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La Fiesta Nacional del 12 de Octubre

La guerra de banderas asfixia al patriotismo cívico español

  • Una investigación detecta que la extendida adhesión afectiva no nacionalista a España queda eclipsada por el predominio de los discursos identitarios 
  • “La izquierda tiene un problema con los símbolos”, señala el historiador Diego Díaz Alonso, que ve la españolidad progresista en un “fuego cruzado” entre los “nacionalismos periféricos” y la “visión excluyente” de la derecha
  • Los intentos de armar imaginarios patrióticos alternativos han sufrido la presión de un nacionalismo que exige el continuo pago de peajes simbólicos
  • El sociólogo Imanol Zubero y el jurista Fernando Flores coinciden en que el mejor vehículo para una cohesión nacional integradora es la cultura

Publicada el 11/10/2020 a las 06:00 Actualizada el 11/10/2020 a las 19:53
La familia real saluda a Pedro Sánchez a su llegada este sábado al desfile del Día del la Fiesta Nacional en Madrid.

La familia real saluda a Pedro Sánchez a su llegada a un desfile del Día del la Fiesta Nacional.

EFE

“¿España? ¡Puf…! ¡Qué pregunta más graciosa! A mí España no me gusta. O sea, a mí me gusta la gente de España”. La respuesta, que sintetiza ese afecto por la patria sin suplemento trascendental que abunda entre los españoles desconfiados del nacionalismo, está incluida entre bastantes más del mismo tenor en el artículo Patriotas sociales. La izquierda ante el nacionalismo español (Revista de Sociología, 2017), de Antonia María Ruiz, Luis Navarro y Elena Ferri. Los tres son investigadores de la Universidad Pablo de Olavide, donde se desarrolla un singular proyecto, Nacionalismo español: praxis y discursos desde la izquierda, trabajo apoyado por el Gobierno, la Junta de Andalucía y el CIS que pretende “rellenar una laguna” de conocimiento sobre los porqués de la tirante relación entre la izquierda y la idea de España y sobre las dificultades para la conformación de un patriotismo de acervo cívico que rivalice con el esencialismo nacionalista. A tenor de las conclusiones del proyecto, la extendida indiferencia entre las “gentes de izquierdas” –en expresión que utilizaba Gaspar Llamazares– hacia la liturgia y la simbología nacional imperante no implica, como a menudo se da por hecho desde la otra acera ideológica, una ausencia de patriotismo ni de vínculo afectivo con España. Eso sí, se trata de un patriotismo más difuso y difícil de transmitir a las masas, que hasta la fecha no ha logrado competir en el imaginario de lo español con el nacionalismo de bandera al viento.

Con motivo del 12 de Octubre, Fiesta Nacional de España, infoLibre analiza con el apoyo de investigadores de los campos de la sociología, la politología y la historia el fenómeno del patriotismo cívico y social, así como los motivos de su limitado tirón popular.

Patriotismo social y cuestión territorial

A partir del análisis de discursos e hitos políticos y de una treintena de entrevistas a cargos medios de partidos progresistas, los autores de Patriotas sociales acaban perfilando valiosas conclusiones. “Se ha afirmado que la izquierda no se siente vinculada con España, con lo cual se caracteriza por su apatía patriótica. Esta afirmación necesita ser matizada”, señalan los autores. “Nuestro hallazgo es que la izquierda de ámbito estatal se caracteriza por su patriotismo social”, añaden. Se trata, en palabras de Navarro, responsable del área académica de Sociología de la Olavide, de “un patriotismo con elementos propios de la izquierda y diferenciado del expresado por otros grupos e ideologías”. Es “un patriotismo hecho de una actitud de pertenencia a España” basada en “afecto, lealtad y preocupación fundamentalmente por el grupo, los españoles, entendidos con una fuerte connotación de clase”, añade.

