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Plaza Pública

De Balfour a Oslo: 100 años de complicidad internacional con la colonización de Palestina (y II)

Antonio Basallote, Diego Checa, Lucía López y Jorge Ramos
Publicada el 04/11/2017 a las 06:00 Actualizada el 03/11/2017 a las 19:38
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Esta semana el ejército de Israel asesinó a siete palestinos en un ataque efectuado contra la Franja de Gaza. Con ellos el número de personas palestinas asesinadas por el Ejército israelí supera ya el medio centenar en este 2017 al que aún le quedan dos meses para terminar. El goteo de asesinatos en los territorios ocupados a manos de las fuerzas de seguridad israelíes muestra la sangrante represión que sufre la población palestina y su movimiento nacional. Un pueblo al que la colaboración británica y sionista, sellada mediante la Declaración Balfour hace exactamente 100 años, condenó al despojo y la colonización. Precisamente estos días, el día 2 de noviembre, se conmemora el centenario de la elaboración de ése documento, un hito fundamental para entender los orígenes de la cuestión Palestina y que no puede desligarse de la presión del colonialismo europeo hacia Oriente Medio. La Declaración Balfour supuso el reconocimiento británico de las demandas del movimiento sionista y la piedra angular sobre la que éste construyó el Estado de Israel.

El posicionamiento del Gobierno británico en 1917 se encontró con la resistencia de la población autóctona palestina que pronto cristalizó en un movimiento nacional. Las élites palestinas escribieron a las autoridades británicas para remarcar que otras comunidades que habitaban el territorio de Palestina también poseían un carácter nacional y que debería garantizarse la integridad de su patria frente a los invasores. Poco después, a inicios de 1919, se constituyó el Congreso Árabe Palestino, la primera institución nacional, que solicitó la independencia de Palestina, la suspensión de la Declaración Balfour y el fin de las injerencias externas. Estas reivindicaciones movilizaron la protesta y la resistencia de gran parte de la población palestina, tanto cristiana como musulmana, a lo largo de las siguientes dos décadas. En estas protestas y movimientos, numerosas mujeres palestinas, tantas veces desahuciadas de las historias oficiales, tuvieron un papel fundamental. Durante la primavera de 1920, 29 mujeres palestinas rechazaron la Declaración Balfour a través de una carta a la autoridad británica del norte de Palestina: “Nosotras, mujeres musulmanas y cristianas que representan a otras mujeres de Palestina, protestamos vigorosamente” contra el documento de 1917. Un año después, mujeres palestinas participaron en los disturbios de Jaffa, además de formar comités, acoger reuniones y recaudar fondos para acciones anticoloniales. El 1921, Zalikha al-Shihabi y Emilia Sakakini crearon la Unión de Mujeres Palestinas en Jerusalén, mientras que en Nablus fue fundada la Sociedad de la Unión de Mujeres Árabes. En 1929, se conformaría la organización de mujeres palestinas más importante del periodo del Mandato Británico de Palestina: la Asociación de Mujeres Árabes. Y así, como muestra más significativa de todo este movimiento nacional de resistencia, mientras en España se libraba una guerra civil, entre 1936 y 1939 en Palestina se desarrolló la Gran Insurrección contra la colonización sionista y la dominación británica.

Sin embargo, la colonización continuó y el movimiento sionista logró materializar la Declaración Balfour con la creación del Estado de Israel en 1948. Pero 1948 también significó la "Nakba" (catástrofe o desastre, en árabe) del pueblo palestino, cuando las tropas sionistas-israelíes pusieron en marcha una limpieza étnica, destruyendo más de 400 pueblos y aldeas palestinas y expulsando de sus hogares a 750.000 personas que, convertidas en refugiadas, forman hoy una comunidad de 7 millones de personas que esperan el momento en el que Israel les permita regresar cumpliendo con el derecho internacional. La conquista en 1967 del resto de la Palestina histórica por el Estado israelí profundizó el proceso de colonización e inició la ocupación militar de Cisjordania, Jerusalén Este y la Franja de Gaza, donde siguió la desposesión de la población palestina y el establecimiento de nuevas colonias en esos territorios, en un proceso que aún no se ha detenido y que suma ya más de 600.000 colonos. Estas actividades de colonización han sido acompañadas por unas políticas de discriminación contra la población palestina y a favor de la población judía, tanto en los territorios ocupados como en el Estado de Israel.

El apoyo internacional directo o indirecto al proceso colonial de los asentamientos sionistas en Palestina sigue tan presente hoy como lo fue ayer. Si el imperialismo británico alumbró la injusta promesa de la partición de Palestina para construir el Estado de Israel en este territorio, hoy en día, el colonialismo de antaño de las metrópolis europeas ha continuado la misión civilizadora bajo un nuevo cuño, transformándose en un neocolonialismo que se manifiesta a través de ciertas prácticas de cooperación para el desarrollo e intervenciones internacionales de construcción de paz. En el caso de Palestina se expresa en el apoyo casi incondicional de los países occidentales y de la mayoría de la comunidad internacional al proceso iniciado por los Acuerdos de Oslo en 1993 para la construcción de una paz liberal. Si la Declaración Balfour y la Resolución 181 de la ONU legitimaron las pretensiones del movimiento sionista y la limpieza étnica que se derivó de su actuación, los Acuerdos de Oslo continuaron este proceso de legitimación y además contribuyeron al ocultamiento de la memoria histórica de la Nakba de la población palestina, hecho especialmente dramático para la población refugiada. El evidente fracaso del proceso de paz liberal de Oslo, requiere una reformulación o al menos un cuestionamiento, de los principios ideológicos y estructurales en los que se fundamenta. En la medida en que los Acuerdos de Oslo abordaron exclusivamente el conflicto como un problema a resolver entre dos partes simétricas y se centraron en limitar la violencia directa, obviando el marco colonial que lo sustenta y sin resolver la violencia estructural y cultural que permanece, estos acuerdos crearon la falsa ilusión de una paz que no contiene justicia y permitieron la continuación de la ocupación y el aumento de asentamientos de colonos en los territorios palestinos.

Vista 100 años después, la Declaración Balfour marcaría el inicio de un proceso de colonización en Palestina que no ha terminado y que no siempre ha sido reconocido. Esta incapacidad para apreciar el origen y el carácter colonial del proyecto sionista ha imposibilitado alcanzar una paz justa para las poblaciones que habitan la región.
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A
ntonio Basallote, Diego Checa, Lucía López y Jorge Ramos son autores de Existir es Resistir. Pasado y Presente de Palestina-Israel.

Lee aquí la primera parte de este artículo.
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1 Comentarios
  • nmuchnik nmuchnik 07/11/17 18:04

    Gracias por estos artículos!

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