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El futuro de Cataluña

El exconseller Santi Vila critica a ERC y asegura que Puigdemont dijo: "No me veo siendo presidente virtual"

  • Vila publica un libro en el que defiende su dimisión y relata los entresijos de las reuniones del Govern en el marco del procés
  • Afirma que Puigdemont estaba convencido de convocar elecciones, pero la presión del soberanismo el 26 de octubre le hizo seguir adelante con la DUI

infoLibre Publicada 06/03/2018 a las 09:17 Actualizada 06/03/2018 a las 09:50    
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El conseller de Empresa, Santi Vila, a su salida del Palau de la Generalitat esta madrugada.

El exconseller de Empresa, Santi Vila, a su salida del Palau de la Generalitat tras la reunión del Govern sobre la convocatoria de elecciones.

EFE
El exconseller de la Generalitat Santi Vila (PDeCAT) acaba de publicar un libro en que acusa a ERC de contradecirse al apoyar un adelanto electoral poco antes de proclamarse la independencia pero luego desdecirse, y ha asegurado que el entonces president Carles Puigdemont afirmó: "No me veo siendo un presidente virtual, de un país virtual, en una sociedad anímica e institucionalmente devastada".

En De héroes y traidores. El dilema de Catalunya o los diez errores del proceso, acusa a ERC de apoyar en un principio la decisión de convocar elecciones que quería anunciar Puigdemont poco antes del pleno de la declaración de independencia, pero de desmarcarse luego para capitalizar el descontento que generó.

Su libro repasa las reuniones y entresijos en el Govern los días anteriores a la proclamación de la independencia el 27 de octubre de 2017, y los intentos de negociación y de contacto con el Gobierno central.

Según Vila, partidario de aquellos comicios, hubo una reunión tres días antes en que los consellers de ERC excepto Oriol Junqueras —siempre cauto, apunta— se pronunciaron sobre si lo mejor era independencia o elecciones, pero las dudas de los republicanos desaparecieron al día siguiente en otra reunión en boca de la secretaria general, Marta Rovira —"intensa, irascible y fanatizada"—.

Elogia la ponderación de Carles Mundó y Dolors Bassa (ERC) y la sensatez de Joaquim Forn y Meritxell Borràs (PDeCAT), pero dice que Puigdemont pidió a los suyos y a ERC su opinión en una reunión el 25 de octubre, dejando clara su preferencia por convocar elecciones afirmando que no se veía como president virtual ni quería ir por el mundo "repartiendo tarjetas de una república inexistente", en alusión al símil de Freedonia, la república soñada en el cine por Groucho Marx.

Tras seis horas de reunión, que acabó de madrugada y con Puigdemont convencido de convocar elecciones, recalca que fue entonces cuando Junqueras dijo a Puigdemont: "Si tienes que hacerlo, ¡hazlo pronto, presidente, convoca elecciones ahora mismo!".

Vila revela que escribió al lehendakari Íñigo Urkullu, como mediador, que el Govern acordaba convocar elecciones y que debía ser correspondido con no aplicar el artículo 155, lo que Urkullu trasladó al presidente Mariano Rajoy y a Pedro Sánchez (PSOE).

Se convocó una rueda de prensa a las 13.30 del 26 de octubre, pero Vila cree que Puigdemont, atenazado por las dudas sobre si Rajoy cumpliría lo acordado, "o más aún, preocupado por cómo su nombre pasaría a los libros de historia de Catalunya", las presiones de su entorno más nacionalista le convencieron para convocar una última reunión con JxSí.

En esa reunión Puigdemont defendió su postura y advirtió de que las consecuencias políticas, institucionales y en las calles podrían ser muy negativas y de evolución imprevisible, así como de rumores sobre la presencia del ejército en Talarn (Lleida) y Sant Climent Sescebes (Girona).

Diputados como Irene Rigau, Montserrat Candini y Oriol Amat defendieron a Puigdemont, y Rigau dijo a Junqueras que era momento de verdaderos hombres de Estado, lo que irritó al vicepresident y le afeó faltarle al respeto: "Para sorpresa de todos, un presidente tenso e irascible cortó a Junqueras en seco: 'Lo que es una verdadera falta de respeto son las acusaciones de cobarde y de traidor que algunos divulgan por las calles'".