Volvamos a las repuestas recabadas para Patriotas sociales. Uno de los entrevistados explica: “A mí me gusta que todos los españoles tengamos los mismos derechos en todos los rincones de España, que haya una misma sanidad, una misma educación, que no haya discriminación”. Hay un material que, en contacto con esta visión igualitarista de España, provoca una inmediata combustión: la cuestión territorial, los nacionalismos periféricos. Es un debate que acaba desembocando en otros, igualmente incandescentes: los símbolos, la bandera rojigualda –con los mismos colores que en el franquismo y también que en la Primera República, por cierto–, la llegada de la democracia a través de una transición y no de una ruptura, la jefatura del Estado ocupada por un rey...

Ahí empieza a encontrar problemas de encaje simbólico ese patriotismo progresista. Incomoda a menudo la palabra “nación”, o “patria”, o “patriotismo”, o incluso “España”. Chirría el himno. Se acepta a regañadientes –si se acepta– la Corona. Y, como apuntan los investigadores, el discurso progresista se vuelve “reactivo”, es decir, se conforma mediante el rechazo a la visión unívoca, autoritaria y centralista del nacionalismo español. Pero sigue sin resolver una cuestión central: con qué simbología adornar el patriotismo social. Difícil solución, desde luego. Este problema ha conducido a parte de la izquierda –partidos y bases sociales– a frecuentes estrategias de “evitación” de la cuestión nacional. No gratuitamente Navarro tituló su tesis La nación evitada.

España pasa así a ser un tema, una palabra, una idea dominada por la derecha y soslayada por la izquierda.


Ni grandilocuencia, ni movilización

Navarro escribe en su tesis sobre esa idea todavía pendiente de que llegue su momento que es el patriotismo progresista, una forma de compromiso con la patria que “no implica discursos grandilocuentes o movilización de masas”. Pero, claro, ese patriotismo basado en “igualdad, solidaridad y justicia social”, sin el pegamento de un afecto por la bandera, sufre para rivalizar con otras expresiones más desinhibidas, épicas y simbólicas de españolidad. La alergia a las exhibiciones de orgullo nacionalista en la izquierda es observable en respuestas recabadas para Patriotas sociales. “La patria es que nuestros ciudadanos estén bien, en paz, conviviendo en paz, con servicios públicos, y que vivamos felices y con cohesión social”, dice un entrevistado. Otro: “Entonces, yo todo esto del nacionalismo, la patria y tal y todo eso, bueno, lo pongo siempre en suspenso. O sea, a mí la patria o la nación es aquella que me permite vivir, que me garantiza derechos, que me garantiza libertades. Esa es mi nación y esa es mi patria”. Lo dicho: no es un discurso que vaya a galvanizar a las masas, ni que una escuadra de soldados vaya a escuchar con el mentón alzado antes de pegar un sonoro golpe de talón.

Los anteriores son retazos de discursos blandos que entroncan con el concepto, popularizado por el filósofo Jürgen Habermas, de “patriotismo constitucional”. Así lo explica el sociólogo Imanol Zubero, profesor de la Universidad del País Vasco: “Este tipo de patriotismo genera una vinculación con la nación que no pasa por los elementos clásicos del nacionalismo, que generan exclusión y homogeneidad. Al contrario, apelan a una nación cívica que te constituye como ciudadano que goza de derechos y libertad”. Luego, reflexiona: “Es un intento interesante, pero el propio Habermas reconocía que el patriotismo constitucional ofrecía una vinculación fría con una nación o un Estado, que suelen reclamar emociones más cálidas”.

He ahí una clave: es más cálida una bandera que una enumeración de valores cívicos en estilo recitativo.

Tanto Navarro como el resto de investigadores consultados para este artículo coinciden en que los defensores de formas de patriotismo alternativo no han logrado popularizar un imaginario español progresista que rivalice con el evocado por los sectores conservadores, más cómodos con las connotaciones inherentes al himno, la bandera y el trono. ¿Por qué? Jordi Muñoz, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Barcelona, responde: “La derecha nunca ha renunciado a su nacionalismo tradicional. Durante el franquismo la derecha monopolizó el patriotismo. Después se construyeron elementos de un nuevo patriotismo español, a partir de la mitificación de la transición y la Constitución del 78 y de una idea de unidad matizada para aceptar una cierta diversidad. Sin embargo, la derecha nunca renunció a su bagaje nacionalista tradicional”. Según Muñoz, los “conflictos nacionales” en Euskadi y Cataluña “seguramente han favorecido la persistencia de la respuesta nacionalista más explícita desde el centro”.

