andar.

Y ellas harán tribu. Estoy segura.

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9 Comentarios
  • Maestro Galiano Maestro Galiano 25/01/20 10:11

    Y si tu hubieras sido mi madre jamás te hubiera perdonado que me hubieras robado el derecho que tengo a tener un padre, sobre todo si lo hubieras decidido razonada, egoísta y antinaturalmente, sobreponiendo tus caprichos al derecho inalienable de un niño (a) que no puede elegir.

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  • frida56 frida56 23/01/20 01:52

    Todos los tipos de familias me parecen aceptables,razonables,etc. Pero sí creo q el importantísimo paso de traer a otro ser humano a este precioso/espantoso mundo debe requerir algo más que mucho amor (a veces, el mucho amor es también un gran egoísmo) y, por tanto ,sí debe haber una red de apoyo por el bien del niño. Como anécdota carente de valor argumental diré que cien veces que viviera, cien veces que querría tener a mi padre en mi vida. Hay muchas palabras y ninguna suficiente para expresar lo que me aportó

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  • SUA SUA 22/01/20 18:07

    Estas realidades que hace unos años eran impensables, han llegado como opciones sin darnos cuenta. La ciencia avanza.
    Hace unos años en una tertulia de TVE me enteré que una periodista muy brillante y soltera, había adoptado una niña. Lo entendí como un valor positivo, tenía una solvencia económica y aunque no tuviese redes tenía posibilidades para emergencias. Valoré la seguridad de la niña, no el amor que que se iban a dar mutuamente.
    ¿Que pasaría si por un accidente fallece la madre y con ello se acaba la solvencia económica? ¿Quedaría la niña abandonada?.
    Hoy ocurre, quiero ser madre, ¿necesito a alguien? y según el artículo "antes de lanzarnos a la maternidad" hay que pensar si tienes familia cerca, si tienes posibilidades económicas...Todo eso se resume en que si te planteas ser padre o madre, es porque tienes suficiente sentido común para afrontarlo, porque si buscas tanta "seguridad"...
    Quiero ser padre ¿me dejarán adoptar? No importa el amor que estés dispuesto a dar, ¿tienes red? ¿tienes suficiente "estabilidad económica"?.
    Las parejas que deciden tener hijos ¿viajan en distintos vehículos por si acaso...?
    No llevemos al extremo la seguridad para afrontar la paternidad, si una persona enviuda, la familia sigue y si el que queda perece, siempre habrá otra red que los ayude. Hay ejemplos de ello

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  • Atea Atea 22/01/20 12:56

    Cuando la persona que se encarga de la crianza es una mujer, deberíamos usar el término "familia monomarental" si no, estamos incluyendo al hombre incluso en situaciones en las que no está.
    Con todo mi respeto Aroa, creo que ni tú ni yo hemos sido padres sino madres.

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  • M.T M.T 22/01/20 09:41

    ¿ Fue Campoamor el autor de la cuarteta: ^ Y en este mundo traidor/ nada es verdad ni mentira/
    todo será del color/ del cristal con que se mira"?
    Y añadiría " cosas veredes".
    Desde mi perspectiva, tratando de entender los múltiples universos en que habitamos, Aroa : ¿ mera elección o mera opción? ¿ y ello pensado y analizado desde el interés del/ de los adultos: madre, padre, con pareja, sin ella, para la patenidad o maternidad o también se piensa en el hijo o hija que vendrá, con red familiar y / o social, o sin mucha red?
    En los tiempos actuales conocemos de todo: no sé si tanta elección o mera opción posible de plantearse la maternidad, en solitario ¿ soledad, egoísmo, comodidad, dificultades de convivencia en pareja...? Sí, también elección, pero no solo.
    ¡ Cuántas veces he escuchado, a madres en solitario, de la tribu, decir: lo deseable para un niño o niña, hijo o hija, sería la referencia de un padre y una madre". Claro desde la perspectiva de la heterosexualidad, Desconozco la perspectiva de otros universos, aunque sé que existen.
    Con todos mis respetos hacia cualquier opción o elección.
    Gracias por tu artículo Aroa.