Pero la decisión de Puigdemont se tambaleó con el anuncio de dimisión de los diputados Albert Batalla y Jordi Cuminal (PDeCAT) si había elecciones, con gritos de "traidor" de congregados ante la Generalitat, y después de que ERC, tras respetar en un inicio su postura, "radicalizara su crítica y, intentado capitalizar el descontento en las calles y en las redes sociales, se apresuró a desmarcarse de la decisión electoral y a avisar de que, de ser tomada, supondría su salida inmediata del Govern".

"Como recuerdan siempre los socialistas maragallianos, de nuevo ERC haciendo de ERC", lamenta Vila, y añade que Puigdemont exigió entonces garantías públicas al Gobierno de Rajoy de no aplicar el 155, que no llegaron.

"Aquí Rajoy permanecería desgarradoramente glacial, en silencio, inanimado", destaca el exconseller, que junto a Urkullu intercambió sin éxito mensajes con ministros, diputados, directivos de PP y PSOE y con empresarios, y además Xavier Garcia Albiol (PP) avisó de que llegaría el 155 hiciera lo que hiciera Puigdemont.

Ante la falta de garantía de que no habría 155 aunque convocara elecciones, Puigdemont "optó o simplemente se vio abocado a echarse al monte, o quizá habría que decir al llano (belga), para mantener viva la voz de su causa", y Vila dimitió.

No se preparó una república

Según él, el Govern no preparó una república para el día después de declararse la independencia porque estaban convencidos de que todas sus iniciativas "en el mejor de los casos servirían para conseguir un referéndum ajustado a derecho o, como mínimo, el inicio de un nuevo periodo reformista para Cataluña y para el conjunto del resto de España", por lo que niega ser un traidor; chivo expiatorio a lo sumo.

Dice que no es hombre de partido ni de bandos, pero sí fiel a Artur Mas y Puigdemont, y admite que le atormenta el pleno que aprobó la "disparatada ley de desconexión —que no votó porque no era diputado— y no haber dimitido al instante", además de asegurar que hubo intentos de evitar su tramitación dentro del Govern, incluso de Puigdemont.

Sobre Junqueras

También detalla un diálogo con Junqueras en que Vila le pidió que ayudara a Puigdemont en su decisión de convocar unas elecciones que ERC podía ganar, y le dijo que, si el propio Vila era el candidato del PDeCAT, su grupo apoyaría investirle, aunque no entrara en su Govern.

"Oriol, si no hacemos el burro, ¡en tres meses serás presidente!", le dijo Vila, que veía posible ser candidato del PDeCAT y tener un resultado razonable ante el reto de asumir los costes políticos de que su partido volviera al centro.

Sobre Junqueras, destaca que el empresariado soberanista no comprende cómo, "llegado el momento de arrimar el hombro y ayudar al presidente a persuadir a los suyos sobre la necesidad de convocar elecciones y no proseguir el camino unilateral, pudiera fallarle de un modo tan estrepitoso", y destaca que aún se pregunta cómo es Junqueras.

Vila ve insensible al Rey por su discurso tras el 1-O, ve "inmovilismo" en Rajoy, y detalla que la relación de Gobierno y Govern se evidencia porque la primera vez que sus presidentes se intercambiaron los números de teléfono fue tras los atentados de 2017.

Su paso por prisión

Vila recuerda su entrada en prisión, tras declarar ante la Audiencia Nacional, como una experiencia triste y traumática tras una noche en Estremera, y reprocha la falta de "muestras públicas de afecto" del PDeCAT hacia él, que nadie de Òmnium ni de ANC le acompañaran ni se interesaran por su estado ni le ofrecieran costear su situación legal con la Caja de Solidaridad.

Sobre por qué no fue candidato de alguna lista el 21-D, dice que no lo hizo por razones éticas porque tenía excompañeros en la cárcel, y se veía "incapaz de pedir el voto a ciudadanos de un país a quienes creía haber fallado".

En cuanto a su futuro, asegura haber dado "necesariamente un paso al lado abrasado por la crítica más fanatizada, e incomprendido por muchos antiguos compañeros de militancia política", y que todo parece conducirle al retiro.

Se resiste a dar por definitiva "la caída del imperio del centro en Catalunya" pero ha emprendido una vida nueva como gerente de una empresa y profesor universitario de historia, y se recupera entre los suyos lejos de la notoriedad de sus antiguas responsabilidades, aunque a veces le atrapa la nostalgia, dice.
 
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