A juicio del autor de La construcción política de la identidad española: ¿del nacionalcatolicismo al patriotismo democrático? (CIS, 2012), los términos del debate nacional sitúan a la izquierda en una encrucijada endiablada. “Una idea verdaderamente progresista de España sólo puede ser plurinacional. Pero eso genera un rechazo muy fuerte en la derecha, y en una parte importante de la izquierda de tradición más jacobina. Esa contradicción es insuperable, creo”, afirma.

De Carrillo al PSOE y Podemos

El historiador Diego Díaz Alonso ha estudiado con lupa este singular fenómeno. Uno de los resultados de su trabajo es el ensayo Disputar las banderas. Los comunistas, España y las cuestiones nacionales (Trea, 2109), donde se detiene en algunas de las coyunturas en las que se ha ensayado un patriotismo español que rompiera el trinomio “Dios, Patria y Rey” o conectara con reivindicaciones de la izquierda. Díaz Alonso menciona la primera y la segunda repúblicas, el “discurso patriótico” y soberanista del PCE contra el Plan Marshall y la OTAN, la Política de Reconciliación Nacional inaugurada por los comunistas en los 50, el “patriotismo constitucional” carrillista tras tragar con la rojigualda y la Corona, el autonomismo de la Transición, el federalismo –siempre dubitativo y sin excesivo brío, pero visión de España alternativa al fin y al cabo– de las últimas décadas...

Su análisis alcanza hasta a Podemos, que “entonó un nuevo discurso nacional-popular, patriótico-progresista, poco elaborado en profundidad, pero con mordida en superficie”. “Así –escribe Díaz Alonso– se reivindicó la soberanía nacional secuestrada por instituciones internacionales que dictaban los estrechos márgenes de un presupuesto nacional [...]. Así se denunció a los defensores en España del patriotismo constitucional que cambiaron la Constitución de la noche a la mañana [...]. O así se criticó el patriotismo identitario de quienes, al tiempo que se envolvían en la bandera, se llevaban su dinero, y a veces también el dinero público, a paraísos fiscales”.

Fuego cruzado

En conversación con infoLibre, Díaz Alonso recalca también cómo desde el campo del PSOE José Luis Rodríguez Zapatero, con su “patriotismo constitucional”, o Pedro Sánchez, con su “España plurinacional”, han tratado en algún momento de configurar un imaginario nacional propio con ingredientes progresistas. ¿En vano? Díaz Alonso, que cree que el peso del ala del PSOE con una visión de España más similar a la del PP ha limitado el alcance de estas apuestas, apunta a dos grandes problemas. Uno, los símbolos. “La derecha los tiene muy claros, pero la izquierda tiene un problema con los símbolos, porque la bandera no se ha quitado sus connotaciones en 40 años”. Y dos, lo que el historiador llama el “fuego cruzado” en el que queda atrapada la izquierda, entre “los nacionalismos periféricos, que asocian España a todo lo retrógrado y reaccionario, llegando a la caricatura, y una derecha española con una visión excluyente de España”.

Ahí en medio, ilustra el autor de Disputar las banderas, se queda atrapada la izquierda, irritada entre los que dicen que es España no tiene arreglo y los que dicen que sólo ellos son los verdaderos españoles. “Una parte de las izquierdas han comprado el relato de los nacionalismos periféricos, y otra, especialmente una parte del PSOE, tienen una visión de España no muy distinta a la de la derecha”, señala.

