Desastres naturales

Mala planificación urbanística y crisis climática: el cóctel perfecto para una DANA con consecuencias devastadoras

Imagen tomada este viernes por el helicóptero de la Dirección de Emergencias en Los Alcázares.

El temporal ya ha dejado seis fallecidos: dos hermanos en el municipio de Caudete, en Albacete, un hombre en Almería, otro en Jámula, en Granada, y uno este sábado en la localidad alicantina de Orihuela. Además, las fuertes lluvias han provocado numerosas inundaciones, desbordamientos, coches arrastrados, 3.500 personas evacuadas, 74 vías cortadas, servicios ferroviarios cancelados, el cierre de un aeropuerto y daños materiales aún sin cuantificar, según el informe de situación presentado este viernes por el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. No obstante, se espera que esta "dramática situación", tal y como la calificó el propio ministro, remita este fin de semana. Las previsiones de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) auguran que la DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) que ha provocado este temporal se vaya moviendo hacia el norte, un camino en el que irá perdiendo intensidad. 

 

La palabra DANA ha aparecido en todos los titulares durante los últimos días de esta semana. Se trata de un fenómeno meteorológico complicado de explicar, pero muy conocido para los expertos. Según explica Juan Jesús González, doctor en Física e investigador en la Universidad de Castilla-La Mancha, no es algo nuevo, sino algo que siempre ha ocurrido. Eso sí, no con tanta intensidad. ¿Por qué llega a producirse? "Por una borrasca aislada en altura", explica Darío Redolat, climatólogo de la Fundación para la Investigación del Clima. Es decir, por un "embolsamiento de aire frío a cierta altitud en la atmósfera", añade José Miguel Viñas, meteorólogo de Meteored en www.eltiempo.com. Esto, sumado a las altas temperaturas que en estas fechas alcanza el mar Mediterráneo, constituye el cóctel perfecto para que ocurran estos fenómenos extremos. "El principio del otoño es un periodo propicio, ya que es cuando las aguas superficiales del Mediterráneo están más calientes y el aire situado sobre ellas está más cargado de humedad. El resultado son unas lluvias particularmente eficientes, impulsadas por vientos muy húmedos de Levante. Históricamente, hay documentados muchos de estos episodios, aunque no se producen todos los años, ni todos alcanzan una magnitud como el actual", dice Viñas. 

 

El cauce del río Segura a su paso por la ciudad de Murcia. | EFE

De hecho, la magnitud de la DANA que estos días está sacudiendo el sureste peninsular ya ha batido varios récords. Según señaló a Europa Press la portavoz de la Aemet Beatriz Hervella​​​​, este jueves se registraron efemérides de precipitación máxima diaria en un día en Almería-aeropuerto, donde se acumularon 99,3 litros por metro cuadrado, que es récord para esta estación desde que tiene datos, en 1968; y en Murcia, donde se recogieron 169 litros por metro cuadrado, récord absoluto de este observatorio desde 1984. No obstante, no se puede establecer una relación causa-efecto entre las consecuencias históricas de este temporal y el cambio climático. Al menos, no de forma precipitada. 

Distintos estudios han comprobado que el cambio climático sí tiene consecuencias directas en la frecuencia y la intensidad de los llamados fenómenos extremos: sequías, olas de calor, huracanes, heladas o inundaciones como estas. El problema es que, en esta ocasión, estamos hablando de un fenómeno muy concreto que ha sucedido de forma natural, sin ninguna intervención humana. Y como es complicado afirmar de manera contundente que el cambio climático ha provocado esto, los expertos prefieren hablar en términos de probabilidad. Lo hacen con los llamados estudios "de atribución", según explica González, que también afirma que este intenso temporal podría ser consecuencia indirecta del huracán Dorian. Como es lógico, todavía no hay un informe de atribución que explique las causas de esta DANA, pero si lo hubiera, la conclusión del estudio seguiría el mismo esquema que el resto: "Este evento es un X% más probable de suceder en un escenario de cambio climático antropogénico", es decir, en el que interviene la población.  

