Qué ven mis ojos

Esta España herida y unida

"Esa gente que vuelve a tu vida como una enfermedad mal curada"

Cuando todo esto acabe el mundo será otro, pero algunos seguirán siendo los mismos. Ahora el miedo calla bocas y limpia opiniones, las cifras del drama nos dejan sin palabras y han vuelto papel mojado los discursos. Está prohibido abrazarse y no conviene darse empujones sino empujar todos en la misma dirección: unidos venceremos. Lo que empezó y está acabando en China demuestra que hay un mañana, pero no servirá de mucho si esta lección terrible no nos ha enseñado que el futuro será mejor si no todo vuelve a ser lo que era. Hay que cambiar y habrá que recordar, para que no vuelva a pillarnos el golpe con la guardia baja, que el enemigo es quien cierra nuestros hospitales, quien reduce el personal sanitario, quita sanatorios, recorta el presupuesto dedicado a la investigación... El neoliberalismo, esa dictadura a distancia que ha hipnotizado a tantas personas y las ha engañado con su versión posmoderna del timo de la estampita y su principio único, ese que dice que lo único que importa es el dinero. Hoy vemos muy claro que no, pero pronto habrá quien lo olvide. Y quien vuelva a sonreír de lado cuando le hables de solidaridad, de nacionalizaciones, de la economía sostenible, la justicia equitativa o el estado del bienestar.

Volverán a reír cuando digas que el ministerio más importante de la democracia es la Sanidad, porque es el más humano. Volverán a burlarse del profesorado de los centros públicos, al que una presidenta de la Comunidad de Madrid colgó el papel de vagos. Volverán a justificar los recortes y la falta de inversiones en el terreno científico. Y también a defender los sueldos multimillonarios de los directivos de las compañías energéticas que debieran ser estatales y, sin embargo, son una mina de oro privada que hace ricos a unos pocos y deja sin luz, sin calor, sin agua o sin hogar a muchos. Cuando vuelvas a sostener en una tertulia que no puede ser que en la misma hidroeléctrica que deja a oscuras o pasando frío a los jubilados con pensiones exiguas, su presidente cobre cuarenta y cinco mil euros al día, te mirarán condescendientemente. Y harán lo mismo cuando preguntes por qué en un país al que venían y volverán a venir casi cien millones de turistas al año no es pública una empresa como Iberia. ¿Acaso no es un servicio público, como el que dan los trenes o el Metro? ¿No es el eslabón principal de una cadena de la que viven los hoteles, los restaurantes, las agencias de viajes y demás? ¿No fue siempre, y lo sería aún más en estos tiempos, un negocio muy rentable para las arcas públicas? Claro que ahí pasa lo mismo, hacen despidos de casi cuatro mil empleados y los jefes se ponen sueldos de veinticinco mil euros diarios. En Gran Bretaña ya se preparan para nacionalizar por las buenas o por las malas British Airways, la socia de la firma española en la multinacional IAG. ¿Aún se oyen risas al fondo?

Es un ejemplo entre muchos posibles y que responde por sí mismo a la pregunta que llevaba a tantos analistas, politólogos y tertulianos a morirse de la risa cada vez que se les ponía un micrófono delante: ¿cómo es posible que aquello que constituye un bien público esté en manos privadas?¿Cómo se han transformado los derechos de todas y todos en el negocio de algunos? Los más agresivos te llamaban comunista y los más benévolos te llamaban jipi. Y casi todos sonreían. Lo bello es el comienzo de lo terrible, venía a decir el poeta Rainer Maria Rilke, pero la realidad es circular y eso significa que esa frase al final termina dando la vuelta para decir lo contrario, para hacer que cuando la tragedia acabe y vuelva a abrirse el telón la obra sea de nuevo una comedia. ¿Habremos aprendido? Ojalá sea así y a partir de ese momento seamos distintos, podamos confrontar saludablemente nuestras ideas, defender cada cual las suyas con pasión y libertad pero dejando al margen de las discusiones políticas y los intereses del mercado cuando se habla de las cosas básicas, empezando por la sanidad y la educación. infoLibre ha abierto la campaña #QuieroSumar, y tanto la voluntad de la primera palabra como el optimismo de la segunda expresan los deseos de la mayoría, ha abierto la campaña #QuieroSumaral menos en estos instantes de zozobra: ser positivos, remar juntos hacia el puerto, no olvidar nunca esta España solidaria y responsable que se enfrenta a la maldita pandemia, que sale a los balcones a aplaudir a las heroínas y héroes de los hospitales. Podrían aplaudir a más si no estuviese inexplicablemente cerrado en Madrid el antiguo Puerta de Hierro; si en los hospitales concesionados del Tajo (Aranjuez), del Sureste (Arganda), del Henares (Coslada), de Majadahonda, del Infanta Cristina (Parla), del Infanta Sofía (San Sebastián de los Reyes) y del Infanta Leonor (Vallecas) no siguieran inhabilitados módulos con capacidad para más de 600 camas; si no se les hubieran robado a esos mismos centros, según acaba de sancionar la Audiencia Nacional, la cantidad de 1,88 millones de euros, que ahora servirían para salvar tantas vidas. Podríamos aplaudir a muchos más y tener que llorar a muchos menos, en resumen, si a los sanatorios de Madrid, donde está el epicentro de la pandemia, no se les hubiesen restado dos mil novecientas noventa y seis camas.

Ahora derramamos lágrimas juntos y eso nos hace más fuertes. Ahora lo comprendemos todo y nadie se ríe del dolor de los demás. Que no se nos olvide, por favor, que no se nos olvide. Esta España herida y unida es un tesoro que debemos conservar.

Ahora que ya sabemos lo que vale un abrazo

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