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De brocha gorda

¡Aúpa, Trujillo!

  • Al descubrir la talla del escudo del Athletic en la Torre Julia de la Iglesia de Santa María, la opinión de los vecinos de Trujillo se dividió entre quienes contemplaron horrorizados la obra y quienes la encontraron divertida
  • ¿Son excentricidades, caprichos, aciertos o simples atropellos? En agosto, infoLibre recorre algunos de los anacronismos más sonados de las restauraciones del patrimonio histórico español

Eva Orúe | Sara Gutiérrez
Publicada el 20/08/2017 a las 06:00 Actualizada el 19/08/2017 a las 20:50
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Plaza Mayor de Trujillo (Cáceres).

Plaza Mayor de Trujillo (Cáceres).

Wikipedia
El 10 de septiembre de 2013, los lectores del diario Información de Alicante se desayunaron con esta noticia: "La estación del AVE, hincha del Athletic de Bilbao".

Imaginamos que, ante la imposibilidad física y metafísica de que una estación de ferrocarril sea hincha de nada, los leedores buscarían una explicación plausible en el texto. Y a fe que la hallaron: "En el corazón de la nueva terminal de la línea de alta velocidad Alicante-Madrid, alguien ha colocado, con el beneplácito del Ministerio de Fomento, un escudo del Athletic, icono de referencia de los bilbaínos, tanto si les gusta como si no les gusta el fútbol".

Explicada quedaba lo que podría parecer una excentricidad aislada. Pero no. Con ser llamativa, la ubicación del tal escudo no era la más insólita que pudiéramos encontrar. Sin duda, que el emblema del Athletic campee en la Torre Julia de la Iglesia de Santa María de Trujillo es mucho más chocante.
 



"El escudo fue tallado en piedra berroqueña por el cantero Antonio Serván, apodado El Rana, porque el Bilbao era su equipo de fútbol", nos explica José Antonio Ramos Rubio, cronista oficial de Trujillo. "Remató así la torre en la esquina contando con el beneplácito de Casares, constructor, y del entonces aparejador municipal Germán Petisco Claro. Ocurrió en el año 1972".
 


Para esa fecha, la torre acopiaba una larga ficha de restauraciones realizadas y fallidas; durante décadas había sido objeto de preocupación para los vecinos, porque arrastraba problemas derivados del terremoto de Lisboa de 1755 y no confiaban en su estabilidad, si bien la falta de fondos (y de voluntad) paralizó o desvirtuó más de una iniciativa. De hecho, ese mismo 1972, siendo alcalde Jacinto de Tapia, la subasta de la obra había quedado desierta. Un revés que molestó, pero no impidió.
 
«Paco [Francisco Casares], con la generosidad que siempre le caracterizó, dijo: “Tito (así llamaba familiarmente al alcalde) cómo vamos a permitir que Trujillo se quede sin esta torre con lo que hemos luchado por ella. Hagamos la obra nosotros.

»Jacinto comentó: “Paco, no estamos para hacer obras de caridad, La obra ha quedado desierta por algo”.

»Tomémoslo como propaganda para nuestras empresas, aunque sea una propaganda cara».

Así lo recuerda Petisco Claro en un texto firmado en junio de 2013 y publicado en la revista Comarca de Trujillo.
 
«Recuerdo que Antonio Serván Muñoz, cantero trujillano, más bien escultor trujillano, conocido por todos como El Rana me comentó al empezar la obra que le dijera qué esculpir en los distintos capiteles, a lo que le respondí que lo que él quisiera y en ese momento le vinera a la inspiración, con la única condición de no repetir el mismo motivo en dos capiteles, no por capricho mío sino porque el románico no lo permite (…) Cuando ya había esculpido 48 me volvió a peguntar: 'Germán, se me están acabando las ideas, ¿qué ponemos?' 'Insisto Antonio, es lo que tú quieras crear, así se hacía en el siglo XIII y así quiero que se haga'. Me dijo: Estoy haciendo en mi taller de la calle Romanos un escudo en piedra del Athletic, si adapto las medidas ¿lo podemos poner? Por supuesto, le contesté».

De la reacción de los vecinos al descubrir al intruso nada recuerda Ramos Rubio, si bien en el diario extremeño Hoy encontramos alguna pista: "Antonio Serván, su autor, ha contado que, al descubrirlo, los vecinos se dividieron entre quienes contemplaban horrorizados la obra y quienes la encontraban divertida. También que alguien denunció el asunto ante el Ministerio de Cultura, que mandó a un delegado a inspeccionar los trabajos. Según el cantero, cuando el hombre aquel visitó la torre y vio el escudo, ni se inmutó. Y cuando él le preguntó qué le parecía, le contestó: '¡Ah, está muy bien! Déjelo. Yo también soy del Athletic”.
 


En lo que respecta a la reacción del aparejador municipal encargado de vigilar el proceso, circula esta declaración: "La colocación de este escudo no es una barbaridad; es una forma de ponerle fecha a la rehabilitación de esta torre. Y si eso ha servido para que la gente conozca la historia de la torre, mucho mejor".

Sin embargo, esa desenvoltura se desvanece cuando hablamos con los expertos.

En opinión de Fernando Álvarez Prozorovich, director Master Restauración de Monumentos de la Universitat Politècnica de Catalunya, este tipo de actuaciones es una manera de "no comprender que la autenticidad expresiva o la distinguibilidad de las operaciones a realizar sobre un monumento no pueden pasar por acciones estridentes o violentas (no digo que no existan en la historia, pero no son la regla)". Y en la conversación evoca un vitral de Santa María del Mar dedicado al Barcelona. En efecto, el visitante atento puede admirar(se) cuando, en el interior de la llamada Catedral del Mar descubre un escudo del Barça.

El escudo fue colocado allí a finales de la década de los 60 del XX, cuando se decidió sustituir las vidrieras destruidas por el incendio que sufrió el templo al inicio de la guerra civil, el 17 de julio de 1936.

"A la empresa en la que yo trabajaba como 'artista' le encargaron varias vidrieras. Algunas se hicieron nuevas con mis diseños. Otras se restauraron. Para todo ello se contaba con el patrocinio de entidades o gremiosexplicó Pere Cànovas Aparicio, culé con carné. "A finales de los años 60 del pasado siglo le tocó el turno a esa vidriera. A través de la industria textil se contactó con Agustí Montal hijo y el resultado fue que el Barça donó 100.000 pesetas de la época". Como agradecimiento, asegura, se puso el escudo del Barça a la vidriera, del mismo modo que "en otras hay los escudos de otros patrocinadores".

No es la única aportación del mundo del deporte, la más reciente data de 1995, se colocó en un ventanal que estaba cegado y conmemora los Juegos Olímpicos de 1992; es obra de un maestro vidriero, el leonés afincado en Barcelona José Fernández Castrillo, y contiene una alegoría sobre el fuego olímpico.

En cualquier caso, Álvarez Prozorovich se consuela pensando que en estos dos casos, "la acción es reversible porque un cristal es fácil de quitar", en tanto que "cuando uno trabaja en piedra, la reversibilidad es más discutible".

Posdata

El 14 de septiembre de 2013, los lectores del diario Información de Alicante se desayunaron con esta noticia: "Adif tapa el escudo del Athletic apelando a su imparcialidad". Tres meses después de autorizar el emblema en la estación del AVE, Adif rectificó su criterio y comunicó que no debe permitirlo por ser una empresa pública.
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