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El adiós a Luis Eduardo Aute

La sonrisa de Eduardo

Azucena Rodríguez
Publicada el 05/04/2020 a las 06:00
Luis Eduardo Aute, en una imagen de archivo de 2015.

Luis Eduardo Aute, en una imagen de archivo de 2015.

EP

Ahora que Eduardo ya no está, se van a escribir largos, hermosos y emocionantes artículos sobre su arte. Sobre la indeleble huella que deja en todos nosotros. Y lo harán gentes capacitadas y expertas en las disciplinas en las que él ha sido un maestro indiscutible, música, pintura, poesía, cine… Por eso yo, desde mi modesta condición de fan y grupie primero y amiga después, quiero recordar, en este momento en el que es tan difícil poner palabras al dolor, al extraordinario hombre que tuve la suerte de conocer. Un hombre bueno, que ha derrochado a manos llenas amor, belleza y ternura. Un hombre honesto con todos y con todo, que ha sido, además, un hombre muy divertido.

En la playa comiendo pescaíto antes de la prueba de sonido, en el camerino después del concierto más exitoso, en la furgo, en su casa… Eduardo se reía.

Se reía con ganas. Con todos y de todo.

Para intentar deshacer el nudo que en la mañana de este 4 de abril se ha instalado en mi garganta, recuerdo ahora esa sonrisa suya, arrebatadora, inteligente y pícara que le hacía tan atractivo. Esa sonrisa que conjuraba todos los males y te hacía sentir vivo.

Gracias, amigo.

Azucena Rodríguez, La Rubia.

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1 Comentarios
  • Isa. Isa. 05/04/20 18:21

    Recuerdo bien

    aquellos «cuatrocientos golpes» de Truffaut

    y el travelling con el pequeño desertor,

    Antoine Doinel,

    playa a través,

    buscando un mar que parecía más un paredón.

    Y el happy-end

    que la censura travestida en voz en off

    sobrepusiera al pesimismo del autor,

    nos hizo ver

    que un mundo cruel

    se salva con una homilía fuera del guión.

    Cine, cine, cine,

    más cine por favor,

    que todo en la vida es cine

    y los sueños,

    cine son.

    Al fin llegó

    el día tan temido más allá del mar,

    previsto por los grises de Henri Decae;

    cuánta razón

    tuvo el censor,

    Antoine Doinel murió en su «domicilio conyugal».

    Pido perdón

    por confundir el cine con la realidad,

    no es fácil olvidar Cahiers du cinéma,

    le Mac Mahon,

    eso pasó,

    son olas viejas con resacas de la nouvelle vague.

    Un amigo íntimo músico, ayer le dedicó esta canción de despedida.

    Qué grato leer la sonrisa de Eduardo en Azucena. Aunque lleguen más y más..

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