Ventaja competitiva de la derecha

Uno de los entrevistados para Patriotas sociales aún dice: “Yo creo que hay mucha gente que si no fuera por la selección española de fútbol pues seguiría avergonzándose de la bandera española. Yo tenía once años cuando murió Franco, pero cuesta mucho trabajo olvidar que era la misma bandera y el mismo himno del dictador”. ¿Por qué el éxito de estos discursos en la izquierda, 45 años después de la muerte del dictador? No hay una sola respuesta. Ha sido un proceso. El nacionalismo español, avergonzado por su hegemonía en su versión nacionalcatólica durante casi 40 años, pasó una larga década latente, pero en los 90 fue saliendo del armario. “Los debates suscitados a partir de los gobiernos de Aznar (1996-2004) tuvieron un efecto divisor y volvieron a emerger diferencias significativas entre los ciudadanos de izquierdas y de derechas en sus niveles de orgullo español”, apunta Navarro. Las “guerras culturales” en campos como el laicismo y la memoria histórica fueron exacerbando la cuestión. Y por supuesto el estallido del procés, unido al avance de la polarización, ha estrechado los márgenes para discursos patrióticos más basados en la apelación cívica que en la exaltación nacionalista. El resultado es que, en 2020, sectores de izquierdas mantienen o han renovado su desconfianza hacia las manifestaciones de lo español.

¿Quién ha perdido con ello? A juicio de Navarro, la izquierda ha cedido a la derecha “una ventaja competitiva”. Los conservadores han aprovechado esta división para intentar patrimonializar la idea de España y sus símbolos. Un detalle significativo: este jueves el senador del PP por Ceuta David Muñoz recibió al vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, con una bandera nacional, una reproducción de una corona y un retrato del rey. Los símbolos nacionales usados como atrezo de un recibimiento hostil a un miembro del Gobierno. Singularidades españolas. Íñigo Errejón suele contar que, en la calle, alguna vez lo han intentado provocar gritándole, simplemente, “viva España”.

“Nación por construir”

El “patriotismo social” de la izquierda no ha logrado poner sobre la mesa, a juicio de Navarro, una idea de país tan comprensible para las grandes masas como la del nacionalismo conservador, que agita la bandera española como si fuera su patrimonio exclusivo y repite la palabra fetiche: España. “Los conceptos a los que apela la izquierda están tan manoseados que muchos no los entienden: solidaridad, educación, sanidad... Todo el mundo dice defenderlos”. Mientras tanto, otros hablan de España, España y España. Y ahí hay un significativo porcentaje de la población que se siente incómoda.

“Quedan muchas cosas por superar para que todo el mundo se encuentre bien ahí. Todo el problema de las fosas comunes, o las relaciones con la Iglesia”, explica Navarro. A eso se suma la falta de sintonía con la bandera o con la institución de la monarquía. Es ahí donde, para salir del paso, entra en juego la estrategia de la “evitación”. Una “evitación” difícil en días como este lunes, Fiesta Nacional, cuando la bandera es peaje obligado.

El sociólogo Imanol Zubero cree que el obstáculo para el surgimiento de un patriotismo alternativo convincente y mayoritario no está en que la democracia española sea formalmente menos digna de respeto y adhesión que otra, sino en la historia de una “nación” que durante siglos se ha construido “contra la Ilustración, contra la ciencia, contra la pluralidad interna”. “España sigue siendo una nación por construir, esa mater dolorosa de la que habla José Álvarez Junco. Ha habido intentos de darle la vuelta con nuevos significados. Por ejemplo, el intento de IU con el federalismo, que el PSOE nunca se ha tomado en serio. O Podemos. Recuerdo una entrevista a Juan Carlos Monedero en la que reivindicaba la España de Buñuel, de Picasso... Tenía mucho sentido. Pero es muy difícil”, añade Zubero, que recuerda el déficit que supone que el actual Estado español carezca de épica fundacional antifascista.

El viento de la historia, además, sopla en contra del patriotismo cívico y social. En el mundo de hoy la nación cotiza al alza como reclamo popular, como prueban el éxito de fenómenos identitarios como Donald Trump ("America first") y el Brexit. Todo el debate nacional se ha cargado en España de palabras rotundas, sobre las que no caben medias tintas: bandera, identidad, patria, historia, traición... En España, el procés y la emergencia de Vox han sobrecargado de identidades el debate público.

