Caníbales

Padres e hijos

Hace dos o tres vidas y media yo sólo leía tebeos y novelas. Hace dos o tres vidas, yo era como ahora. Sólo que… sólo que en mi vida se cruzó un ensayo, La tentación de la inocencia, justo al tiempo en que mi psicoanalista me hablaba de lo frágiles que éramos los fuertes y lo fuertes (y manipuladores) que eran esos débiles a los que todo el mundo arropa y compadece.

Así, a lo tonto, descubrí que era el autor de Luna amarga (novela en la que Polanski basó Lunas de hiel) y que un ensayista brillante podía ser, también, un novelista inquietante. Descubrí que no sabía nada, básicamente, y que todo lo que yo no sabía alguien lo había descubierto y me lo podía explicar.

Desde entonces todo lo que hace Pascal Bruckner me parece una genialidad. Y todo lo que dice me resulta imprescindible.

Por eso, en una tarde de espera y calor, en medio de un día con muchas ganas de ser (y parecer) débil, compré un libro suyo del que no sabía nada y que contaba su propia historia, de la que sabía menos.

Y encima en una edición de Impedimenta, de ésas que despiertan los instintos cleptómanos y posesivos; es verdad, también, que Pascal Bruckner siempre es honesto y siempre es inteligente.

Resulta que el tipo tuvo un padre despreciable. Despreciable sin excusas, sin paliativos, sin atenuantes. Y resulta que lo cuenta y uno (yo, que parezco fuerte y mi única fuerza es ser hija de un gran padre) tengo muchas cosas que aprender de su libro.

Es muy brillante este tío. De verdad. Es brillante hasta en el retrato de la crueldad. Y lo explica:

“Sólo torturamos bien a los que nos aman”.

Pero hasta de la crueldad se sale. A patadas, a lecturas, a trompicones. Como sea.

“Sólo tengo una certidumbre: mi padre me permitió pensar mejor pensando contra él. Yo soy su derrota: ése es el regalo más hermoso que me hizo”.

Hace ya dos o tres vidas que me enamoré de este autor y de su inteligencia leyendo y esta madrugada he cerrado el libro y me he sorprendido diciendo en alto: “Joder. Qué bestia. Qué brillante”. Justo hoy, justo cuando he discutido con mi padre porque él me ve niña y yo me sé sola.

P.D.: También dice Pascal Bruckner algo esencial: “Los libros me han salvado. De la desesperación, de la estupidez, de la cobardía, del tedio”. Yo escribo esto con la única esperanza de que algún lector encuentre su libro y se deje salvar.

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