Aquí me cierro otra puerta

Vuelves a trabajar jodido y tienes razón

Quique Peinado nueva.

Cuando era pequeño era de esos niños que no se deprimían por volver al colegio después de las vacaciones de verano. No es que estuviera entusiasmado, pero ya las dos últimas semanas tenía ilusión por reencontrarme con mis compañeros, con (si había suerte ese año) estrenar una nueva mochila, incluso con algunas profesoras. Podría llegar a recordar ciertas ganas por aprender, por ver qué deparaba el nuevo curso. En cualquier caso, no era un drama que se acabaran las vacaciones y a algún año le sobraba una semana.

Cuando va pasando el tiempo, esa sensación se viene abajo, pero no tanto. Pienso ahora en lo que era volver a mi vida de universitario tras el verano y no le encuentro el drama a estudiar poco (hice Periodismo) y salir de miércoles a domingo y tener algo de dinero en el bolsillo porque ya trabajaba y daba poco gasto en casa. En ningún momento de la vida es tan dramático lo que llaman "la vida" como cuando eres adulto y trabajas.

Conozco a gente que dice que trabaja en lo que le gusta y que pena y llora al regresar. Por ejemplo, yo. La sensación de fin de verano, de regresar a lo que se supone que hemos elegido como rutina, es de un absoluto vacío. De vértigo, depresión y desesperanza. Podemos darle la pátina que queramos, podemos hablar de tu amigo José Luis que le encanta su curro, podemos decir que trabajas en lo que te gusta. Yo lo hago. Pero la realidad es que querría no hacerlo.

Posiblemente la concepción de un trabajo como lo que nos define, de ser lo que somos por lo que producimos, de que tu empleo "te realiza" o "dignifica", es una campaña sistemática y machacona del capital para que no asumamos que vender nuestra fuerza de trabajo es un drama que no queda más cojones que asumir. Mi horizonte de felicidad vendría de poder vivir sin trabajar. Y el de la mayoría de las personas, también.

Con un trabajo privilegiado como el mío y un modo de vida desahogado, mucha gente me abronca cuando digo esto. Lo voy a seguir haciendo. Porque creo que el querer avergonzarnos cuando decimos que no queremos vender 8 horas diarias de nuestras vidas por dinero es un hito muy conseguido de quien nos saca una plusvalía. Y manifestarlo es un paso (pequeño, sí) para hacer valer que quien nos da trabajo no nos está haciendo un favor.

Ahora volvemos de nuestras vacaciones y nos deprimimos. Lo hacemos porque no hemos elegido esto, porque es lo que hay, porque el horizonte que se nos presenta no es diferente. Tienes derecho a estar hecho mierda cuando regreses a currar. Dilo y pásalo como puedas. Pero que nadie nos convenza de que trabajar es un privilegio. Es lo que tenemos que hacer para pagarnos las vacaciones y todo es tan injusto que hay quien ni siquiera puede currar aunque quiera. Vuelves a trabajar jodida porque no es la vida que quieres. Que no quede otra no quiere decir que haya que asumirlo con una sonrisa.

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