La opción de la cultura

Lo que ha demostrado no ser un pegamento afectivo para un patriotismo cívico y social fuerte es la Constitución. Otra vez, como ocurre con los fenómenos complejos, los motivos son muchos. Para empezar, que es un campo arrasado por la polarización. Además, tras amagar con convertir el 6 de diciembre en la Fiesta Nacional, el PSOE inclinó la balanza hacia el 12 de Octubre, lo cual limitó el alcance del Día de la Constitución. Como atestiguan los debates en el Congreso en 1987, los socialistas tenían la esperanza de que la combinación del 6D y el 12O forjase una genealogía nacional mixta de compromiso cívico y orgullo histórico. Aquel empeñó no salió bien, a juicio de Díaz Alonso. “El patriotismo constitucional propugnado inicialmente por las fuerzas progresistas en la Transición como una posible alternativa cívica y democrática al nacionalismo español más esencialista y conservador ha terminado derivando con los años en una suerte de culto acrítico a la Constitución y un arma arrojadiza para cerrar cualquier debate político incómodo”, señala Díaz Alonso en un artículo en El Salto. A su juicio –compartido por los investigadores de la Olavide–, ha faltado una idea consensuada de patriotismo progresista. “No se han generado mecanismos de identificación alternativos”, explica Díaz Alonso, que inscribe en esta carencia los bandazos de las fuerzas progresistas, siempre dudando cuánto, cómo y cuándo usar los símbolos nacionales, con exhibiciones tan llamativas –y sin continuidad estética– como la gigantesca bandera del acto de Pedro Sánchez en 2015.

¿Qué queda? Fernando Flores, profesor de Derecho Constitucional, cree que, dejando a un lado el deporte, la vía posible para una cohesión profunda está en la cultura. “En la cultura España tiene muchísimo campo para cohesionar. En la educación, en la formación, en la estela de las misiones pedagógicas, que podrían ser un buen referente. O el teatro popular, que tenía una vocación muy patriótica en el mejor de los sentidos. Ahí hay ideas para pensar en una identificación”, señala Flores, que lamenta la “hipocresía” de España con la cultura, tan citada en los discursos como despreciada en las políticas reales, donde no tiene consideración de gran asunto de Estado. En las respuestas recabadas para Patriotas sociales sí aparece la cultura como foco emocional: “Mi familia es inmigrante, mi madre es cordobesa, mi padre de Almería, con lo cual mi identidad cultural tiene mucho que ver con España. Yo a Cervantes pues lo siento mío y a Machado. Por tanto, yo me siento… Hay una identidad cultural con España, ¿no?”.

Cervantes y Machado, precisamente, mueven a nuevas preguntas sobre una cuestion que es, como la propia idea España, fuente inagotable de controversia. ¿Qué opinaría el Manco de Lepanto de los fastos del Día de la Hispanidad? ¿Queda simbólicamente resuelta con la Fiesta Nacional la negra disyuntiva de las dos Españas de Machado? 

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39 Comentarios
  • Jsra Jsra 12/10/20 14:08

    Yo creo que la patria de la izquierda es una serie de derechos JUSTICIA, LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD, pero estos valores no se circunscriben a unas fronteras se extienden a todo el género humano. Por el contrario la derecha, que en España, muchos todavía anhelan el Antiguo Rėgimen y mantienen la idea de Imperio, que someta al resto del género humano a aceptar sus valores siendo meros súbditos de esa España Grande y Libre.
    Así la derecha tiene claro sus sìmbolos, los de siempre. Mientras que la izquierda solo puede hablar de Fraternidad y Justicia, el buenísimo de siempre que le achaca la derecha.
    Por otro lado, entendemos, la gente de izquierdas, que vivimos en un mundo de Estados y hemos conseguido que se respeten los derechos de los ciudadanos, pero hay que ir más allá, reconociendo derechos económicos y sociales universales, es decir trascendiendo los estados, lo cuáles se nos quedan pequeños.
    Los símbolos, pero sobre todo las instituciones tienen una función social, son meramente instrumentsles, si generan más problemas de los que resuelven hay que pensar en cambiarlas. Esto vale para la monarquía, que no aporta nada y es más un factor de desunión que de unidad, como para la estructura del Estado, que hace aguas por todos los lados. Por supuesto democraticamente y esto depende de todos, de los valores que imperen, que podemos resumir, por un lado, en Poder y Sumisión asumiendo cristianamente el lugar que a cada uno nos ha tocado con toda nuestra simbologįa intacta y por otro Fraternidad y Justicia, sin mucha simbologįa, porque tanto los símbolos como las instituciones no tienen valor pero se sino en la medida que cumplan la función social para la que de crearon.

