Buzón de voz

La regeneración de Rajoy

La regeneración que Mariano Rajoy quiere para España es de tal magnitud, complejidad y ambición que el paquete de medidas en que se basa ya ha sido anunciado diez veces desde febrero de 2013 por el presidente del Gobierno. Lo de Joaquín Costa, los noventayochistas, Giner de los Ríos o José Ortega y Gasset va a quedarse en un manual de instrucciones de Ikea en comparación con la profundidad y el detalle del macroplán regenerador que Rajoy acaba de volver a anunciar y cuyo debate en el Congreso ha aplazado (otra vez) para septiembre.

La primera ocasión en que Rajoy vio la luz del bautizado después como Plan de Regeneración Democrática parece ser que fue al hojear en El País los llamados ‘papeles de Bárcenas’, porque un par de días más tarde (2 de febrero de 2013) se comprometió (desde una pantalla de plasma y sin admitir preguntas) a investigar el asunto con “absoluta transparencia”. Dos semanas después acudió a su primer debate sobre el Estado de la nación con un paquete de medidas anticorrupción y de control sobre la actividad económico-financiera de los partidos políticos.

Dicho y ¿hecho? La coordinación del Plan fue encargada a la misma persona que coordina todos los demás supuestos planes de Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría, que convocó en Moncloa una “reunión de trabajo” en marzo y otra en septiembre. Pocas reuniones parecen cuando se dijo que ese paquete de medidas afectaría a leyes orgánicas como la que regula la financiación de partidos políticos, la del Tribunal de Cuentas, la de la Función Pública, la de Contratos del Sector Público, la del Poder Judicial y el Código Penal, entre otras.

Cuatro días antes del debate sobre el Estado de la nación de este año de dios de 2014, el Consejo de Ministros aprobó como proyecto de ley más o menos lo mismo que se había anunciado un año antes y, por si el Congreso de los Diputados (y el resto de los españoles) hubiese padecido un extraño ataque colectivo de sordera, Rajoy volvió a presentar y leer su “compromiso en materia de transparencia y de regeneración”.

La semana pasada, Rajoy sorprendió al respetable con un nuevo hallazgo que añadir a las más de cuarenta medidas ‘regeneradoras’ pendientes de discutir en el Congreso, y se manifestó ante el Comité Ejecutivo Nacional del PP como partidario de estudiar la reducción del número de aforados en España y de plantear la elección directa de alcaldes.

credibilidad o falta de ganas

Podría argumentarse que la primera cualidad necesaria para pilotar un proceso regenerador es la credibilidad, y que un presidente que enviaba SMS dando ánimos a Bárcenas dos días después de descubrirse sus cuentas millonarias en Suiza tiene el mismo crédito al hablar de corrupción o transparencia que el que pueda tener Belén Esteban hablando de física cuántica. De hecho, la única dimisión que ha recibido Rajoy en su mandato ha sido nada menos que la del rey Juan Carlos. Como presidente de un partido sobre el que varios autos judiciales ya han establecido que se ha financiado irregularmente durante décadas, que pagaba a sus dirigentes sobresueldos en efectivo y por cuyas sedes circulaba dinero negro como cosa boba, Rajoy no se siente políticamente responsable. Ni siquiera se considera en la obligación de explicar por qué algunos de los sueldos más altos del PP entre 2009 y 2012 se pagaban a implicados o salpicados por el ‘caso Gürtel’, sin responsabilidades concretas en el partido tras descubrirse la trama.

Sin embargo, empiezan a acumularse indicios de que el mayor problema de Rajoy para encabezar esa regeneración democrática (que piden a gritos o en silencio desde 2011 la inmensa mayoría de los ciudadanos) no es de credibilidad sino de falta de ganas. Vamos, que no tiene mayor interés en tal regeneración.

