Muy fan de...

Muy fan de... Julián Muñoz

Ay, Julián Felipe Muñoz Palomo, menos mal que reapareciste esta semana. Se hace tan larga la espera sin noticias para una fan tan fan como yo…

El viernes pasado todo estaba preparado para conocer la sentencia del Caso Malaya, los medios en alerta esperando el desenlace de una de las grandes series de malotes de nuestro país. Pero el capítulo final decepcionó, como el de “Perdidos”, tanto fantasma en ambos casos y tanta trama para tan poca pena en el vuestro… Seguro que más de un espectador gritó para sus adentros: “que nos devuelvan el dinero”. Ja.

Y ahí estabas tú, entre el elenco del sopranismo marbellí eclipsándolos a todos: con tu pelo corto –como tu mandato al frente de la alcaldía–; tus dientes deslumbrantes –que en asuntos de blanqueo no tienes rival–; y ese chaleco estilo vigilante de la ORA –evocando al recaudador que fuiste en los buenos tiempos–; muy grande, Julián.

Dice tu abogado que estás satisfecho con la condena. Como para no estarlo, te escapaste del gran embolao’ –uno de tantos en los que estás metido– con dos años, Julián, ¡con un par! No me extraña que estés contento, dos años y medio es lo que contaron que pedía un fiscal para un ciudadano acusado de robar rollos de papel higiénico en los aseos de un centro comercial de Vigo, para mear y no echar gota.

Soy fan de ti por muchas cosas. No sólo porque, de toda la pandilla basura, seas el más mediático –ya se sabe lo impresionables que somos los mortales con la fama ajena– soy fan, sobre todo, por tu inconmensurable humildad. Dicen que dices que tú sólo eras una marioneta en este gran teatro negro, que firmaste más de quinientos convenios urbanísticos sin saber qué estabas suscribiendo. Criaturita, acostumbrado a tomar nota de las frituras –como camarero de profesión que habías sido– no supiste detectar que alguien se lo estaba llevando crudo, pobre incauto. Al final resultó que Roca tenía un cerebro para los negocios y tú sólo un cuerpo para el delito, so sexy.

Pero no te vengas abajo, tú eres tú, el más grande, y nadie de ese variopinto plantel, puede restarte un ápice de tu fulgor:

– Ni Marisol Yagüe, la alcaldesa que al ser puesta bajo sospecha, gritaba: “¡Tengo las manos limpias!”, como un niño cuando espera el bocata de chorizo– embutido escogido al azar–. La detención le pilló enfajada en la post-liposucción, que ya es mala suerte.

– Ni su compañera de andanzas municipales, Isabel García Marcos, pesadilla de Gil, que después de pasarse noches y noches televisivas cruzando el Missisipi, y tal y tal, decidió quedarse en la orilla oscura. La detuvieron volviendo de su luna de miel, la autoridad no tiene corazón.

– Ni el diplomático y exquisito Pedro Román, conocido por su sonrisa, ni la conseguidora Corulla, ni el exfutbolista Reñones, ni el constructor Sandokán con su pelazo al viento. Ni siquiera el autor intelectual de este saqueo sin control al pueblo de Marbella, José Antonio Roca, ese que almacenaba arte de Miró en el cuarto de baño, prueba irrefutable de su sensibilidad artística; el que coleccionaba animales disecados, como símbolo cruel de lo que estaba haciendo con el pueblo marbellí, reseco de pagar impuestos para beneficio de los cazadores del dinero público.

A pesar de lo potente de este casting, tú eres el protagonista en mi corazón, y esta “penita” del pasado viernes, es sólo una más, tú todavía tienes grandes proyectos cinematográficos en marcha, “El caso Goldfinger”, por ejemplo, que investiga la recalificación de la parcela del terreno del Bond Connery.

Ni se te ocurra agobiarte porque algún que otro advenedizo, como Bárcenas, quiera arrebatarte tu puesto en el Olimpo, ya sabes que está todo el mundo queriendo apuntarse al carro de la fama y pronto estallará la burbuja del artisteo de la corrupción, y no hay firmamento para tanta estrella. O sí…

Estoy segura de que, en un futuro, volveremos a verte triunfar en algún plató de televisión, España es, de toda la vida, muy generosa con sus leyendas y tú lo eres: el Russel Crowe de Ávila que pasó de camarero a celebritie, enamorando a una ídem. Por mucho tiempo que pases a la sombra, siempre serás, Cachuli, el astro Rey.

Continuará…

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