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    • cexar cexar 12/10/20 16:04

      Me sumo a su comentario.
      Ni dios, ni patria, ni rey. Justicia, libertad, igualdad y fraternidad.
      Salud y República,

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  • Hammurabi Hammurabi 12/10/20 06:33

    El día que las frases: " la justicia es igual para todos", y "hacienda somos todos", dejen de ser un chiste, tendremos mucho camino recorrido.

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  • MIglesias MIglesias 12/10/20 00:55

    Yo solo sé que cuando veo ondear banderas me echo a temblar, no hay turba más despiadada que la que despliega su derecho a la identidad nacional que siempre, por definición, excluye y discrimina.

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    • λόγος λόγος 12/10/20 02:10

      A ver Ma, Mo o Me Iglesias: desconozco la templanza de cada uno/a/e ante el ondear de banderas, pero como asistente/a/o a la fiesta de 25Xullo, muchos años, nunca he visto esa “turba despiadada“ persiguiendo a mis amigos vascos, canarios, malagueños, vallisoletanos, valencianos... brasileiros, irlandeses...chinos!... y tantos otros con los q compartí manis y fiestas en Santiago (y eso q no soy de muchas manis ni muchas fiestas).
      La única bandera q me pone en prevención es la “rojo y gualda“, los motivos se entresacan de las exposiciónes q más abajo hacen los diferentes comentarios.

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      • MIglesias MIglesias 12/10/20 08:26

        No piense que cuando se habla de nacionalismo se piensa solo en España, o concretamente en Galicia, esa visión de ser el centro es muy nacionalista, el mundo es mucho más grande, analice las consecuencias del nacionalismo en el mundo desde el último tercio del XIX.
        El nacionalismo es

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  • Arkiloco Arkiloco 11/10/20 20:06

    Competir con la derecha en nacionalismo y por los símbolos sería mal asunto y bien cierto es que la adhesión afectiva no nacionalista, el patriotismo cívico no excluyente o lo que Habermas llamó “patriotismo constitucional”, son, como reconocía el filósofo alemán y recuerda Zubero, “vinculaciones frías” con una nación o Estado o emociones que no pueden competir con las que algunos nacionalismos exaltan, requieren y necesitan para sus proyectos o, simplemente, para ganar adeptos en la pugna entre nacionalismos y con los símbolos como arma y herramienta de alistamiento. Como se dice en el artículo, difícil problema florecer o no sentirte abrumado en ese fuego cruzado y pertrechado con “patriotismos cívicos, sociales o constitucionales” que despiertan pocas emociones o movilizan menos que el “patriotismo de verdad” y su poderosa coreografía de símbolos, gestas y memoriales.
    Difícil es pero competir en nacionalismo o sumergirse en ellos no es ninguna solución ni alternativa recomendable. El problema de la izquierda con los símbolos no sé qué problema es o bastaría con el respeto y la naturalidad en su uso y exhibición y la falta de adhesión afectiva con la España de los nacionalistas no debería serlo. Hacer un diagnóstico de las causas de ese distanciamiento no parece muy complicado teniendo en cuenta los 40 años de dictadura y la vinculación de la idea de España y sus símbolos con ella y que, como dice Zubero, el Estado español actual carece de una “épica fundacional antifascista”. Y en vez de ello tenemos la Transición, con menos épica o sin épica y que desune. Y que complica hasta lo del “patriotismo constitucional” por el uso y abuso con el que se utiliza la Constitución para discusiones diversas y guerras partidistas. Entre sacra e intocable o “vaya mierda” y origen de todos los males, la C78 tiene su debilidad como bandera y por eso parece pertinente afirmar que España sigue siendo una nación por construir.