"El cambio climático nos está llevando a un clima cada vez con más fenómenos extremos. No resulta fácil atribuir un episodio particular como esta gota fría al citado cambio climático, pero lo que sí se puede afirmar es que en el nuevo escenario climático será cada vez más probable que se den los ingredientes adecuados para que se desencadenen estos fuertes temporales de lluvia, lo mismo que lluvias particularmente intensas", asegura Viñas. "Estamos empezando a observar ese comportamiento en muchas partes del mundo, ya que el cambio climático es global", añade. 

¿Ciudades preparadas?

El cambio climático aumentará la frecuencia de estos fenómenos extremos pero, ¿estamos preparados para minimizar sus consecuencias? Las pérdidas materiales y humanas provocadas por esta DANA son irreparables, pero Santiago Martín Barajas, coordinador de Aguas de Ecologistas en Acción, cree que podrían haberse evitado. Y que, de hecho, deben tomarse medidas para que no vuelva a ocurrir. Al menos, no a estos niveles. "Las lluvias torrenciales son propias de nuestro clima, otra cosa es que el cambio climático pueda hacer que cada vez sean más frecuentes y más intensas", certifica. "El problema es que nuestro país tiene muy poca memoria meteorológica y, a consecuencia de ello, se construye dentro de los cauces de los ríos o de las zonas propensas a sufrir una inundación", critica. 

 

Las intensas lluvias de este viernes en Almoradí (Alicante). | EFE

Precisamente este viernes, el Observatorio de la Sostenibilidad presentó un informe sobre el riesgo de inundaciones en España. Y las conclusiones están claras: Cádiz, Girona, Barcelona y Valencia son las provincias con mayores probabilidades de sufrir estos desastres. Todas ellas, además, se encuentran en la costa mediterránea, la que, según los expertos en meteorología, puede sufrir este tipo de temporales tan intensos. Pero el motivo no es sólo geográfico, sino también urbanístico. Según el documento de la organización, el aumento del riesgo de sufrir una inundación se debe al intenso proceso de urbanización costera impulsado desde la segunda mitad del siglo XX por el sector urbanístico-inmobiliario, lo que ha llevado a una "extensa" ocupación del litoral, de terrenos situados en áreas inundables que hacen que aumente el riesgo y la vulnerabilidad de personas y propiedades.

Por eso, el Observatorio de la Sostenibilidad recalca que "ninguna provincia costera del Mediterráneo o Atlántico sur puede considerar que su riesgo es reducido en términos de extensión de superficie antrópica afectada", es decir, en términos de pérdidas para la población. Por el contrario, "sólo las provincias costeras gallegas pueden presumir de tener un bajo riesgo de inundación". 

"A medio plazo nunca se sabe cuándo, cuánto ni dónde va a llover, pero lo que sabemos siempre es por dónde va a correr el agua. Hay que dejar libres esas zonas", solicita Martín Barajas. Porque el problema, critica, es que se cree que "el ansia urbanística puede con la naturaleza". Por tanto, diagnostica que lo que ha ocurrido en el sureste peninsular es un "problema político y económico". "El problema radica en que las ciudades no están preparadas para esto porque se ha despreciado la fuerza de la naturaleza", denuncia. Y las perspectivas no son buenas. "El cambio climático va a hacer que esto sea cada vez más frecuente y más intenso y no se toman medidas por parte de las administraciones. Ahora esto es noticia, dentro de una semana nadie se acordará", lamenta. 

 

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Fotografía aérea cedida por la Dirección General de Seguridad Ciudadana y Emergencias en la localidad murciana de Los Alcázares. | EFE

No lo dice sin pruebas. Lo que piden ahora, que consiste en que no se construya en zonas de riesgo, que se eliminen las construcciones existentes y que se proceda a la restauración ambiental de esas zonas, lo llevan solicitando desde hace "25 años". Así, recuerda, consiguieron modificar la legislación y que el artículo 28 del Plan Hidrológico Nacional recogiera la eliminación de las construcciones situadas en las zonas de inundaciones. "Pero no se aplica", denuncia. 

Y hacerlo es la única manera de evitar más daños materiales, y sobre todo personales, por las intensas lluvias. Según los datos facilitados por Protección Civil a Europa Press, el número de fallecidos por riadas e inundaciones en lo que va de siglo ya asciende a 195 personas

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