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Desde la tramoya

Memorando imaginario al candidato Rajoy de un inexistente equipo de estrategia

1. Contigo tenemos un problema, pero sólo tú eres la solución

Eres el presidente peor valorado de la historia de España de manera sostenida. Tu índice de aprobación no pasó del 40%, y apenas supera ahora el 20, aunque se recupera ligeramente. Otros –Zapatero, Aznar– han estado también en tan bajas cotas, pero no han concitado un desagrado que durara tanto y despertara tan pronto. No es de extrañar, por tanto, que con la boca chica algunos hayan pedido que dejaras paso a otro. Pero eso, lo sabemos todos, habría sido una locura. Lo que tenemos que representar ahora –estabilidad– solo puedes contarlo tú. Haber puesto ahí a un jovencito habría sido lanzar el mensaje letalmente contrario. La apuesta está clara: ganar aunque sea por poco, obtener mayoría parlamentaria para gobernar y flotar en la ola agradable del cambio de ciclo económico, si Grecia y los especuladores lo permiten. Eres nuestro problema, pero nuestra única esperanza, por paradójico que resulte.

2. No hay tiempo, ni sitio en la agenda

A menos que haya acontecimientos inesperados que cambien los planes, no queda ya ni hueco para tema alguno, ni minuto sin ocupar.

El otoño se adelanta algo, a las dos semanas últimas de agosto –hemos respetado tus días de vacaciones, que todos sabemos que son sagrados–. Se debatirán los presupuestos, oportunidad que aprovecharás para hacer algunos regalos que, más que alegrar el bolsillo de algunos electores, demostrarán que cuando las cosas van bien, entonces sí podemos cumplir nuestro programa, y que nos marcharemos cumpliéndolo. Estamos estudiando la bajada del IVA cultural, la paga a los funcionarios, nuevas bajadas de impuestos...

Inmediatamente después, Cataluña ocupará todo el espacio: la Diada el 11 de septiembre, que se une a la campaña electoral, con el pretendido sufragio plebiscitario del 27. Y luego, todo el mes de octubre, los numeritos habituales del independentismo, que serán tan épicos como baldíos. Oportunidad también para que demuestres tu autoridad y tu flema y tu claridad con respecto al tema: unidad de España y respeto a la Ley. De nuevo, estabilidad. Poco importa a efectos electorales que Cataluña casi entera no te pueda ni ver, y que el problema se haya podrido en tus manos. Asumiendo su propio desafío separatista, Zapatero liquidó el Plan Ibarretxe, habló con ETA y terminó con ella, salvando todas las diferencias de contexto, protagonista y escenarios. Pero ese estilo buenista a nosotros nunca nos gustó. Tú tienes tu propio afán. No pasa nada: electoralmente nunca hemos dependido de Cataluña, por lo que no está mal haber puesto ahí a Albiol. Al menos agitará algo el tablero catalán, nos dará sorpresas y hablará claro.

Y ya: llegará la campaña electoral y si nada se tuerce, ganaremos, aunque sea por quince escaños. Alguien nos apoyará para tu investidura: Ciudadanos, Unió, quizá incluso Convergencia o el PNV, que contigo enfrente viven mejor.

3. Tu enemigo es un magma llamado "radicales".

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No es el PSOE, que te pisa ya los talones. Tu adversario en estas elecciones son "los radicales". Es la inestabilidad, la incertidumbre, la demolición de la economía, la inquietud. Tú representas la estabilidad en la economía, en el empleo y en la unidad de España. Punto. Ni más, ni menos. Olvídate, por supuesto, de todo lo demás: del aborto, de la corrupción, de la reforma de la Constitución, de la política exterior, inexistente. Olvídate de las eternas disputas sobre la educación o sobre el modelo económico... Seguir creando empleo es tu único motivo hasta las Elecciones.

Todos los demás, son radicales. El PSOE que apoya a Podemos. (Está bien esa subversión del orden, porque en realidad es Podemos quien apoya al PSOE, pero no hay que decirlo...). Las encuestas dicen que entre Pedro Sánchez y tú, la gente prefiere a Sánchez. Cuidado. Por eso es bueno situar al PSOE constantemente en el relato de la inestabilidad y el riesgo. Sí, efectivamente, campaña del miedo. No te cortes porque funciona.

Por supuesto, "radical" es Podemos, que ahora se pondrá la piel de oveja y tratará de ser un partido socialdemócrata. Pablo Iglesias, afortunadamente para nosotros, no se cortó la coleta antes de hacerse famoso, por lo que le resultará difícil simular sus limitaciones y ocultar sus orígenes. La gente no le ve como presidente y le sitúa en el espacio ampliado de Izquierda Unida, a la que se ha comido literalmente. Pero tú, mejor, no singularices a Podemos. Ellos y el PSOE son "los radicales". Sin más matices. La verdadera decisión en estas Elecciones es si gobiernas tú o gobierna Sánchez. Si la gente llega a pensar eso, podemos incluso perder. Es del todo imprescindible que, por el contrario, hagamos que la gente tenga que decidir entre la estabilidad –nosotros– o la inestabilidad –"los radicales"–. Esa es la cuestión, presidente.

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