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    • Arkiloco Arkiloco 11/10/20 20:07

      Algunos ven imprescindible y como perteneciente al progresismo lo de la plurinacionalidad pero esto se ha convertido en un fetiche y en poco más que una palabra con la que parecen expresarse cosas diversas y ninguna que tenga alguna viabilidad o concreción más allá de la pluralidad que hoy se reconoce y que se ejercita. Reconocimiento de la pluralidad si pero ¿qué es la plurinacionalidad, como se concreta y como puede acoger y contentar eso a nacionalistas que consideran naciones territorios también plurinacionales y que tienen como objetivo crear un estado propio? Las ideas de una España excluyente son nefastas y de las que la izquierda se separa con facilidad en la crítica, pero ¿qué ha pasado y pasa con la crítica a las ideas no menos excluyentes de otros nacionalismos, con sus izquierdas nacionalistas de emociones cálidas y banderas fáciles y una izquierda española que no ha tenido muchos problemas para sumergirse en ellos y darles un plus de progresismo y de barniz como “nacionalismo bueno”?
      A esto se le ha dedicado menos atención y hay problemas que parecen resolverse invocando a una “plurinacionalidad” sin contenido o que refuerza, apoya o da cobertura a otros nacionalismos identitarios y que no están por compartir “patriotismos” españoles y aunque sean cívicos o sociales. El problema de esa izquierda quizás no sea o haya sido agarrar con más convicción la bandera española y gritar con más calor ¡viva España! Por caminos inesperados hemos podido recibir una virtud y una adhesión templada a la nación. El problema, quizás, que esos reparos no han existido ni existen para agitar ikurriñas y senyeras y que en Madrid no digas o te cueste gritar ¡viva España! pero en Bilbao o Barcelona consideres imprescindible y enfatices un Gora Euskadi! o Visca Catalunya! Por si hay dudas, no creo que esto pase por gritar más veces ¡viva España! La relación de la izquierda con el nacionalismo sigue siendo un tema pendiente y el camino parece largo.

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      • Antonio Basanta Antonio Basanta 12/10/20 12:12

        Excelente estos dos comentarios. No se puede expresar mejor. Un abrazo.

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        • Arkiloco Arkiloco 12/10/20 13:13

          Gracias Antonio. Agur bero bat

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      • Arkiloco Arkiloco 11/10/20 20:14

        .."que no están por compartir "patriotismos" de españoles y aunque sean cívicos o sociales."

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        • λόγος λόγος 12/10/20 01:07

          También yo diría todoeso mismo si supiera!
          Gracias Arkiloco.

          Nota  bene: sutileza la precisión del “de”.

          Saúdos!

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          • Arkiloco Arkiloco 12/10/20 10:20

            Gracias amigo. Y por cierto, hace unos días se me pasó comentarte que me pusiste los dientes largos con una ruta por Portugal.

            Zuretzako agurra.

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  • HEREJE HEREJE 11/10/20 19:17

    Con respecto al asunto del trapo pintado, yo soy de ,la misma opinión que Cristina Almeida, quien dijo hace no mucho en TV "¿Cómo nos vamos a sentir identificados con una bandera y un himno que, cada vez que aparecían, nos forraban a hostias a todos menos a los suyos?

    Más de una vez, tomándome una caña en el barrio de Salamanca hubo que levantar el brazo y balbucear el cara al sol para que unos cuantos patriotas de todas las edades no me rompieran afectuosamente mi cabeza en nombre de su concepto de españa.

    No, no le tengo ningún aprecio ni a la bandera ni a los símbolos ni a los himnos.

    No me van los trapos, ni las cruces, ni los reyes ni los curas.

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  • JIRS JIRS 11/10/20 19:14