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  • Pablo G. Pablo G. 22/01/20 09:25

    La opinión de Aroa Moreno me parece bastante equilibrada, ya que reconoce lo poco que sabemos y plantea más preguntas que respuestas, aunque es evidente que ella toma partido y con pleno derecho.
    En este tema tan complejo es difícil opinar. Pero hay cosas que quizá son más evidentes que otras. Por ejemplo, es evidente que la maternidad afecta a las aspiraciones sociales de la mujer a veces de modo irreversible. Actualmente esto se matiza, no cambia radicalmente, sólo se matiza, con las normativas y la actitud de muchos padres que participan muy activamente en la crianza.
    También es evidente que, hoy por hoy, para procrear se necesita una mujer y un hombre. El hecho de que sea anónimo no evita la incidencia, cuando menos fantasmática, que tendrá sobre el hijo o la hija nacidos. También es evidente que es más complejo siempre hacer las cosas en consenso y que la sociedad y en particular el capitalismo consumista empujan claramente a la individualidad. Cuando se tienen hijos en pareja, hay que ponerse de acuerdo en muchas cosas, a veces desde perspectivas muy diferentes. Lo que hay que preguntarse es si eso no enriquece precisamente la convivencia, aunque la haga un poco más difícil, como ocurre con un gobierno de colalición y perdón por el símil. Otra cosa: Creo que es muy importante mantener una actitud abierta y sin reservas a las nuevas formas de relación y de familia. Pero dar por desechadas las fórmulas tradicionaes por el hecho de serlo quizá es un poco frívolo. Y finalmente, lo que considero más importante: Los adultos, mujeres u hombres, tenemos pleno derecho a decidir sobre nuestras formas de vivir, pero es muy importante tener en cuenta si nuestros comportamientos afectan a terceros. No prejuzgo la respuesta, pero sí me pregunto si al elegir una forma de procrear o vivir, tenemos seriamente en cuenta a los hijos que nacerán o han nacido. Quiero un hijo sin padre (cosa imposible) o quiero un hijo sin madre (más imposible aún). Mi pregunta es: Será eso lo mejor para mi hijo o mi hija? Yo personalmente no tengo la respuesta. Pero, si me encuentro en esa tesitura, espero no olvidar hacerme la pregunta.

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    • svara svara 24/01/20 18:24

      Me parece muy sensato su razonamiento. Soy de los que piensan que esta sociedad no nos pone nada fácil la labor de ejercer la paternidad entre dos cuando ambos trabajamos. Difícil la elección de cargar con todo uno solo de los padres. Ardua tarea recompensada por el amor filial en todo caso, pero labor titánica la “monomaternal”.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 22/01/20 07:33

    Es posible que no esté lejos el día en que pueda prescindirse del semen masculino para la procreación o, mejor aún, en que se consiga la partenogénesis en la especie humana, pero por ahora esos objetivos no son más que el programa máximo del feminismo lesbianista extremo representado, por ejemplo, por la flamante Directora del Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades (las pretenciosas mayúsculas no son mías). Por lo tanto, la respuesta a la pregunta que se hace al principio del artículo es afirmativa: la madre supuestamente sola, para serlo, necesita a alguien y no me refiero solo al equipo médico al que tendrá que recurrir por fuerza. Igual que una bomba de relojería necesita un detonador para explosionar (elijo el símil deliberadamente) la potencial madre sola y sus óvulos, para pasar de la potencia al acto, todavía precisan de un varón, aunque sea anónimo, que haya proporcionado el semen.

    Pero, ya digo, es cuestión de tiempo, quizá no mucho, que deje de ser así. Huxley se quedó muy corto.

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    • Maestro Galiano Maestro Galiano 22/01/20 09:09

      Muy buen comentario. Solo añadir que todo ello es lamentable. Sin embargo con el paso del tiempo y con los avances de la ciencia, también las madres serán prescindibles y es ahí donde Huxley habrá acertado y ya el ser humano habrá dejado de serlo, para ser un simple robot cárnico y además, todos locos.

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