Izquierda fallera: con Irene Montero hasta el fin del mundo Jordi Gracia
Las izquierdas nos alegramos con cualquier cosa: en seguida ponemos la cuarta, quinta o sexta marcha, a poco que nos den pista y un poco de alegría, esperanza, expectativa. Eso se parece mucho a lo que propició Rufián en su diálogo tuitero con Emilio Delgado: a la virtud de agitar la discusión sobre los liderazgos y ambiciones de la izquierda (cargada de razones) se le unió después la confusión extendida sobre lo que proponía exactamente: ¿era una alianza de izquierdas, incluidas las nacionalistas, para un frente común? ¿Era solo una alianza de las izquierdas nacionalistas catalana, vasca y gallega, como si el votante de la izquierda catalana, vasca o gallega obviase las fuertes distancias con el independentismo? No es fácil saber el qué, y de hecho Rufián se empeñó en matizar y corregir para que todo siguiese igual y sin saber exactamente de qué hablamos.
Las contraindicaciones son bastante obvias porque no es fácil imaginar a un votante de Comuns poniendo el voto para una candidatura de unidad con ERC para las generales, y presumiblemente encabezada por Rufián: la mitad del electorado de Comuns (y la mitad del electorado de ERC) se quedaría en casa por incapacidad congénita de ceder su voto a una opción contra natura y contraintuitiva. La motivación de garantizar un gobierno de coalición de izquierdas quedaría demolida de inicio porque ese votante catalán, o vasco o gallego es indispensable para que salgan los números pero se inhibiría porque estaría a la vez fortaleciendo a los independentismos.
Será la suspicacia profesional, pero tiene toda la pinta ese acto de Barcelona de querer cumplir con el diagnóstico de Maíllo y hacer buena su convicción de que el liderazgo que no se ocupa, te lo ocupan
Pero las cosas han empeorado. El anuncio del acto conjunto del 9 de abril, esta vez en Barcelona, entre Irene Montero y Gabriel Rufián está en otra órbita y las declaraciones que han hecho, tanto Rufián como Montero, solo pueden entenderse en el contexto del debate sobre el liderazgo y articulación de la izquierda hoy cobijada en Sumar, tras la renuncia valiente de Yolanda Díaz a ser la líder del espacio, sin abandonarlo. Será la suspicacia profesional, pero tiene toda la pinta ese acto de Barcelona de querer cumplir con el diagnóstico de Maíllo y hacer buena su convicción de que el liderazgo que no se ocupa, te lo ocupan.
Ahora bien, para garantizar una nueva autoestima y nuevas certezas, como dice Irene Montero, ¿lo lógico es asociarse con un partido que abandonó el grupo parlamentario a los pocos meses de empezar la legislatura y ha saboteado por activa y por pasiva buena parte de las políticas progresistas y de izquierda que ha impulsado el Gobierno de coalición? No es extraño que las redes se hayan poblado de recelosos legítimos y sensatos que adivinan aquí un movimiento de sabotaje a una posible candidatura pactada y respaldada por los partidos que hoy aglutina Sumar. Entre ellos no están ni Rufián ni Irene Montero, y en particular la segunda ha sido un látigo verbal incesante, como lo ha sido Ione Belarra, contra ejes clave de la acción de gobierno (también con iniciativas impulsadas por Sumar). ¿De esa alianza Podemos/ERC ha de salir el relanzamiento de la izquierda a la izquierda del PSOE o más bien se cuece en esa iniciativa la garantía de fracaso seguro en las próximas generales? Ir con tres espacios a la izquierda (PSOE, lo que acabe siendo Sumar y Podemos) conduce irremediablemente a la ruina electoral: si Irene Montero lo sabe y Rufián lo sabe también, el sentido de la iniciativa se me escapa, quizá por falta de romanticismo. Es verdad que perder el Gobierno de coalición en unas próximas generales puede ser la vía para ganar por otros medios y en otros ámbitos. Pero no es eso exactamente lo que espera el electorado de las izquierdas: el millón y medio de votos que necesita recuperar la izquierda a la izquierda del PSOE no converge con resolver el futuro político de un diputado camaleónico ni con fomentar el resistencialismo interesado de un Podemos en la oposición, que es donde hoy está, y no parece querer cambiar de sitio.
______________________________
Jordi Gracia es filólogo, catedrático de Literatura Española en la Universidad de Barcelona, ensayista y codirector de TintaLibre.
Lo más...
Lo más...
LeídoEl legado feminista de Almudena Grandes, un recuerdo eterno en forma de moneda por el 8M
Sabela Rodríguez ÁlvarezIrene Montero hace equipo con Rufián con un acto en Barcelona para “dar certezas a la izquierda”
Marta Monforte JaénEl Estado es condenado por denegar la nacionalidad a una mujer que colaboró con el 'caso Carioca'
David Reinero (Praza.gal)‘Amarga Navidad’, magnífico regreso de Almodóvar a la senda confesional de ‘Dolor y gloria’
Alberto CoronaTu cita diaria con el periodismo que importa. Un avance exclusivo de las informaciones y opiniones que marcarán la agenda del día, seleccionado por la dirección de infoLibre.
Quiero recibirla¡Hola, !
Gracias por sumarte. Ahora formas parte de la comunidad de infoLibre que hace posible un periodismo de investigación riguroso y honesto.
En tu perfil puedes elegir qué boletines recibir, modificar tus datos personales y tu cuota.