Porque si de verdad tuviera interés, más allá de ese problema de credibilidad, no daría pasos exactamente en el sentido contrario del que reclaman no sólo la ciudadanía sino también el sentido común y el común de los analistas, observadores y expertos. Sólo un par de ejemplos, referidos a dos de los problemas más agudos que afronta España al margen de la crisis económica y su gestión.

1) Ante el clamor que desde el 15-M hasta las elecciones europeas del pasado mayo exige mejorar los cauces de participación democrática y la representación, Rajoy lo que plantea es la elección directa de alcaldes, y en principio a una sola vuelta. Es decir que cuando más urgente es abordar una reforma electoral (por otra parte reclamada mucho antes por Izquierda Unida o UPyD) para dar mayor proporcionalidad al voto de los partidos, el presidente considera, sin consultarlo con nadie, que lo más conveniente para regenerar la política es que gobierne en cada municipio la lista más votada. Justo lo contrario del respeto a las minorías que defiende la Constitución.

2) Ante el riesgo cada día más alto de que el proceso soberanista catalán acabe en el llamado “choque de trenes”, Rajoy sigue instalado en el “no” a todo lo que no quepa en la Constitución, que es precisamente donde no caben las aspiraciones de autogobierno de una mayoría parlamentaria (y no se sabe si ciudadana) de Cataluña. Escribía hace unos días Josep Ramoneda que “si Rajoy quisiera regenerar (…) debería atender una sugerencia que circula estos días por medios políticos y económicos”, y que consistiría en “anticipar las elecciones generales a febrero o marzo del año próximo, orientando la convocatoria hacia una reforma institucional, Constitución incluida”. Sostiene Ramoneda que esa iniciativa “rompería el inmovilismo en el que se ha parapetado la crisis del régimen”, pero conviene no olvidar que si ese adelanto electoral diera como resultado un Congreso muy fragmentado, los ilustres defensores de la gran coalición PSOE-PP (Felipe González, Juan Luis Cebrián, banqueros y grandes empresarios) intentarían justificar que eso es precisamente “lo que España necesita”. Justo lo contrario de lo que significa “regeneración democrática”, como se demostró ya por estas mismas fechas del siglo pasado.

Sorber y soplar

Si Rajoy quisiera la regeneración, podría demostrarlo de muchas formas sin adelantar elecciones. En lo que se refiere a Cataluña, por ejemplo, podría leer y escuchar con atención a Eliseo Aja, catedrático de Derecho Constitucional que acaba de reeditar actualizado su libro Estado autonómico y reforma federal, donde explica con rigor y sin sectarismos la opción de un Estado federal y plurinacional, integrador, al que se podría llegar abordando una reforma de la Constitución “desde la lealtad institucional”, como explicaba el propio Aja este lunes en el acto de presentación celebrado en Madrid de la mano de la Fundación Alternativas. ¿Un primer paso? La convocatoria de una comisión formada por políticos de los distintos partidos y también de las comunidades autónomas, y expertos en las materias que se aborden. Alemania lleva más de 50 reformas constitucionales desde la creación de la República Federal. En noviembre de 2003 se formó la llamada ‘Comisión del Bundestag y el Bundesrat para la modernización del orden federal’, en la que participaron 16 representantes de los Länder y otros 16 de los grupos parlamentarios estatales como miembros de pleno derecho, así como 12 expertos con voz pero sin voto que asistían a las reuniones para informar de los asuntos de su conocimiento. Por cierto, los debates eran públicos y todas las intervenciones grabadas y transcritas de forma transparente. En diciembre de 2004 esa comisión llegó a sus conclusiones sobre la reforma federal.

Lleva el PP 18 meses anunciando su Plan de Regeneración Democrática mientras sigue gobernando a golpe de decreto ley. Regenerar (“dar nuevo ser a algo que degeneró, restablecerlo o mejorarlo”, según la RAE) desde el inmovilismo es como pretender sorber y soplar a la vez. En eso anda Rajoy.

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