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No debería ser noticia

Sólo cuando ha dejado el deporte profesional se ha decidido a contarlo. Campbell Johnstone, ex jugador de rugby, jugador de los míticos All Black, la selección de Nueva Zelanda, ha contado que es homosexual. Ha ocupado titulares, medios de todo el mundo han reproducido sus palabras, y la noticia es, precisamente, que… ¡esto siga siendo noticia a estas alturas! Es poco frecuente que un jugador de élite de un deporte tan masculinizado, tan estereotipado como éste, en el que juegan hombres fuertes y brutos, salga del armario. Es muy poco frecuente y, de hecho, los titulares que recogían la confesión de Campbell repetían prácticamente la misma idea: “Primer All Black que se declara homosexual”. ¿Y? ¿Cuántos primeros de tantos y tantos equipos, sectores, deportes, tienen que dar el paso para que esto deje de ser noticia?

Hace casi 18 años que Campbell vistió esa camiseta, la de los míticos All Black, los que bailan la haka antes de cada partido, y no ha sido hasta ahora cuando ha querido contarlo. ¿Por qué? Supongo que no es fácil, que tienes miedo a que la relación con tus compañeros cambie, que tus aficionados y la prensa dejen de ver sólo al jugador y vean también el símbolo. Pero si repasamos cuál ha sido la respuesta unánime, insisto, unánime, dentro del mundo del rugby, de su seleccionador, de la World Rugby, el organismo que gestiona los partidos internacionales, te das cuenta de que este asunto está superado. Que Campbell vivió un infierno lo ha contado él mismo, sin ninguna necesidad. Y que quizás, si lo hubiera contado antes, habría ayudado a más de un chico y chica a dar el paso. Se crean una serie de códigos absurdos en los que, en determinados ámbitos, es admitido y habitual encontrar personas homosexuales y, en cambio, en otros en los que se remarca constantemente esa virilidad o feminidad impuestas, esos moldes y estereotipos, resulta impensable que alguien hable abiertamente de su orientación sexual. Es absurdo, pero pasa.

Tenemos que dejar de sorprendernos por confesiones así. Para eso se necesita que muchos como Campbell abran ese camino. Que enseñen a otros que, como ha ocurrido con él, la reacción de quienes te aprecian, te valoran, te quieren, te admiran, es unánime

Dice Campbell que todo el mundo seguía el mismo camino: los jugadores de élite se casaban, tenían hijos, iban con ellos a los partidos y sus hijos acababan jugando también al rugby. Campbell pudo hacer todo eso también, sin necesidad de tener a una mujer al lado. Siendo fiel a sus sentimientos, a su sexualidad. Pero todo lo que rodeaba a ese mundo se lo impidió o, al menos, le bloqueó para no dar el paso. Campbell, para ser honestos, no ha sido el primer jugador de rugby que ha salido del armario. Lo hizo antes Keegan Hirst, y también uno de los árbitros más reconocidos en este deporte, pero todos lo hicieron cuando estaban terminando sus carreras profesionales. Cuando estaban a punto de colgar las botas. En todos los casos, la afición, sus equipos y su entorno, reaccionaron de la misma forma: aplaudiendo su valentía y brindándoles todo el apoyo. Enseñando el camino a muchos otros que todavía viven en ese conflicto eterno. 

Falta que muchos otros den ese paso para dejar de escribir sobre esto. Y falta que lo hagan muchas más mujeres para que dejemos de mirar el mundo con esas gafas con la montura ya hecha de fábrica. Hay que cambiar la montura y hay que cambiar la fábrica de la que salen. Tenemos que dejar de sorprendernos por confesiones así. Para eso se necesita que muchos como Campbell abran ese camino. Que enseñen a otros que, como ha ocurrido con él, la reacción de quienes te aprecian, te valoran, te quieren, te admiran, es unánime. De respeto absoluto y de aceptación. Habrá cafres, seguro, que digan alguna barbaridad, pero cada vez son menos. Y no hay mejor forma de callarlos que hablando sobre esto. Cuantos más mejor.

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