Muros sin Fronteras

Los mercados no tienen sentimientos, pero sí miedo

Se escucha un inquietante runrún sobre la economía mundial. Los expertos se alinean en dos bandos: los muy pesimistas, que alertan del peligro de un crash, similar o mayor que el de 2008 porque los problemas siguen sin resolverse, y los que sostienen que aún estamos a tiempo de evitar una nueva catástrofe.

Los expertos aseguran que la culpa de la volatilidad la tienen la desaceleración del crecimiento en China, una economía atípica que se comportó de manera atípica durante la crisis, y la fuerte caída de los precios del petróleo además de otras materias primas. El problema de China es que todos sospechan de sus cifras oficiales; hay temor de que la situación sea peor de lo que reconocen. Se teme que crezca menos de lo esperado y que vuelva a devaluar su moneda.

Aun no tenemos un detonante, un Lehman Brothers que derribe de un puñetazo el castillo de naipes, pero sí unos cuantos candidatos. A los economistas también les preocupa el elevado endeudamiento de las empresas, sobre todo bancos con una excesiva exposición exterior y una elevada tasa de morosidad. Parece que no hemos aprendido demasiado de 2008. La mar de fondo es la desconfianza.

El temor se extiende a EEUU, no por las elecciones, sino por las dudas que hay sobre la política de tipos de interés de la Reserva Federal. Y a Europa, con unos tipos que estrangulan el negocio de los bancos.

La caída de las materias primas y del petróleo añade, según los expertos, riesgos en aquellos bancos que ya estaban especialmente expuestos. Las dificultades del Deutsche Bank tienen mucho que ver con esto, además, de su mala gestión.

El temor de los inversores ha empujado al alza los valores refugio, como el oro, que ha subido más del 6% en esta semana, y un 12% en 2016.

Esta web, London loves Business, amplía el problema a cinco causas: China, petróleo, divisas, cambio climático y que todo el mundo sabe qué va a pasar.

De estallar sería la tercera crisis consecutiva en ocho años: la financiera, la del euro y la que toque ahora, cuyo nombre está por decidir pero podría ser mundial. Al desacelerarse, China reduce sus compras de materias primas; a menor demanda, menos precio. Esta depreciación afecta de lleno a las economías emergentes como la brasileña. Es una cadena que afectará a toda América Latina.

El vaivén de las Bolsas ofrece motivos para la alarma, pero son solo el reflejo de esa desconfianza generalizada. Nadie cree que la economía mundial esté en el buen camino, que se haya superado la crisis y que el tibio crecimiento sea una señal de esperanza.

Del vamos a refundar el capitalismo prometido por Barack Obama y el G-20 nos hemos quedado en la refinanciación de los culpables del desastre de 2008 (vean los cuatro vídeos que cierran este texto) que han empobrecido a gran parte del planeta, pero no a todos, y que ha costado millones de puestos de trabajo. El libro de Joaquín Estefanía, Estos años bárbaros, da muchas pistas sobre lo ocurrido y ayuda a contextualizar.

Si el chiringuito está prendido por alfileres pero la mayoría de la gente prefiere ignorarlo, convencidos de que no caerá jamás (too big to fail), el sistema fluye sin excesivos problemas porque en el fondo no se compran y venden acciones, bonos, futuros, cereales o minerales, lo que se trafica es una mera especulación de cómo fluctuará la confianza. Si creemos que todo va bien, todo irá bien. Es la técnica del tiburón: nadar sin parar porque no sabe flotar.

Por si tienen dudas de cómo funciona, vean La gran apuesta.

Este video pertenece a la primera crisis, la de las hipotecas subprime en Estados Unidos, pero sigue siendo la mejor explicación de cómo funciona el mercado (así se le llama cuando va bien; casino cuando va mal). Es la conversación entre los humoristas John Bird y John Fortune.

En España estamos más atentos al debate político nacional que al tsunami que se está preparando lejos de nuestras costas y que nos puede barrer. La economía española no es el éxito deslumbrante que vende Mariano Rajoy, pese que tiene logros macroeconómicos. Ha crecido el PIB gracias al turismo, los recortes y a la combinación de factores externos favorables: el precio del petróleo, una deuda barata y las ayudas del BCE. El coste social ha sido muy alto: más del 34% de la población ha quedado fuera de juego, son los sescientoeuristas.

Para los amantes de los gráficos: The Economy In Pictures: We've Seen This All Before en el blog Zero Hedge.

Existen indicadores que miden la confianza del inversor. Una muestra son las órdenes de venta en relación con las de compra (recordemos el vídeo de los John: "sell, sell, sell", o "buy, buy, buy"). Se llama Put-Call Ratio. Está también el Bull-Bear Ratio, es decir si estamos ante un mercado alcista (bull, el toro) o bajista (bear, el oso).

Este tipo de indicadores sirven de guía para los inversores; cuando se llega a un pesimismo extremo puede ser el momento idóneo de empezar a comprar a la baja para ganar en la subida. Sucede al contrario, cuando los inversores huelen que el optimismo extremo llega a su fin (cuando la música va a dejar de sonar), hay que vender para salvarse de la quema. Los expertos dicen que ambos ratios están hoy en un nivel de gran pesimismo, pero no de pesimismo extremo. Es decir: aún puede ir peor.

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