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¡Qué viejos están los de 'Friends'!

Raquel Martos nueva.

El encuentro de los protagonistas de la serie Friends, 17 años después de que se emitiera el último capítulo, ha desempolvado la nostalgia.

La nostalgia es el sentimiento agridulce que te lleva a añorar lo que no puedes recuperar. A añorar y a añorarte, porque empiezas por echarte de menos a ti misma: ya no eres así, no estás donde estabas, no tienes lo que tenías, se fueron personas a las que amabas…Y caes en esa trampa contra la que luchaba Karina: “cualquier tiempo pasado nos parece mejor…” “cualquier tiempo pasado nos parece mejor…”

Porque el punto dulce de la nostalgia es un pretérito visto a través de la media que ponemos en nuestra cámara grabadora de recuerdos. Una suerte de filtro de Instagram para embellecer, falseando un poco —a veces mucho— ese ‘antes’ que extrañamos.

Pero Friends: The Reunion no ha activado solo la nostalgia, también ha despertado a los vampiros del edadismo. Han salido del sarcófago en el que deben de dormir esas almas inmortales que no cumplen años, esos seres eternamente jóvenes, como los que dibujó Anne Rice.

Son los que critican que el tiempo pase —para otros— y ridiculizan, devalúan y hasta invalidan las opiniones que vienen de ellos. Tienen una tendencia incontrolable a aborrecer la presencia en el mundo de los que han cometido el delito imperdonable de envejecer.

Esta semana, el escritor Roberto López-Herrero publicaba un hilo de reflexiones muy certero que comenzaba rotundo:

Estoy con Roberto, ojalá mi hermana pudiera ser una anciana algún día, no lo será. Ojalá mi hermana con botox, hialurónico, labios de colchoneta o peluca, pero no, ella no estará.

Recomiendo leer de principio a fin su fantástico hilo —no en el sentido del género literario, que el autor domina con maestría y talentosa fantasía, sino en el de “excelente”—, porque lo que dice Roberto es del todo realista y tristísimo.

Nos llenamos la boca hablando de nuestros abuelitos y abuelitas adoradas, pero si un famoso comete el desacato de cumplir ‘años de más’, está que da asco verlo, chochea, debería callarse, esfumarse, desaparecer… La edad como defecto, como tara, la vejez como motivo para la cancelación.

Envejecer no está bien visto, hay que evitarlo a toda costa, y si luchas contra su apariencia en un quirófano o en una clínica de estética, mal también. Y ya, si eres mujer, debería fulminarte un rayo justo cuando estás soplando las velas de los ¿35?.

Tenía yo 23 años, allá por el siglo veinte y hacía un programa de radio en una emisora local llena de gente algo más joven que yo. Uno de ellos, al conocer mi edad —repito, 23— me dijo entre risas: “no te preocupes, de gallina vieja se hace buen caldo”. ¿Cómo se le puede explicar a un o una edadista que lo malo no es envejecer sino ser gilipollas?edadista

Escribo esto sin haber visto Friends: The Reunion. No sé si al hacerlo me atrapará el síndrome de la nostalgia y me pondré a aporrear el baúl de los recuerdos entre sonrisas y lágrimas. No sé si pensaré aquello de “ha envejecido mal”, la serie, quiero decir, el guión, las tramas, los gags, eso sí me interesa como espectadora y como guionista.

No sé escribir lo que siento

No sé escribir lo que siento

Pero ojalá no caiga en la tentación de hacerme hater de mis friendshaterfriends porque han tenido la desfachatez de vivir y cumplir 17 años más, los mismos que yo, los mismos que todos, incluso los que bufan dentro de su sarcófago.

Por cierto, de todos los personajes que dibujó Anne Rice para su novela Entrevista con el vampiro, Claudia, eternamente niña, fue para mí lo más terrorífico, triste y desolador de esa novela…

NOTA DE LA AUTORA: La última novela de Roberto López-Herrero es “N Mundos” (Esfera libros).

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