    Probablemente si el dictador Franco y sus adláteres - Iglesia Católica Española incluida -, no se hubieran apropiado de todos los símbolos de todos los españoles muchos de ellos no sentirían esa especie de alergia que entra al ver la bandera. Eso sin contar las hostias que muchos nos llevamos en los colegios por no saludarla correctamente, cantar "el Isabel y Fernando", "las flores a maría" con su banderita, etc. etc.
    Hace un par de años, la Sra. Merkel, echó de un escenario a uno de sus dirigentes, por tener la osadía de subir la bandera alemana en un acto del partido. La bandera es de todos los alemanes, le dijo, y no sólo de los militantes de nuestro partido; e hizo que la quitaran inmediatamente.
    De ahí que todos los alemanes la vean como suya, desde los "das link", hasta los fascistas de AdF.
    Como siempre, falseando la historia, los franquistas nos vendieron eso de que los colores de nuestra bandera representaban la sangre derramada por no se quien y el sol, que inunda y da esplendor nuestras tierras, y bla, bla, bla...cuando la verdad histórica (y fácilmente verificable) es que los colores fueron una forma de solventar un problema naval que había con la bandera de Felipe V (escudo Borbón sobre fondo blanco). Las de los otros reinos eran del mismo color y en las batallas navales no sabíamos si disparábamos a los amigos o enemigos. Carlos III lo arregló encargando un concurso para encontrar una nueva bandera y ganó la de los colores rojo y amarillo por ser los más llamativos en el mar. La bandera naval, pasó a ser la nacional en el reinado de Isabel II (esa que tuvo 12 hijos, pero ninguno con su marido Francisco de Asis, alias " la Paquita" - que era homosexual - y con quien obligaron a casarse por motivos de estado(?). (aunque parezca mentira es historia verificable en cualquier libro de historia que hable sobre la reina).
    De modo que ni sangre de héroes, ni soles, ni gaitas; la bandera salió de un concurso para no matarse entre amiguetes y aliados.
    Esta bandera se ha usado, para diferenciar a esa media "españa" que masacró y desperdigó por las cunetas a la otra media, por lo que es muy complicado que se sienta como la bandera de todos los españoles.

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  • Ambon Ambon 11/10/20 17:45

    Cada vez vemos mas banderitas de España en las mascarillas, es algo que me produce desasosiego. desgraciadamente no puedo evitar ver la rojigualda como una bandera que significa la España vencedora, cruel y aniquiladora de la otra España. Es esa una España que está mas pendiente de los símbolos que de las gentes, es una España caínita que se envuelve en la bandera mientras tienen sus cuentas en Suiza, una España de buenos y malos españoles, una España de unos pocos que deciden y unos muchos que si no obedecen son malos españoles, una España del enchufe, de la recomendación y del ser "hijo de", en definitiva una España de la desigualdad con la que no puedo identificarme, yo soy mas de una España que como se dice en Castilla "nadie es mas que nadie".

    ¡Vivan las gentes de España! y dejen de manosear las banderas y los símbolos

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  • Lechatelier Lechatelier 11/10/20 17:24

    Estoy viendo un video peruano (que fue nada menos que el virreinato) que la mayoría en España desconoce y no le importa nada. El fandango fue una transformación de la Marinera Norteña peruana. Tenemos una lengua que casi lo hablan quinientos millones de personas en el planeta, y aquí estamos con las Ayuso, los Casado, podemos incluir en la miseria a un teatrero Sánchez siguiendo las instrucciones fútiles de posmodernos como Ivan Redondo. ¿Que nos ha pasado como país? Es envidiable el papel de Alemania hoy en Europa, a pesar del desastre de Hitler que en 1945 se cargó el país. Somos una nación  cada vez mas de chichinabo, y no por su gente sino por su política, du judicatura y sus instituciones. Mucha celebración de una Hispanidad que aquí nadie se cree ni sabe aprovechar con parafernalia a una Monarquia que no ha cumplido su papel, y cada vez, como nos recordaban hace mas de un siglo los del 98, somos un cero a la izquierda pesar de todo nuestro potencial. Y para que no existan  dudas, soy progresista y socio de infolibre.

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  • Pepe Luis Pepe Luis 11/10/20 16:13

    Buenas tardes, Munariz, Gracias por este y demás artículos , siempre debate de actualidad , con racionalidad, y libertad , por este camino saldra' una España socia y de conocimiento más justa , contando con todos de buena fe humana,salud.

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  • Isa. Isa. 11/10/20 12:22

    A estas alturas yo creo que podría funcionar una frase de la película Universal y Española por excelencia "Danos santos del cielo una visión global bastante aproximada".

    A votación si se imprime sobre tela negra, la frase en blanco. O sin tela para que no se diga, tiene tela.

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